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lunes, 13 de octubre de 2014

Exhortación a los Estados Miembros de la OEA a abolir la Pena de Muerte - 2014





La CIDH exhorta a los Estados Miembros de la OEA a abolir la pena de muerte

10 de octubre de 2014

Datos de contacto
Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)
Tel. (1) 202 370 9000
cidhdenuncias@oas.org

En ocasión del Día Internacional contra la Pena de Muerte, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) exhorta a los Estados Miembros de la Organización de los Estados Americanos (OEA) que tienen la pena de muerte a abolirla o a imponer una moratoria a su aplicación como paso hacia la abolición. Asimismo, exhorta a garantizar el pleno cumplimiento de las decisiones de la CIDH en casos relativos a pena de muerte.

Los países de las Américas tienen una larga tradición abolicionista. Venezuela fue el primer país del mundo en abolir la pena de muerte para todos los delitos en 1863, seguido por Costa Rica en tercer lugar en 1877. El sistema interamericano de derechos humanos ha desempeñado un importante rol en el establecimiento de normas internacionales relativas a la aplicación de la pena de muerte. La CIDH fue el primer órgano internacional de derechos humanos en evaluar las consecuencias de la aplicación obligatoria de la pena de muerte en el goce de los derechos humanos, concluyendo que la misma es incompatible con los derechos a la vida, al trato humano y al debido proceso. La Comisión se basó en estándares desarrollados por tribunales nacionales y en principios fundamentales de derechos humanos. Las decisiones de la CIDH y de la Corte Interamericana se han convertido en una guía decisiva en las reformas legales. Tras las decisiones del sistema, la mayoría de los países del Caribe anglófono abolió la pena de muerte obligatoria. Existe una necesidad urgente de que Trinidad y Tobago y Barbados, los dos únicos países de la región que mantienen la pena de muerte obligatoria, la abolan.

Aunque la mayoría de los Estados Miembros de la OEA han abolido la pena capital, una minoría importante la mantiene. Estados Unidos es actualmente el único país de las Américas donde se llevan a cabo ejecuciones a la pena de muerte. No obstante, la CIDH observa que la aplicación de la pena capital en Estados Unidos ha disminuido gradualmente. En 2013 se llevaron a cabo 39 ejecuciones, en comparación con 43 en 2012, y el número de ejecuciones se ha reducido a la mitad en los últimos diez años. Asimismo, en 2013 el apoyo público a la pena capital en Estados Unidos habría alcanzado su nivel más bajo. La Comisión destaca que, tras la abolición de la pena de muerte en Michigan en 1847, diecisiete estados y el Distrito de Columbia han seguido en dicha dirección. Maryland fue el decimoctavo estado en abolir la pena capital en 2013. Otros, como Colorado, Delaware, Oregón y Nueva Hampshire, están dando pasos hacia la abolición. Por otra parte, la inclusión de actos de terrorismo en la lista de delitos pasibles de la pena de muerte en el estado de Misisipi en 2013 constituye un retroceso en la desaparición gradual de la pena de muerte en el país.

Como parte de su mandato de dar seguimiento a la situación de los derechos humanos en Estados Unidos y por medio de su sistema de casos individuales, la CIDH ha recibido preocupante información sobre numerosos defectos en la aplicación de la pena de muerte. Algunos de los problemas más recurrentes son la discriminación racial, la violación del derecho a la notificación y la asistencia consular, la aplicación de la pena de muerte a personas con discapacidades mentales e intelectuales, las condiciones de detención en el corredor de la muerte, defectos en los métodos de inyección letal y la defensa letrada ineficaz. Con respecto a este último punto, la jueza Ruth Bader Ginsburg de la Corte Suprema de Estados Unidos expresó: “Todavía no he visto ningún caso de pena de muerte entre las decenas que llegan a la Corte Suprema solicitando la suspensión de la condena en la víspera de la ejecución, en el cual el acusado haya estado bien representado en el juicio”.

