Francisco en Bolivia: La tarea hoy es defender la
Madre Tierra
En la reciente visita a Sudamérica del papa
Francisco, acaso la parte más política estuvo en Bolivia, cuando habló con los
movimientos sociales. Definió toda una agenda social, política.
La Razón (Edición Impresa) / Iván
Bustillos Zamorano / La Paz
00:07 / 19 de julio de 2015
Tres semanas antes de la visita del
papa Francisco a Bolivia (8 al 10 de julio), el 18 de junio fue presentada al
mundo su segunda encíclica, Laudato si’ Sobre el cuidado de la casa común. Si
bien era previsible que en la visita que efectuó a Ecuador, Bolivia y Paraguay,
el Papa iba a explayarse en el discurso ambientalista contenido en Laudato si’
, no deja de ser llamativo que entre los tres discursos que el Papa dio en las
ceremonias de bienvenida a su llegada a los tres países sudamericanos, solo en
Bolivia cita a la mencionada encíclica.
Y lo hace a propósito —dice— de la
“singular belleza” de Bolivia, país “bendecido por Dios en sus diversas zonas:
el altiplano, los valles, las tierras amazónicas, los desiertos, los
incomparables lagos”; y tras citar el Preámbulo de la Constitución boliviana
(la parte donde se describe dicha diversidad ecológica), remata: “esto me
recuerda que ‘el mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio
gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza’ (Laudato si’ 12)”.
Como que Francisco hubiera elegido
el país para hacer énfasis del nuevo texto oficial del Vaticano; de ahí que —se
puede decir— su mensaje básico, transversal, en Bolivia, sin ser el centro, fue
el llamado a la “defensa de la Madre Tierra”.
Pero, naturalmente, hubo otros
ingredientes. En el discurso que Francisco dio a su llegada a El Alto, por
ejemplo, aparte de la mencionada referencia a la encíclica Laudato si’, se
concentró en otros dos aspectos bien propios de Bolivia, según el Sumo
Pontífice: los migrantes (“llevo en el corazón especialmente a los hijos de
esta tierra, que por múltiples razones no están aquí y han tenido que buscar
‘otra tierra’ que los cobije”); y la diversidad cultural de Bolivia: “una
tierra bendecida en sus gentes, con su variada realidad cultural y étnica, que
constituye una gran riqueza y un llamado permanente al respeto mutuo, al
diálogo: pueblos originarios milenarios y pueblos originarios contemporáneos”.
Ya en la Catedral de La Paz, el
Papa se empeñará en diferenciar el valor del “bien común” de la idea del
“bienestar”; mientras el bienestar, “que se refiere solo a la abundancia
material, tiende a ser egoísta, tiende a defender los intereses de parte, a no
pensar en los demás, y a dejarse llevar por la tentación del consumismo”; el
bien común “es algo más que la suma de intereses individuales; es un pasar de
lo que ‘es mejor para mí’ a lo que ‘es mejor para todo’, e incluye a todo aquello
que da cohesión a un pueblo”.
MAR.
Y, cuando nadie lo esperaba, la frase que provocó el terremoto informativo en
Bolivia y Chile: “Estoy pensando acá en el mar. Diálogo, es indispensable.
Construir puentes en vez de levantar muros”; la expresión, que no estaba en el
discurso escrito, surgió en el contexto del llamado que hacía Francisco a que
“una nación que busca el bien común no se puede cerrar en sí misma”; que es
“indispensable” la diplomacia que evite los conflictos; y que “todos los temas,
por más espinosos que sean, tienen soluciones compartidas, razonables,
equitativas y duraderas”.
Pero cuando más nítido se presentó
el discurso político del papa Francisco, sin duda fue en el “II Encuentro
Mundial de Movimientos Populares”, el jueves 9 de julio en la ciudad de Santa
Cruz. Empezó por los suyos, la Iglesia y sus seguidores, definiendo el
lugar que exige de ella: “¡Me alegra tanto! Ver la Iglesia con las puertas
abiertas a todos ustedes, que se involucre, acompañe y logre sistematizar en
cada diócesis, en cada Comisión de Justicia y Paz, una colaboración real,
permanente y comprometida con los movimientos populares”.
