lunes, 8 de octubre de 2012

BOLIVIA: 30 años de Democracia en constante evolución...





La democracia boliviana cumple 30 años ininterrumpidos como sistema vigente, sin embargo, ésta no es estática, pues ahora se pretende combinar la democracia representativa con sus formas participativa y comunitaria.

ANIMAL POLÍTICO / 07 de octubre de 2012

Es de suponer que las democracias no pueden ser iguales en distintos momentos del tiempo y ni siquiera en periodos contemporáneos entre sí. De este modo, es posible decir que, en los últimos 30 años, la democracia que se vive en Bolivia, si bien ininterrumpida, no fue estática, sino que fue evolucionando y continúa haciéndolo.

En efecto, los analistas Gonzalo Rojas Ortuste y Reymi Ferreira coinciden en que el más notorio de los cambios experimentados por la democracia boliviana es la transformación de su modalidad más republicana a una nueva aún en desarrollo; es decir, la combinación (aún inconclusa, aunque ya constitucionalizada) de la democracia representativa a la participativa.

El 10 de octubre de 1982 asumió la presidencia de la República Hernán Siles Zuazo —de la coalición Unidad Democrática y Popular (UDP)— y configuró el primer Gobierno que inauguró la democracia moderna. En 1964, René Barrientos Ortuño inició 18 años de gobiernos de facto, interrumpidos por eventuales administraciones de transición que terminaban siendo “golpeadas” hasta la fecha mencionada. El miércoles, la democracia cumplirá 30 años de vida. El último régimen militar fue el dirigido por Luis García Meza en 1981. Se entregó el Gobierno a Guido Vildoso para que sea la transición a la democracia en 1982. Se validaron la elecciones de 1980, que le daban la victoria de mayoría relativa a Siles Zuazo (38,74%), con lo que el primer presidente de la democracia moderna fue débil.

Ferreira es tajante en su opinión  respecto de la evolución del sistema de gobierno democrático, pues no habla de una de coordinación entre las modalidades mencionadas arriba, sino de una transformación y paso de una hacia la otra. “Han existido avances importantes en la democracia. El más importante fue transformar la democracia representativa en otra participativa”, dice.

En su criterio, la distancia entre la participación de la población civil antes y ahora es más que considerable. Dice que “el inicio de ese proceso fue en 1994 con la Ley de Participación Popular”, aunque añade que la democracia participativa se consolidó con la nueva Constitución Política del Estado (CPE), “que garantiza la participación ciudadana en diferentes niveles”, por ejemplo, el control social, y con leyes posteriores como la Ley Marco de Autonomías Andrés Ibáñez.

Rojas, por su parte, rescata las nuevas formas de democracia reconocidas en la CPE (participativa, representativa y comunitaria). “El mérito de este cambio institucional es que las nuevas modalidades no anulan a la representativa, que antes era la prevalente. El concepto que operativiza esta relación es la democracia intercultural, que es un calificativo adecuado para la articulación”.

El cambio para que la democracia boliviana (basada en el liberalismo republicano) dé un giro y se constitucionalice la democracia intercultural ocurrió en 2006, cuando se instaló en Sucre la Asamblea Constituyente y se refundó el Estado a través de una nueva Constitución.

A pesar de que Rojas encuentra estos aspectos positivos, también considera que las concreciones de estas manifestaciones son “bastante reducidas”; es decir, “los referendos que hubo como grandes ejercicios electorales que evitaron que la crisis amenace a la democracia” —afirma al referirse al referendo por el gas en 2004 y los posteriores realizados por Evo Morales— “permitieron sostener el régimen de igualdad que predica la democracia moderna”.

Si bien está constitucionalizada esa forma de la democracia, en contraste, el jesuita y sociólogo Xavier Albó considera que “ésta sigue siendo muy poco participativa. Siempre hay unos que tienen más fuerza que otros”. Cita como ejemplo el Acuerdo Patriótico (entre el Movimiento de Izquierda Revolucionario y Acción Democrática Nacionalista, como sus miembros más importantes) que de alguna manera era una especie de pacto en que se intentaron “turnar” en el poder, sin embargo, “fracasó precisamente por la falta de participación; eran unos pocos los que decidían”.