El 2 de mayo de 2014, el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, planteó importantes cuestionamientos sobre la aplicación de la pena de muerte: “Hay grandes problemas con la aplicación de la pena de muerte en este país: sesgo racial, aplicación desigual, casos de personas que estaban en el corredor de la muerte y que posteriormente se determinó que eran inocentes al encontrarse pruebas exculpatorias”. La CIDH observa que 145 condenados a muerte han sido exonerados en Estados Unidos. La última exoneración tuvo lugar en septiembre de 2014 en Carolina del Norte, cuando Henry Lee McCollum, un afroestadounidense con discapacidad intelectual, fue puesto en libertad después de pasar 31 años, esto es, toda su vida adulta, en el corredor de la muerte por un delito que no cometió. Como indicó el gobernador de Connecticut, Dannel Malloy, al promulgar la ley mediante la cual se abolió la pena de muerte en su estado, “abolir la pena de muerte [es] la única forma de que no sea impuesta injustamente”.

La Comisión Interamericana reitera la recomendación formulada en su informe titulado “La pena de muerte en el Sistema Interamericano de Derechos Humanos: de restricciones a abolición”, publicado en 2012, de que los Estados impongan una moratoria de las ejecuciones como paso hacia la gradual desaparición de esta pena. La CIDH celebra la abolición de la pena de muerte en dieciocho estados y en el Distrito de Columbia y la moratoria impuesta en algunos estados por el gobernador o los tribunales. La Comisión espera que los demás estados sigan estos ejemplos de abolición o moratoria y exhorta a los Estados Miembros de la OEA donde aún existe la pena de muerte a abolirla y a garantizar el pleno cumplimiento de las decisiones de la CIDH relativas a casos de pena de muerte. La CIDH celebra la presentación en la Asamblea Nacional de Suriname de un proyecto de ley para abolir la pena de muerte y espera que el mismo sea aprobado con prontitud. Esto representa una oportunidad única para que los países del Caribe anglófono den un paso importante hacia la abolición de la pena de muerte.

La CIDH es un órgano principal y autónomo de la Organización de los Estados Americanos (OEA), cuyo mandato surge de la Carta de la OEA y de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. La Comisión Interamericana tiene el mandato de promover la observancia de los derechos humanos en la región y actúa como órgano consultivo de la OEA en la materia. La CIDH está integrada por siete miembros independientes que son elegidos por la Asamblea General de la OEA a título personal, y no representan sus países de origen o residencia.

Comunicado No. 115/14

Enlaces Relacionados


jueves, 22 de septiembre de 2011

AMNISTÍA INTERNACIONAL: ACABAR CON LA PENA DE MUERTE - 2011

¡ACABAR CON LA PENA DE MUERTE!


La pena de muerte es la forma más extrema de negación de los derechos humanos. Es el homicidio premeditado y a sangre fría de un ser humano a manos del Estado y en nombre de la justicia.
La pena de muerte se aplica a menudo de forma discriminatoria, y se utiliza de forma desproporcionada contra los pobres y las minorías. No se ha demostrado que constituya una medida disuasoria efectiva contra la comisión de delitos, y niega la posibilidad de reconciliación y rehabilitación. Prolonga el sufrimiento de la familia de la víctima de asesinato y el de los seres queridos de la persona condenada. Y sobre todo, en la medida en que la justicia humana sigue estando sujeta a error, nunca se podrá eliminar el riesgo de ejecutar a inocentes.
La pena de muerte es un síntoma de una cultura de violencia, no una solución a ella. Es una afrenta a la dignidad humana. Debe ser abolida.
Las acciones durante el 50 aniversario de Amnistía Internacional se centrarán en Arabia Saudí, Bielorrusia, China, Estados Unidos, Irán y Mongolia.