Y he aquí otro de los puntos
centrales del discurso papal en Bolivia: el cambio: “empecemos reconociendo que
necesitamos un cambio”. Parte de un hecho básico: la globalidad de los
problemas que enfrenta la humanidad; a estas alturas de la globalización, la
imposibilidad de soluciones aisladas: “problemas que tienen una matriz global y
que hoy ningún Estado puede resolver por sí mismo”.
A propósito de la encíclica
Laudato si’, Francisco remarca el riesgo en que hoy se está viviendo por la
destrucción de la naturaleza; y apunta directo hacia el sistema capitalista:
“Se está castigando a la tierra, a los pueblos y las personas de un modo casi
salvaje”. Y no se guarda de ser gráficamente duro: lo del “estiércol del
diablo, la ambición desenfrenada de dinero que gobierna; (cuando) el servicio
para el bien común queda relegado; cuando el capital se convierte en ídolo y
dirige las opciones de los seres humanos, cuando la avidez por el dinero tutela
todo el sistema socio-económico, arruina la sociedad, condena al hombre, lo
convierte en esclavo (…) y, como vimos, incluso pone en riesgo esta nuestra
casa común, la hermana y Madre Tierra”.
En la Bolivia del “proceso de
cambio” (gobierno
del Movimiento Al Socialismo-MAS desde 2006), el Papa no deja de mostrar su
adhesión al país: “Aquí en Bolivia he escuchado una frase que me gusta mucho:
‘proceso de cambio’”; pero a punto seguido aclara qué es lo que la Santa Sede
hoy entiende por cambio: no tanto la vigencia o imposición de determinada forma
de gestión de lo público, como la necesidad de una “revolución moral. “El
cambio concebido no como algo que un día llegará porque se impuso tal o cual
opción política o porque se instauró tal o cual estructura social;
dolorosamente sabemos que un cambio de estructuras que no viene acompañado de
una sincera conversión de las actitudes y del corazón, termina a la larga o a
la corta por burocratizarse, corromperse y sucumbir; hay que cambiar el
corazón”.
Pero eso no es todo, el Papa
insiste en que entre las nociones de cambio (sobre todo político, de toma o
construcción del poder) y proceso, él piensa que el énfasis debe ser puesto en
lo segundo, en la perspectiva de plantearse todo cambio especialmente como
‘proceso’: “Por eso me gusta tanto la imagen del proceso, los procesos, donde
la pasión por sembrar, por regar serenamente lo que otros verán florecer,
reemplaza la ansiedad por ocupar todos los espacios de poder disponibles y ver
resultados inmediatos; la opción es por generar procesos y no por ocupar
espacios”.
Otra línea de pensamiento que
propone el Papa para llevar adelante procesos de cambio es la primacía o
superioridad que tiene el “encuentro genuino” con la gente, antes que llevar a
la práctica, ‘aplicar’, ideas o conceptos más o menos revolucionarios. Es lo
que el Sumo Pontífice llama la “cultura del encuentro”.
“Ese arraigo al barrio, a la
tierra, al oficio, al gremio, ese reconocerse en el rostro del otro, esa
proximidad del día a día, con sus miserias porque las hay, las tenemos y sus
heroísmos cotidianos, es lo que permite ejercer el mandato del amor, no a
partir de ideas o conceptos sino a partir del encuentro genuino entre personas,
necesitamos instaurar esta cultura del encuentro porque ni los conceptos ni las
ideas se aman; se aman las personas”.
ESTRUCTURAL.
Siempre en vista a lo que hace la gente, los “movimientos populares”, Francisco
no deja de señalar la contradicción entre el “interés sectorial” de los grupos
sociales y su visión de cambios estructurales o generales, y cómo los
movimientos comúnmente apuestan por el interés colectivo. “Trabajan en una
perspectiva que no solo aborda la realidad sectorial que cada uno de ustedes
representa y a la que felizmente está arraigado, sino que también buscan
resolver de raíz los problemas generales de pobreza, desigualdad y exclusión.