Hugo Moldiz, coordinador político de la Fundación para la Democracia Multipartidaria, dice que actualmente es “el pueblo el que decide y participa”, aunque es consciente al aceptar que la democracia también es “una forma de dominación”. Una “lectura de la relación entre mayorías y minorías implica que hay una correlación de fuerzas”.

Considera que la recuperación de la democracia, después de las dictaduras, no fue concretada para el pueblo, sino para una clase política. Se la ejerció en ese sentido por más de 20 años, hasta que el bloque indígena campesino y popular tomó el poder de manera democrática en 2006, “el cual también ejerce una relación de dominio con la clase que ha sido desplazada del poder. Sin embargo, se están generando condiciones de igualación que nunca antes se habían dado en el país, como la participación de la mujer, de los indígenas y de los que antes sólo votaban”.

Las manifestaciones de la democracia participativa, de acuerdo con la CPE, son el referendo, la iniciativa legislativa ciudadana, la revocatoria de mandato, la asamblea, el cabildo y la consulta previa. Las expresiones de la democracia comunitaria, también constitucionalizadas, son la elección, designación o nominación de autoridades y representantes por normas y procedimientos propios de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, entre otros. A estas modalidades, Moldiz añade las “cumbres” que “son mecanismos que amplían la representación de la democracia”.

Deficiencias. Hasta aquí se expresaron críticamente los avances de la evolución de la democracia; sin embargo, quedan retos y cuestionamientos que expresan los analistas consultados.Por ejemplo, Rojas cree que la desaparición de cualquier oposición visible al actual Gobierno ha hecho que “la tentación autoritaria reaparezca”. “Como en todos los momentos de mayorías democráticas de nuestra historia, no hay respeto a la disidencia; me refiero por ejemplo a los años 50”.

Por otro lado, menciona que tampoco es bueno que el presidente Evo Morales sea el máximo dirigente de las seis Federaciones del Trópico de cocaleros de Cochabamba, ni que sea el jefe de su partido (aunque en su reciente congreso, la organización consideró que Morales es un dirigente “simbólico”). “En estos 30 años, todos los presidentes electos, se despojaron de la jefatura de sus partidos durante sus gestiones gubernamentales. Eso muestra que hay mucho por avanzar”, afirma.

Albó cuestiona que durante esta nueva democracia intercultural se estén olvidando los sueños con los que el MAS ascendió al poder, resumidos en el discurso del proceso de cambio, como, por ejemplo, la inclusión de los pueblos indígenas, lo cual “ha sido cuestionado con el caso de la carretera por el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure”.

Si bien es común oír comentarios que aseguran que no existe democracia en Bolivia o que con el proyecto del Movimiento Al Socialismo (MAS) se vive bajo un régimen totalitario, queda claro que, a pesar de las señales negativas que notan algunos de los entrevistados, no existe —co-mo notan los analistas entrevistados— una amenaza a la democracia, sino más bien una mayor participación ciudadana en las decisiones (Moldiz), la inclusión de sectores antes excluidos (Ferreira), y, en fin, el sitema inaugurado hace 30 años continúa vigente, lo cual es un logro importante (Rojas).

‘La democracia no es el país de las maravillas’: Hugo Moldiz es operador de la Fundación para la Democracia Multipartidaria

La democracia no es el país de las maravillas, tal cosa sólo existe en los cuentos. La democracia es una forma de dominación, una expresión de las relaciones de fuerzas. La diferencia es que la actual democracia, que también es una forma de dominación, está generando condiciones materiales de mayor igualación social y política en el país y que nunca existieron en el pasado.

‘Hay una estabilidad institucional sólida’: Reymi Ferreira es analista político

Hay una estabilidad institucional sólida que no está amenazada ni por un desborde populista ni por dictaduras militares, lo que está demostrado por estas tres décadas de continuidad democrática. El sistema se ha profundizado en el aspecto no sólo cultural y político con la participación de las mayorías indígenas, sino también en cuanto a la redistribución económica.