Acabemos con la pena de muerte en Bielorrusia
Hasta 400 personas pueden haber sido ejecutadas en Bielorrusia desde que se independizó en 1991.
En Bielorrusia, trabajando conjuntamente con la ONG Centro de Derechos Humanos Viasna, pedimos al presidente Lukashenko que suspenda de inmediato las ejecuciones y conmute todas las condenas a muerte.
En Bielorrusia, a los presos condenados a muerte no se les informa de que van a morir hasta unos momentos antes de que se lleve a cabo la ejecución. Se les mata mediante un disparo en la nuca. No se entrega el cadáver a la familia, y el lugar de inhumación se mantiene en secreto.
Después de un año sin ejecuciones, en 2010 las autoridades bielorrusas ejecutaron a dos hombres y condenaron a muerte a tres personas.
Posteriormente, funcionarios bielorrusos han afirmado, en intervenciones ante la ONU, que están analizando la posibilidad de la abolición.
Es hora de que acaben los homicidios cometidos por el Estado en Bielorrusia. Actúa: diles a las autoridades que pongan fin al uso de la pena de muerte ya.

Detengamos las ejecuciones en Arabia Saudí
El uso de la pena de muerte está muy extendido en Arabia Saudí. Las condenas a muerte se imponen a menudo en juicios extremadamente injustos y, en gran parte, secretos. En este sistema de justicia deficiente, los ciudadanos extranjeros son especialmente vulnerables.
El ciudadano nigeriano Suliamon Olyfemi y la ciudadana indonesia Siti Zainab Binti Duhri Rupa corren peligro de ejecución inminente. Actúa ya.
En Arabia Saudí, es frecuente que los ciudadanos extranjeros acusados de un delito punible con la muerte no cuenten con abogado defensor ni asistencia letrada. En muchos casos, ni siquiera se les facilita un intérprete durante el juicio. Algunas personas ni siquiera son conscientes de que las han condenado a muerte, puesto que a menudo carecen de los conocimientos y las competencias lingüísticas necesarios para entender el juicio.
Además, los ciudadanos extranjeros tienen muchas menos probabilidades de recibir un indulto que los ciudadanos saudíes con influencias. Pide al gobierno de Arabia Saudí que ponga fin a las ejecuciones ya.

Cuando se fundó Amnistía Internacional, en 1961, sólo nueve países habían abolido la pena de muerte para todos los delitos. A comienzos de 2011, el número de países se había elevado a 96.

AHORA TAMBIÉN PUEDES VER EL INICIO Y EL FIN DE LA PENA DE MUERTE EN BOLIVIA, HACIENDO CLICK EN EL SIGUIENTE ENLACE:



jueves, 1 de septiembre de 2011

Un tema pendiente: la autonomía del Órgano Judicial...

Una asignatura pendiente: la autonomía del Órgano Judicial

H. C. F. Mansilla*

Como en 1927, jueces y fiscales, con algunas honrosas excepciones, cumplen sus tareas siguiendo consignas políticas o aceptando sumas de dinero que determinan de qué lado inclinarán su juicio.


Mariano Baptista Gumucio, La muerte de Pando y el fusilamiento de Jáuregui. Crónicas de un asesinato imaginado y una ejecución inaudita, La Paz: s. e. 2011 (300 pp.)

La terrible crónica del siglo XX nos ha mostrado que la retórica revolucionaria encubre a menudo la consolidación de tradiciones y valores del pasado. Desde Cuba hasta Corea del Norte pasando por Rusia, los regímenes socialistas estaban sustentados en normas centralistas, burocráticas y autoritarias que provenían del acervo más profundo de cada uno de estos experimentos.

La crítica del colonialismo y del pasado “oligárquico” (o del zarismo, por ejemplo) ha constituido uno de los elementos centrales de la ideología revolucionaria, pero esta misma no supo –o no quiso– reconocer los factores centrales del pasado detestable en su propia praxis cotidiana.

Los hechos históricos y sociales pueden ser estudiados desde la perspectiva del cambio, si uno enfatiza las modificaciones positivas o negativas que se producen en el desarrollo de una nación. Y también se puede analizar, como lo hizo Octavio Paz, la continuidad existente entre los fenómenos de diferentes periodos históricos, lo que constituye parcialmente la cultura de un pueblo.