Los felicito por eso. Es imprescindible que, junto a la reivindicación de sus
legítimos derechos, los pueblos y sus organizaciones sociales construyan una
alternativa humana a la globalización excluyente”.
En su exposición ante los
movimientos sociales, el papa Francisco, además, propuso una suerte de grandes
líneas de acción, “tres grandes tareas que requieren el decisivo aporte del
conjunto de los movimientos populares”. “La primera tarea es poner la economía
al servicio de los pueblos: los seres humanos y la naturaleza no deben estar al
servicio del dinero. Digamos no a una economía de exclusión e inequidad donde
el dinero reina en lugar de servir. Esa economía mata. Esa economía excluye.
Esa economía destruye la Madre Tierra”, define Francisco en su mensaje.
La economía —propone una definición
el Sumo Pontífice— no debería ser mecanismo de acumulación sino la “adecuada
administración de la casa común; eso implica cuidar celosamente la casa y
distribuir adecuadamente los bienes entre todos”.
Es la búsqueda para todos de las
“famosas tres T”: trabajo, techo y tierra, reitera. “Cuando Estado y
organizaciones sociales asumen juntos la misión de ‘las tres T’ se activan los
principios de solidaridad y subsidiariedad que permiten edificar el bien común
en una democracia plena y participativa”. La segunda tarea “es unir nuestros
pueblos en el camino de la paz y la justicia”. Plantea los temas de la
soberanía, las viejas y nuevas formas de colonialismo y la necesidad de los
procesos de integración.
En Latinoamérica, por ejemplo,
destaca Francisco, pese a que hay importantes esfuerzos de unidad continental,
“todavía subsisten factores que atentan contra este desarrollo humano
equitativo y coartan la soberanía de los países de la ‘Patria Grande’ y otras
latitudes del planeta. El nuevo colonialismo adopta diversa fachadas. A veces,
es el poder anónimo del ídolo dinero: corporaciones, prestamistas, algunos
tratados denominados ‘de libre comercio’ y la imposición de medidas de
‘austeridad’ que siempre ajustan el cinturón de los trabajadores y de los
pobres”.
Y fue al hablar de contrarrestar al
colonialismo que el papa Francisco pidió perdón “no solo por las ofensas de la
propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la
llamada conquista de América”; aunque, ya dejando de lado el texto escrito,
también pidió no olvidar “a millares de sacerdotes, obispos que se opusieron
fuertemente a la lógica de la espada con la fuerza de la cruz”. “Y la tercera
tarea, tal vez la más importante que debemos asumir hoy, es defender la Madre
Tierra”.
Impaciencia.
Este es el tono del papa Francisco aquí: “Vemos con decepción creciente cómo se
suceden una tras otra cumbres internacionales sin ningún resultado importante.
(...) No se puede permitir que ciertos intereses —que son globales pero no
universales— se impongan, sometan a los Estados y organismos internacionales, y
continúen destruyendo la creación. Yo les pido, en nombre de Dios, que
defiendan a la Madre Tierra”.
La Constitución reconoce a minorías
Bolivia está dando pasos
importantes para incluir a amplios sectores en la vida económica, social y
política del país; cuenta con una Constitución que reconoce los derechos de los
individuos, de las minorías, del medio ambiente, y con unas instituciones
sensibles a estas realidades. Todo esto requiere un espíritu de colaboración
ciudadana.
La especulación no debe regir la política
Como todo está relacionado, nos
necesitamos unos a otros. Si la política se deja dominar por la especulación
financiera o la economía se rige únicamente por el paradigma tecnocrático y
utilitarista de la máxima producción, no podrán ni siquiera comprender, y menos
aún resolver, los grandes problemas que afectan a la humanidad.
La inclusión como un factor de desarrollo
Hoy Bolivia puede ‘crear nuevas
síntesis culturales’. ¡Qué hermosos son los países que superan la desconfianza
enfermiza e integran a los diferentes, y que hacen de esa integración un nuevo
factor de desarrollo! ¡Qué lindos cuando están llenos de espacios que conectan,
relacionan, favorecen el reconocimiento del otro! Bolivia, en la integración y
en su búsqueda de la unidad, está llamada a ser ‘esa multiforme armonía que
atrae’.