‘Es una buena noticia que sean tres décadas’: Xavier Albó es jesuita y antropólogo.

Que ya sean tres décadas de democracia es una muy buena noticia, pues se vivieron tiempos muy sacudidos desde la huelga de hambre que hizo salir a Hugo Banzer; el tiempo de la UDP igual fue complicado; hasta el desencanto con la guerra del agua. Ya con la subida del MAS uno puede ver que la democracia tampoco es la felicidad final; lo bueno es que exista continuidad.

‘Todo un logro de la sociedad boliviana’: Gonzalo Rojas Ortuste es analista político.

Hay que reconocer que llegar a 30 años en el sistema político de la democracia es un logro de toda la sociedad boliviana. En nuestra historia política es, sin duda, el periodo más largo de actividad democrática. Hay que admitir que tiene sus dificultades y deficiencias, la democracia no es perfecta, por lo que hay que mejorarla, adaptando y ajustando.

Manchas en este periodo democrático

Estos 30 años de democracia no han estado exentos de momentos que, de algún modo, quedan como mancillas o cicatrices en su desarrollo. Si se avanza cronológicamente, la primera “mancha” que queda fue la que recuerda el analista Reymi Ferreira: el secuestro del presidente de Unidad Democrática y Popular (UDP) Hernán Siles Zuazo.

El 30 de junio de 1984, un grupo armado de policías y militares privó de libertad a Siles y llamó a las Fuerzas Armadas a seguirlos y tomar el poder; sin embargo, las Fuerzas Armadas no respaldaron el intento de golpe de Estado y finalmente el entonces Presidente fue liberado después de diez horas, abandonado por sus captores y encontrado en una casa de Miraflores.

Otro momento difícil que menciona este analista fue  cuando se promulgó el Decreto Supremo 21060, el 29 de agosto de 1985, que inauguró los años del neoliberalismo. La medida económica trajo como consecuencia la imposición del estado de sitio por tres meses. La norma del gabinete significó el despido de miles de trabajadores que trató de disimularse llamándolo “relocalización”.

Ferreira considera que otro momento oscuro fue la elección de Jaime Paz Zamora como presidente en 1989. Si para el despido masivo causado por el 21060 el oficialismo de entonces supo inventarse un eufemismo, este caso tampoco fue una excepción. Paz Zamora, del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), fue el tercero en la votación, sin embargo fue elegido presidente en el Congreso y después se acuñó el discurso del “triple empate”.

El analista también recuerda que febrero y octubre de 2003 fueron momentos que quedan como mancillas a la democracia. Según dice, las matanzas y acciones ordenadas por Gonzalo Sánchez de Lozada no fueron en nada menores a las represiones ejecutadas en tiempos de dictaduras militares.

Por último, el analista menciona lo ocurrido en Sucre, cuando se quería evitar la aprobación de la nueva Constitución Política del Estado y se bloqueó con violencia la Asamblea. Entonces hubo tres muertos.

Más drástica es la opinión de Hugo Moldiz, operador Político de la Fundación para la Democracia Multipartidaria.“En realidad, de los 30 años de democracia más de 20 fueron de oscuridad, pues se trató de una democracia para los ricos”, dice en referencia al tiempo de la llamada democracia pactada que según él terminaría en 2005 aunque ya se entreveía desde la “Guerra del Agua” en 2000. No obstante, también menciona como un momento lamentable la “ejecución de los miembros de la Comisión Néstor Paz Zamora (CNPZ), los estados de sitio, los confinamientos y otros”.

Hay quien dirá que la elección democrática del otrora dictador ya muerto Hugo Banzer Suárez, ocurrida en 1997, podría ser más que una deshonra para el sistema, sin embargo, el jesuita Xavier Albó afirma que “realmente no hay una diferencia grande entre Sánchez de Lozada y Banzer, ambos neoliberales”.