En este último sentido la historia nos muestra, por ejemplo, los aspectos nocivos y perjudiciales que se arrastran desde el pasado y que haríamos bien en evitar y superar. La historia, como decía Cicerón, se manifiesta como la maestra de la vida. Es esta, sin embargo, una observación de escasa utilidad práctica, porque los responsables de la conducción de los asuntos públicos no leen libros de historia y tampoco se preocupan por reflexionar críticamente en torno a la posible reiteración de los errores (y los horrores) pretéritos. Esta tendencia parece tener plena vigencia en Bolivia, el país donde se niega la realidad con notable persistencia y donde con frecuencia se inventa de nuevo el orden social con ayuda de teorías excéntricas y alambicadas. Como ya se vio en las primeras décadas del siglo XX, las doctrinas del cambio radical no representan la expresión de una certidumbre razonable y plausible sobre el futuro, sino que constituyen síntomas de agresividad, hambre de poder y dilemas existenciales y, por lo tanto, presagios de una deplorable fatalidad histórica.

En base a la muerte del presidente José Manuel Pando (1917) y el fusilamiento de un inocente en 1927 (uno de los acusados por el supuesto crimen de asesinato), Mariano Baptista Gumucio nos enseña que en Bolivia hay todavía una asignatura pendiente: el Poder Judicial y el Ministerio Público exhiben una evidente subordinación con respecto al
Poder Ejecutivo y a los vaivenes de la esfera política. Dice el autor a la letra: “La razón de este libro está en que la justicia boliviana y los usos y costumbres del país, lejos de haber mejorado, muestran cada vez aspectos más sombríos y deplorables. [...] Jueces y fiscales, con algunas honrosas excepciones, cumplen sus tareas siguiendo consignas políticas o aceptando sumas de dinero que determinan de qué lado inclinarán su juicio”.

El autor reconstruye paso a paso el fallecimiento del general Pando debido a un súbito derrame cerebral, la confusión dramática del grupo casual que lo vio morir, las medidas equivocadas tomadas por esas personas sencillas y humildes en medio de su comprensible desesperación (habían hecho malas experiencias con los poderosos y con los representantes del Estado), el largo juicio plagado de irregularidades y, sobre todo, la utilización política de aquella muerte. El Partido Republicano y el gobierno de Bautista Saavedra utilizaron el caso con un notable virtuosismo para desprestigiar al Partido Liberal y a los políticos más notables asociados al liberalismo, en lo que obtuvieron un éxito memorable. El juicio fue una tramoya política fraguada por Bautista Saavedra y sus allegados para destruir al liberalismo. El Partido Liberal nunca pudo recuperarse de este golpe, y su evolución posterior fue la de una lenta agonía. Varios personajes próximos a este partido, que no tuvieron nada que ver con el fallecimiento de Pando, experimentaron cómo sus vidas privadas se arruinaban paulatina e irremediablemente gracias a las intrigas bien montadas por sus adversarios circunstanciales y a la obsecuencia política del Poder Judicial.

En varios lugares de su libro Baptista Gumucio nos muestra el papel del odio como instrumento de la política cotidiana. En el caso Pando / Jáuregui no hay duda de que el odio fue fomentado, manipulado y canalizado hábilmente por los jerarcas del Partido Republicano contra el liberalismo y sus representantes, operación a la cual se prestaron los representantes más conocidos del integrismo católico.

Fue muy fácil encontrar un chivo expiatorio para aplacar el espíritu enardecido de una opinión pública que nunca se ha destacado por una actitud racional y humanista... y por amor a los detalles incómodos. El Partido Republicano tenía paradójicamente fama de progresista y revolucionario en contraposición al Partido Liberal. La “revolución republicana” –como ha pasado a menudo en la historia de la nación– sirvió para encumbrar a una nueva élite política, ávida de dinero, poder y prestigio. El fin justificó los medios.
Esto es, en el fondo, lo esencial. Tres generaciones más tarde, el Poder Judicial juega un rol similar en el desprestigio y la anulación de un estrato social.