Hay que reconocer la necesidad del cambio
Reconocemos que las cosas no andan
bien en un mundo donde hay tantos campesinos sin tierra, familias sin techo,
trabajadores sin derechos, personas heridas en su dignidad? ¿Reconocemos que
las cosas no andan bien cuando estallan guerras sin sentido y la violencia
fratricida se adueña hasta de nuestros barrios? Entonces, digámoslo sin miedo:
necesitamos y queremos un cambio.
Los humildes, el futuro está en sus manos
Ustedes, los más humildes, los
explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles
que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su
capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda
cotidiana de ‘las tres T’ ¿De acuerdo? (trabajo, techo, tierra) y también en su
participación protagónica en los grandes procesos de cambio. ¡No se achiquen!
No hay recetas para transformar la realidad
No esperen de este Papa una receta.
Ni el Papa ni la Iglesia tienen el monopolio de la interpretación de la
realidad social ni la propuesta de soluciones a los problemas contemporáneos.
Me atrevería a decir que no existe una receta. La historia la construyen las
generaciones que se suceden en el marco de pueblos que marchan buscando su
propio camino y respetando los valores que Dios puso en el corazón.
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Encíclica Laudato si’ sobre el cuidado de la casa común
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Laudato
si’, mi’ Signore - Alabado seas, mi Señor, cantaba San Francisco de Asís”,
empieza su Carta Encíclica el “Santo Padre Francisco sobre el cuidado de
la casa común”. El “Cántico de las criaturas: Fonti Francescane”, es: “Alabado
seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y
gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba”.
En su
discurso en el II Encuentro Mundial de Movimientos Populares, en Santa Cruz de
la Sierra, el papa Francisco, acaso por lo largo de la disertación que hizo
antes, dejó de leer —dijo— “dos páginas y media” de su Encíclica Laudato si’.
¿En qué consiste este importante documento?
Firmado
el 24 de mayo por Franciscus, el documento fue presentado al público el 18 de
junio de 2015. Se trata de un texto de 192 páginas, seis capítulos, además de
una introducción. En esta parte, Francisco deja en claro que desde al menos
1971, con el papa Pablo VI, la Iglesia ya se ocupó de la “problemática
ecológica”; recuerda también a Juan Pablo II, que en 2001 llamó a una
“conversión ecológica global”, o que el propio Benedicto XVI, su antecesor,
hizo un llamado por el bien de la ecología.
Es
cuando el papa Francisco añade su propio “llamado”: “Hago una invitación
urgente a un nuevo diálogo sobre el modo cómo estamos construyendo el futuro
del planeta. Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el
desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos
impactan a todos”.
Como el
mismo Papa resume, primero hace un recorrido por diversos aspectos de la crisis
ecológica actual, tomando “los mejores frutos de la investigación científica”
disponible hoy. Luego, señala tratar de llegar a las raíces de la situación
actual con el fin de entender no solo los síntomas de la crisis, sino arribar a
sus “causas profundas”. Con base a este estudio, Francisco afirma que podrá
“proponer una ecología que, en sus diversas dimensiones, incorpore el lugar
peculiar del ser humano en este mundo y sus relaciones con la realidad que lo
rodea”.
En el
Capítulo V. Algunas líneas de orientación y acción, el papa Francisco propone
un “diálogo sobre el medio ambiente en la política internacional”; aboga por el
cambio más o menos acelerado de la tecnología basada en combustibles fósiles
(sobre todo del carbón, el petróleo y, en menor medida, del gas), por formas de
energía renovables.
“En lo
relacionado con el cambio climático, los avances son lamentablemente muy
escasos. La reducción de gases de efecto invernadero requiere honestidad,
valentía y responsabilidad, sobre todo de los países más poderosos y más
contaminantes”, reclama la Laudato si’.
