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lunes, 14 de marzo de 2016

Presidentes de Bolivia: Entre Urnas y Fusiles 2016







Por: Carlos D. Mesa Gisbert
8 de marzo de 2016

La nueva edición de mi libro “Presidentes de Bolivia Entre Urnas y Fusiles” (la quinta) que se editó por primera vez en 1983, además de los aportes que hace al estudio del cargo presidencial en Bolivia, que estaban ya desarrollados en las cuatro ediciones anteriores, incorpora nuevos elementos que son del mayor interés para el enriquecimiento teórico de una cuestión fundamental de la historia boliviana: la primera magistratura del Estado.

La cuarta edición contaba 753 páginas más XXXI páginas de prólogos. La actual tiene 915 páginas y XL de prólogos.

Vale la pena leer el interesante prólogo de la consagrada historiadora Marie-Daniele Demélas que se suma a los de Alberto Crespo, René Arze y Alcides Parejas.

En esta edición he reelaborado completamente el capítulo 1 dedicado a la Constitución y el Sistema Presidencial, allí hago un intento de ensayo interpretativo y conceptual sobre nuestras constituciones desde 1826 hasta 2009, que va más allá de las consideraciones referidas al cargo sujeto de estudio. La mirada entre la visión política liberal y la híbrida del texto de 2009 es motivo de una sugerente comparación.

He sustituido el capítulo 3 que hacía una valoración cualitativa de los presidentes, por uno totalmente nuevo basado en mi ponencia de ingreso a la Academia Boliviana de Historia. Se titula “Presidentes: ¿El Poder de las Elites?”. En sus páginas buscó demoler mitos referidos a supuestas elites de origen hispano, hago una consideración fundamental sobre la importancia del origen y la estratificación étnica en la construcción de elites, reafirmo la idea de que nuestra sociedad tiene elites sin tradición, me refiero a la compleja relación de mandatarios que iniciaron su vida militar en las filas realistas y aquellos que lo hicieron en las filas patriotas, hago consideraciones sobre presidentes y elites políticas, su origen de cuna, su estatus económico, comparo la ecuación entre provincianismo y cosmopolitismo de los gobernantes en el siglo XIX y primera mitad del XX, los núcleos familiares y el poder y, finalmente, desbarato la idea muy frecuente de que nuestros presidentes en su mayoría fueron improvisados. Por el contrario, la experiencia de la mayor parte de los presidentes en la administración pública es impresionante.

El capítulo 7 ha sido sustancialmente mejorado con nuevos datos sobre los procesos electorales, haciendo una historia comprensible y de fácil lectura de la historia electoral presidencial boliviana desde 1835 (citar este año como el primero de nuestra historia electoral es un aporte nuevo) a hoy con datos homologados sobre resultados electorales, candidatos, siglas y partidos políticos desde 1840 hasta 2014.

He incorporado un capítulo nuevo, el 9, dedicado al cargo vicepresidencial, que merece un desarrollo y tratamiento especial por su vínculo y frecuente antagonismo con el cargo presidencial.

El libro se conoce mayoritariamente por sus cuadros estadísticos que son, sin duda, uno de sus aportes mayores a la historiografía boliviana en historia cuantitativa, que incorporó desde 1990 un recuento exhaustivo de los 1.250 ministros desde Bolívar hasta Morales, y por la iconografía presidencial que contó en su momento con el indiscutible conocimiento de un historiador del arte como mi padre, José de Mesa, quien escogió los mejores retratos presidenciales desde el punto de vista de su calidad artística. Estas partes son relevantes, sin duda, pero me parece que las 319 páginas de estudio sobre el tema que preceden a los cuadros son muy importantes en sus consideraciones sobre estabilidad e inestabilidad, democracia y gobiernos de facto, la conceptualización de los golpes de Estado y el desbaratamiento de la falacia del número de presidentes y de acciones cuartelarias en el país. En sus 190 años de vida independiente Bolivia ha tenido 88 gobiernos y 65 presidentes, ni más ni menos que eso.

FICHA TÉCNICA: “PRESIDENTES DE BOLIVIA ENTRE URNAS Y FUSILES, La Paz 2016, Editorial Gisbert, 5º edición, XL y 915 pp. con ilustraciones. Edición de tapa dura y edición en rústica. 24×17 cm. papel hueso e ilustraciones en papel cuché. Precio Tapa Dura: 430 bolivianos. Precio edición en rústica: 280 bolivianos.
En venta en librerías de La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz

Fuente: http://carlosdmesa.com/2016/03/08/5o-edicion-de-mi-libro-presidentes-de-bolivia-entre-urnas-y-fusiles/

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El libro cuyo origen fue la ‘caricatura de país’ que pintaban de Bolivia

Carlos Mesa Gisbert acaba de publicar la quinta edición de su libro ‘Presidentes de Bolivia. Entre urnas y fusiles’, que repasa la historia del presidencialismo en el país, sus características y las condiciones del mandato de 65 titulares del Gobierno de Bolivia.