La conclusión general refuerza una hipótesis sobre la cultura política boliviana: la astucia (la viveza criolla, el cálculo rápido de oportunidades y las maniobras circunstanciales) triunfa sobre la inteligencia creadora, es decir sobre los esfuerzos para mejorar el curso de los asuntos públicos a largo plazo y en forma sostenida y razonable. Como dijo un autor citado por Baptista en la descripción de lo que permanece a lo largo de generaciones: el Palacio de Gobierno era en 1917 “una especie de alcantarilla de las bajas pasiones”, el campo de la adulación y el servilismo y el predominio de los intereses de corto plazo.

Como toda obra humana, el libro de Baptista tiene también algunas debilidades. El autor exculpa al presidente José Gutiérrez Guerra (1917-1920) de toda responsabilidad, aunque sea indirecta, con respecto a la muerte de Pando, pero reproduce algunos lugares comunes acerca de la ingenuidad, el sibaritismo y la frivolidad de mi ilustre tío, quien descolló como uno de los primeros tratadistas en ciencias económicas que tuvo el país.

Al libro le falta una mayor sistematicidad; no está siempre claro cuál es el texto de Baptista Gumucio y cuál es el aporte de otros autores. El pasaje sobre Simón I. Patiño es totalmente superfluo. Pero en general se trata de una obra muy interesante que nos incita a pensar en torno a fenómenos reiterativos de la historia boliviana.

* Doctor en filosofía, Magister en ciencias políticas, escritor.

* Publicado en: Revista NUEVA CRÓNICA y BUEN GOBIERNO. Nº 84. Primera quincena de mayo de 2011. Pág. 15.

Transcripción del texto: Abog. Alan E. Vargas Lima (Responsable del Blog Jurídico TREN FUGITIVO BOLIVIANO).

martes, 28 de junio de 2011

Una pena ‘herida’ de muerte

27 jun 2011


AI ha conseguido que la abolición de la pena capital sea ya un hecho en el 70% de los países del mundo.

Amnistía Internacional está ganando poco a poco la batalla contra la pena capital, que ya ha sido abolida legalmente o de hecho en el 70% de los países del mundo. Pero el 30% que se resiste a dar ese paso exige perseverar en la lucha contra esa lacra que, en palabras del Director General de Investigación y Programas Regionales de AI, Claudio Cordone, “atenta contra la dignidad humana y debería quedar sepultada en la historia del mismo modo que la esclavitud, el apartheid y otras cosas abominables”. Frente a las justificaciones de sus partidarios, ningún estudio ha podido demostrar jamás que tiene más poder disuasorio frente al crimen que otros castigos.

De los 139 países abolicionistas, 104 lo recogen en sus leyes (95 para todos los delitos y 9 solo para delitos comunes) y 35 lo asumen en la práctica. Otros 58, entre los que destacan negativamente China, Irán y Estados Unidos, mantienen la máxima pena en su legislación. En España está abolida desde 1995, cuando una Ley Orgánica la prohibió incluso en tiempo de guerra. Fue la culminación de una gran campaña de Amnistía Internacional que fue ‘escalando’ desde los ayuntamientos, diputaciones y parlamentos autonómicos hasta ‘convencer’ al Congreso y al Senado. Pero AI insiste en la necesidad de cerrar el resquicio constitucional del artículo 15, que la abolía “salvo lo que puedan disponer las leyes penales militares para tiempos de guerra”, y aboga por eliminar esa mención o prohibir expresamente en la Carta Magna su aplicación.

El único español condenado a muerte en el mundo es Pablo Ibar, sentenciado en 2000 en Estados Unidos junto a otro hombre por el asesinato de tres personas durante un robo. Él sigue clamando su inocencia tras alegar una inadecuada defensa de su abogado de oficio, ver avaladas pericialmente las dudas sobre la principal prueba de cargo –una borrosa foto obtenida de una cinta de videovigilancia– y quedar claro que ninguna huella dactilar ni muestra de ADN recogida en el lugar del triple crimen es suya. Es otro caso que oscurece aún más las enormes sombras sobre la pena de muerte en Estados Unidos, donde más de 130 personas –incluido el español Joaquín José Martínez– han salido desde 1976 del ‘corredor de la muerte’ tras probarse su inocencia. Varias más han sido ejecutadas entre serias dudas sobre su culpabilidad.