Es en
esta parte que la encíclica cita a la Carta Pastoral sobre medio ambiente y
desarrollo humano en Bolivia de la Conferencia Episcopal Boliviana: “los países
que se han beneficiado por un alto grado de industrialización, a costa de una
enorme emisión de gases invernaderos, tienen mayor responsabilidad en aportar a
la solución de los problemas que han causado”, dijo la Iglesia local.
En lo
relativo al crecimiento económico y las consecuencias que esto trae para el
medio ambiente, la encíclica razona: hay la necesidad de regular los ritmos del
crecimiento, “pensar también en detener un poco la marcha, en poner algunos
límites racionales e incluso en volver atrás antes que sea tarde (...) Por eso
ha llegado la hora de aceptar cierto decrecimiento en algunas partes del mundo
aportando recursos para que se pueda crecer sanamente en otras partes”, destaca
el documento.
Asimismo,
se propone el debate acerca del “progreso”. “Se trata de redefinir el progreso.
Un desarrollo tecnológico y económico que no deja un mundo mejor y una calidad
de vida integralmente superior no puede considerarse progreso”. Es
el Capítulo VI. Educación y Espiritualidad Ecológica, el que a lo largo de 50
páginas expone el ‘programa’ del Papa en el tema.
Es allí
donde se plantea “apostar por otro estilo de vida”. Pensemos, dice Francisco,
no solo en la posibilidad de fenómenos climáticos o grandes desastres
naturales, “sino también en catástrofes derivadas de crisis sociales, porque la
obsesión por un estilo de vida consumista, sobre todo cuando solo unos pocos
puedan sostenerlo, solo podrá provocar violencia y destrucción recíproca”.
Sin
embargo, continúa, no todo está perdido, “porque los seres humanos, capaces de
degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse, volver a optar por el
bien y regenerarse, más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales
que les impongan”. Se trata, dice, por ejemplo, de “movimientos de
consumidores” que logren que se deje de adquirir ciertos productos para así
cambiar la conducta de las empresas.
El Papa
luego insiste en la necesidad de implementar una “educación para la alianza
entre la humanidad y el medio ambiente”, con el fin de que la conciencia de la
gravedad de la crisis cultural y ecológica pueda traducirse en nuevos hábitos.
La
encíclica también llama, sobre todo a los cristianos, a lo que denomina
una “conversión ecológica”, en vista a la crisis medioambiental asumir el
cambio de actitud sobre la base de la doctrina cristiana, “reconciliarse con la
creación”, seguir el ejemplo, dice, de San Francisco de Asís, que hablaba de la
“hermana madre tierra”. Luego acude a lo que llama “amor civil y político”, el
cuidado de la naturaleza como “parte de un estilo de vida que implica capacidad
de convivencia y de comunión”.
“El
amor, lleno de pequeños gestos de cuidado mutuo, —dice— es también civil
y político, y se manifiesta en todas las acciones que procuran construir un
mundo mejor”. La Encíclica Laudato si’ sobre el cuidado de la casa común,
finaliza con dos oraciones. Una de ellas, es:
Oración por nuestra tierra
Dios
omnipotente, / que estás presente en todo el universo / y en la más pequeña de
tus criaturas, / Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe, / derrama en
nosotros la fuerza de tu amor / para que cuidemos la vida y la belleza.
Inúndanos de paz, / para que vivamos como hermanos y hermanas / sin dañar a
nadie. Dios de los pobres, / ayúdanos a rescatar / a los abandonados y
olvidados de esta tierra / que tanto valen a tus ojos. Sana nuestras vidas, /
para que seamos protectores del mundo / y no depredadores, / para que sembremos
hermosura / y no contaminación y destrucción. Toca los corazones / de los que
buscan solo beneficios / a costa de los pobres y de la tierra. Enséñanos a
descubrir el valor de cada cosa, / a contemplar admirados, / a reconocer que
estamos profundamente unidos / con todas las criaturas / en nuestro camino
hacia tu luz infinita. Gracias porque estás con nosotros todos los días.
Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha / por la justicia, el amor y la paz.
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