La Razón (Edición Impresa) / Rubén Atahuichi / La Paz
00:02 / 14 de marzo de 2016

Cuando en 1983 Alberto Crespo Rodas escribía que a Carlos Mesa “le ha intrigado, tal vez dolido” que fuera del país crean que Bolivia vive “en medio de un impresionante número de trastornos políticos y cambios de gobierno”, era solo un estigma sin contexto histórico para el país. Entonces Bolivia cumplía 158 años de vida republicana y apenas un año de haber recuperado su democracia, después  de “doscientas revoluciones” previas.

Han pasado 33 años desde aquel prólogo que el escritor, historiador y diplomático boliviano hiciera sobre la primera edición del libro Presidentes de Bolivia. Entre urnas y fusiles, del expresidente Mesa (2003-2005).

Es que, revisando ahora la quinta edición del texto (en circulación en el país desde el lunes), Bolivia tuvo en su historia 24 gobiernos estables (27%), considerando cuatro años o más de duración; 27 de “mediana estabilidad” (31%), de entre uno y cuatro años, y 36 “inestables” (41%), con menos de un año en funciones. Son datos —como aclara el libro— cuyo límite de tiempo es 2015; es decir, sin contar el actual tercer mandato del presidente Evo Morales.

¿Fue tan dramática la situación? Mesa aún masculla la bronca por aquella percepción internacional. Cuenta que, especialmente las agencias extranjeras de información, sostenían que Bolivia “es un país que tiene más golpes de Estado y presidentes que número de años de vida”.

“Eso me ponía con un humor de perros”, dice ahora en una entrevista con Animal Político el periodista, historiador y vocero de la causa marítima. Por eso —recuerda— se puso manos a la obra para tratar de desmitificar el imaginario.

“Ese trabajo, cuyo objetivo era demostrar que Bolivia no era esa caricatura de país que las agencias internacionales decían, terminó en la historia de este libro”, cuenta el autor de la obra que, en esta reciente edición, tiene 913 páginas, con creces lejos del volumen de la escuálida primera edición de 1983.

Escrito en el periodo crítico de la historia del país, entre los gobiernos del dictador Luis García Meza (1980-1981) y del presidente constitucional Hernán Siles Zuazo (1982-1985), Entre urnas y fusiles recoge el transcurso de 65 presidentes de Bolivia, de los de facto y democráticos, hasta el periodo actual de Morales.

Más completo y con mayores elementos que sus ediciones anteriores, la obra hace un repaso interesante sobre datos cuantitativos de la historia con relación a la economía, las situaciones social y política, y los procesos electorales, con matices para el análisis y la revisión histórica.

Del extenso menú, necesario para la consulta y urgente para la lectura, destaca el capítulo referido al poder y las élites, en el que Mesa describe y analiza una serie de variables relativas a la condición social, profesional o política de los presidentes del país. Y esto, para desmitificar el criterio común de que los gobiernos “siempre” fueron de las élites.

¿Y lo fueron? Mesa explica que, a excepción de Aniceto Arce (1880), Gregorio Pacheco (1884-1888) y Gonzalo Sánchez de Lozada (1993-1997 y 2002-2003), que “llegaron al poder millonarios”, muchos mandatarios provenían o de clases humildes o de clase media. “Es decir, el número de presidentes de origen humilde es mucho más alto de lo que uno supone”.

Entre urnas y fusiles anota que “entre 1825 y 1879 varios presidentes tenían un origen muy humilde e incluso en algún caso oscuro”. En la lista se cita a Sebastián Ágreda (1841), Eusebio Guilarte (1847-1848), Manuel Isidoro Belzu (1848), Jorge Córdova (1855-1857), Mariano Melgarejo (1864-1871), Agustín Morales (1871-1872) e Hilarión Daza (1876-1879), “casi la mitad de los presidentes de ese periodo”.

ORIGEN. En los siglos XX y XXI, Mesa encuentra con esa misma condición a Bautista Saavedra (1920 y 1921-1925), Felipe S. Guzmán (1925-1926), Germán Busch (1936 y 1936-1939), Enrique Peñaranda (1940-1943), Gualberto Villarroel (1943-1946), Hugo Ballivián (1951-1952), René Barrientos (1966-1969), Juan José Torres (1970-1971), Hugo Banzer (1971-1978 y 1997-2001), David Padilla (1978-1979), Celso Torrelio (1981-1982),  Guido Vildoso (1982) y, “obviamente”, Evo Morales (2006-2016). “Eran de extracción o muy humilde o de clase modesta”, describe el libro.

¿Y hubo élites aristocráticas en el país? “La respuesta es no; fueron élites de poca raigambre vinculada a la nobleza”, responde Mesa. Cita a dos presidentes: Andrés de Santa Cruz Calahumana (1829-1839) y José María Linares (1857-1861). El primero fue hijo de una noble aymara, Juana Basilia Calahumana, caciquesa de Huarina, del señorío del Titicaca; y el segundo, descendiente de Casa Real ySeñorío de Rodrigo de Navarra, de España.

Otro punto de consideración es el nivel de preparación de quienes condujeron el país, situación no necesariamente vinculada a la academia, sino a la misma formación para la gestión pública y política de la que gozaron muchos de ellos. “No es cierto que sean una manga de improvisados, que no saben dónde están parados y que llegan de carambola”, describe ahora Mesa.