El caso estadounidense, con más de 1.200 ejecuciones desde que se reanudaron en 1977 y más de 3.000 condenados en el corredor de la muerte, preocupa especialmente a Amnistía Internacional porque ese país reclama un liderazgo mundial en materia de derechos humanos. “¿Cómo puede hacerlo cuanto todavía comete homicidios judiciales?”, se pregunta la directora adjunta de Derecho Internacional y Política de la organización, Widney Brown, antes de remarcar que “la pena de muerte es cruel, degradante, ineficaz y totalmente incompatible con todo concepto de dignidad humana” y que “su uso en EE.UU. se caracteriza por la arbitrariedad, la discriminación y los errores”.

De hecho, los informes sobre la pena capital en Estados Unidos sugieren que su ejecución es “una lotería” en cuyo desenlace juegan desde los recursos de la fiscalía hasta la representación letrada y la composición del jurado, pasando por las políticas electoralistas y la raza de la víctima y el condenado. Y lo dicen hasta los jueces. Cuando la Corte Suprema del Estado de Washington decidió en 2006 mantener la máxima pena por cinco votos a cuatro, los magistrados discrepantes alertaron de “la arbitrariedad con que se administra la pena de muerte”, que “es como un rayo, que cae al azar sobre unos acusados y no sobre otros”. Su advertencia quedaría avalada en 2010, cuando la primera ejecución en ese Estado en nueve años castigó al autor de un único crimen; en 2003, “el peor asesino en masa en la historia” de Washington se libró de ella a cambio de confesar sus 43 víctimas femeninas.

Pero Estados Unidos no es más que un símbolo inquietante en un escenario mundial donde en el último año todavía hubo más de 700 ejecuciones en 18 países y se dictaron penas de muerte en 56. Más de 17.000 personas (7.000 en Pakistán) tienen esa espada de Damocles sobre su cabeza. Pero se trata de estimaciones mínimas que se quedan cortas de la realidad. Faltan datos de “países ejecutores” como Egipto, Malasia, Sudán, Tailandia, Vietnam, Irán (que merece capítulo aparte por llevar a menores a la horca y por las lapidaciones) y, sobre todo, China, cuyo secretismo oficial no logra esconder que su número de ejecuciones supera a la suma del resto de países.

También Irak y Arabia Saudí figuran en la lista de países con más sentencias capitales materializadas. Y hay casos preocupantes como el de Japón, el segundo país superdesarrollado que junto a Estados Unidos mantiene y aplica la pena de muerte, apoyada por el 85% de la población y de la que ni siquiera se libran las personas con enfermedad mental. La llegada de una ministra de Justicia opuesta a la pena capital no ha bastado para evitar un par de ejecuciones en 2010, mientras el país asiático mantiene su dudoso récord mundial de tiempo en el corredor de la muerte, en el que un condenado lleva desde 1968.

Pero, más allá de algunos retrocesos, la esperanza de eliminar la pena de muerte en todo el mundo se acentúa cada año. Con cuatro tratados internacionales y tres moratorias reclamadas por la ONU como cimientos, bastantes países han ido poniendo nuevos ladrillos en esa construcción. Rusia al prorrogar su moratoria de ejecuciones. Mongolia al declarar la suya. Pakistán e India al mantenerla de hecho. Kenia al declarar inconstitucional la condena a muerte obligatoria  en caso de asesinato. Sudán al liberar a medio centenar de sentenciados a la pena capital en un acuerdo para resolver el conflicto de Darfur. E incluso China al reducir los delitos económicos penados con la muerte.

Ningún país puede ya hacer oídos sordos a la creciente presión internacional contra la pena de muerte, tanto desde el ámbito no gubernamental en el que destaca AI, como desde las Naciones Unidas, que ha aprobado tres resoluciones en 2007. 2008. y 2009 para exigir sendas “moratorias de las ejecuciones, con miras a abolir la pena capital”. La tendencia es imparable. Cuando nació la ONU en 1946, apenas ocho Estados habían abolido la pena máxima. Ahora, legalmente o en la práctica, ya son 139 de sus 192 miembros.

(Para más información sobre el trabajo de AI contra la pena de muerte, visita nuestra web)


viernes, 1 de abril de 2011

AMNISTÍA INTERNACIONAL: PENA DE MUERTE EN EL AÑO 2010

Pena De Muerte En El Año 2010:


Los países que llevan a cabo ejecuciones, aislados tras una década de avances


Según el informe sobre las condenas a muerte y ejecuciones en 2010, los países que siguen utilizando la pena de muerte se están quedando cada vez más aislados tras una década de avances en el camino hacia la abolición.

Un total de 31 países han abolido la pena de muerte en los últimos diez años, pero Arabia Saudí, China, Estados Unidos, Irán y Yemen siguen figurando entre los que llevan a cabo más ejecuciones, vulnerando en algunos casos de forma flagrante las normas internacionales de derechos humanos.

Las ejecuciones registradas oficialmente por Amnistía Internacional en 2010 se elevaron al menos a 527, lo que supone un descenso respecto al año pasado, en el que como mínimo fueron 714. Al parecer, China llevó a cabo miles de ejecuciones en 2010, pero este país sigue manteniendo su hermetismo habitual sobre el uso de la pena de muerte.

“En 2010, los pocos Estados que siguen utilizando de manera sistemática la pena de muerte llevaron a cabo miles de ejecuciones, en contra de la tendencia global a la abolición de la pena capital”, señaló Salil Shetty, Secretario general de Amnistía Internacional.

“Las ejecuciones pueden estar disminuyendo, pero en varios países continúan imponiéndose penas de muerte por delitos como los relacionados con drogas, los económicos, el mantenimiento de relaciones sexuales entre adultos con consentimiento mutuo y la blasfemia, en contra de lo dispuesto por las normas internacionales de derechos humanos que, excepto en el caso de los delitos más graves, prohíben el uso de la pena de muerte”, agregó Salil Shetty.

Asia y Oriente Medio son las dos regiones en las que se llevan a cabo más ejecuciones.

En 2010, China siguió utilizando la pena de muerte contra millares de personas por una amplia variedad de delitos, entre ellos algunos no violentos, y tras procedimientos que no cumplían las normas internacionales sobre justicia procesal.

Un porcentaje notable de las ejecuciones o condenas a muerte registradas en 2010 en Arabia Saudí, China, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Indonesia, Irán, Laos, Libia, Malasia, Tailandia y Yemen tuvo que ver con delitos relacionados con drogas.

En 2010, haciendo caso omiso de las prohibiciones internacionales, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Irán y Pakistán condenaron a muerte a personas por delitos cometidos cuando tenían menos de 18 años.

En el informe de Amnistía Internacional se ponen de relieve que en 2010 se registraron también algunos retrocesos, pues en seis países y territorios se reanudaron las ejecuciones y en uno se amplió el ámbito de aplicación de la pena capital.

“Pese a algunos retrocesos, gracias a las novedades registradas en 2010 estamos más cerca de conseguir la abolición de la pena de muerte en todo el mundo. El presidente de Mongolia anunció una suspensión del uso de la pena capital, un primer paso importante teniendo en cuenta que en ese país la pena de muerte sigue siendo secreto de Estado. Y por tercera vez, y con más apoyo que nunca, la Asamblea General de la ONU pidió una moratoria de las ejecuciones en todo el mundo”, señaló el secretario general de Amnistía Internacional.

Desde 2003, menos de la mitad de los países retencionistas han llevado a cabo ejecuciones. Y se tiene noticia de que en menos de una tercera parte se han ejecutado penas de muerte en cada uno de los últimos cuatro años.

“Los países que siguen llevando a cabo ejecuciones no tienen en cuenta el hecho de que tanto las normas internacionales de derechos humanos como los organismos de derechos humanos de la ONU han sostenido de manera sistemática que la abolición de la pena de muerte debe ser el objetivo último.”

“Un mundo sin pena de muerte no sólo es posible, sino inevitable –señaló Salil Shetty–. La cuestión es saber cuándo lo conseguiremos.”

Resúmenes regionales

América
·           En Estados Unidos, el único país de América en el que se llevan a cabo ejecuciones, se impusieron al menos 110 penas de muerte en 2010, es decir, aproximadamente un 70 por ciento menos que a mediados de la década de 1990. Y en marzo de 2011 Illinois se convirtió en el 16 º estado en abolir la pena capital.

Asia y Oceanía
·           En 2010, Amnistía Internacional no pudo confirmar ninguna cifra global respecto al uso de la pena de muerte en China, Corea del Norte, Malaisia, Singapur y Vietnam, pero tuvo noticia de que se habían llevado a cabo ejecuciones en todos estos países. Se recibió información según la cual se habían llevado a cabo al menos 82 ejecuciones en otros cinco países de la región.
·           En 2010, en 11 países (Afganistán, Brunéi, Corea del Sur, Indonesia, India, Laos, Maldivas, Myanmar, Pakistán, Sri Lanka y Tailandia) se impusieron penas de muerte, pero siguieron sin llevarse a cabo ejecuciones.
·           En Oceanía siguieron sin imponerse penas de muerte ni llevarse a cabo ejecuciones.
·           En enero de 2010, el presidente de Mongolia anunció una suspensión de las ejecuciones con vistas a la abolición de la pena capital.

Europa y Asia Central
·           Después de que en 2009, por primera vez en la historia, no se hubiera llevado a cabo ninguna ejecución en Europa ni en la ex Unión Soviética, las autoridades bielorrusas llevaron a cabo dos en marzo de 2010.  En Bielorrusia se impusieron tres nuevas penas de muerte en 2010.

Oriente Medio y el Norte de África
·           En 2010, el número de condenas a muerte y ejecuciones en Oriente Medio y el norte de África disminuyó respecto al año anterior. Sin embargo, cuando se aplicaba la pena de muerte, solía hacerse tras juicios injustos y por delitos que, como el narcotráfico o el adulterio, no estaban reconocidos como los “más graves”, en contra de lo dispuesto en  el derecho internacional.
·           Las autoridades de Argelia, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Kuwait, Líbano, Marruecos y Sáhara Occidental y Túnez continuaron imponiendo penas de muerte, pero siguieron absteniéndose de ejecutarlas.
·           Las autoridades iraníes reconocieron que en 2010 se había ejecutado a 252 personas, entre ellas cinco mujeres y una condenada por delitos cometidos cuando era menor de edad. Amnistía Internacional recibió informes dignos de crédito según los cuales a estas ejecuciones habría que añadir las más de 300 no reconocidas oficialmente, la mayoría de ellas llevadas en cabo en la prisión de Vakilabad, en la localidad de Mashhad. La mayoría de éstas últimas lo fueron por delitos relacionados con drogas. En Irán se ejecutó a 14 personas en público y continuaron imponiéndose numerosas penas de muerte.

África Subsahariana
·           En 2010, un Estado africano más, Gabón, suprimió la pena de muerte, con lo que se elevó a 16 los países abolicionistas miembros de la Unión Africana.
·           Se tuvo noticia de que en 2010 se habían llevado a cabo ejecuciones en cuatro países del África Subsahariana: Botsuana (1), Guinea Ecuatorial (4), Somalia (al menos 8) y Sudán (al menos 6).

Fuente: Informe Anual 2010 de Amnistía Internacional, disponible en el sitio Web: http://www.amnesty.org/