A ver, de los 65 anfitriones del Palacio de Gobierno, el 22% (14) había sido antes vicepresidente; el 35% (22) de ellos fueron embajadores antes o después; el 58% (38), ministros de Estado; el 18% (13), prefectos; el 8% (5), munícipes; el 48% (30), legisladores, y 8% (5), miembros del Poder Judicial. El actual embajador ante La Haya y agente boliviano en el juicio contra Chile, Eduardo Rodríguez, fue titular de la otrora Corte Suprema de Justicia, y en esa condición accedió a la presidencia de la República (2005) cuando Mesa renunció y los presidentes de las cámaras de Diputados y de Senadores de entonces desistieron de la sucesión constitucional.

En el capítulo electoral, Entre urnas y fusiles recoge datos de todas las elecciones presidenciales, candidato por candidato y partido por partido. De ellas, entre 1825 y 1835 era la Asamblea General la que definía el nombre del Presidente de la República. Considera una primera etapa, en 1835, al voto popular a través de juntas electorales de parroquia, por única vez en la historia. La segunda, “voto censitario”, de 1940 a 1951, fue de “voto calificado” durante 25 elecciones; y la última, “voto universal”, de 1956 hasta ahora, con 15 comicios. Mesa recuerda que la elección de Ismael Montes (Partido Liberal), en 1913, fue llamativa, con 77.731 votos, el 98,86% de los electores. Victoria casi por “unanimidad”.

Ya durante el voto universal, Víctor Paz, del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), consiguió en 1964 el 97,89% de los votos. “Si ése fue voto transparente, yo soy astronauta”, ironiza el expresidente. Los triunfos más cortos se los atribuye a Hugo Banzer, de Acción Democrática Nacionalista (ADN), en dos ocasiones (1997 y 1985), y a Gonzalo Sánchez de Lozada, del MNR, en tres (2002, 1989 y 1993). Eso “demuestra el proceso de atomización de la elección”, describe Mesa.

En la quinta edición, el autor hace una incorporación de datos y características sobre los vicepresidentes, cuyo papel destaca hasta antes de 2009, cuando se instituyó la actual Constitución Política del Estado (CPE). Él mismo fue vicepresidente de Sánchez de Lozada y en esa condición fue presidente nato del Congreso Nacional, y ante la huida de aquél el 17 de octubre de 2003, su  sucesor constitucional.

VICEPRESIDENTE. Hasta antes de la CPE de 2009, el Vicepresidente tenía “cero incidencia en el Poder Ejecutivo, era la garantía de la separación e independencia de poderes; es que el Vicepresidente no puede estar involucrado en el Poder Ejecutivo”, cuestiona.  Las instituidas en la nueva Constitución son “atribuciones que rompen el sentido republicano”, dice Mesa.

Ahora el Vicepresidente “tiene más poder, porque es cabeza del Órgano Legislativo y parte integrante y coadyuvante de la política exterior y política del Estado del Órgano Ejecutivo”. Ese papel juega el vicepresidente Álvaro García Linera. “Me parece mal” que así sea, sentencia el periodista historiador.



Presidentes de Bolivia. Entre urnas y fusiles es una marea de datos interminables de estudiar, susceptible de continuar alimentándose en adelante. Mesa cree que en seis meses más es capaz de plantearse nuevos elementos de análisis y cuantificación para su próxima edición.

Por el momento, se espera que a los 51 gobiernos constitucionales de Bolivia y a las 40 elecciones por voto directo se sumen muchos más y no haya uno más con relación a los 37 regímenes de facto, por ninguna circunstancia. Y transcurrirán más ministros de los 1801 de la historia descritos uno a uno en el libro.

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martes, 12 de abril de 2011

CINCO EX PRESIDENTES DE BOLIVIA SE SUMAN A LA ESTRATEGIA DE LA DEMANDA MARÍTIMA CONTRA CHILE

CINCO EX PRESIDENTES SE SUMAN A LA ESTRATEGIA DE LA DEMANDA MARÍTIMA CONTRA CHILE

Se decidió formar un Consejo Consultivo del que serán parte los ex mandatarios, quienes destacaron que la inédita reunión es una señal de unidad nacional
La Razón – 12 de abril de 2011
En una reunión que se prolongó por cerca de tres horas, el presidente Evo Morales y cinco ex gobernantes acordaron formar un Consejo Consultivo a través del cual los ex mandatarios participarán activamente en el diseño de la estrategia contra Chile para volver al mar con soberanía.
Palacio Quemado fue el escenario del inédito encuentro que tuvo como eje de diálogo la decisión de recurrir a instancias internacionales para resolver el diferendo marítimo que se arrastra desde hace 132 años. Las ex autoridades llegaron por separado e ingresaron directamente hasta un salón en el primer piso del Palacio.
Pasadas las 19.30, Morales, Carlos Mesa, Jorge Quiroga, Eduardo Rodríguez, Jaime Paz y Guido Vildoso salieron del salón y bajaron las escalinatas principales hasta ubicarse al pie del hall, desde donde informaron sobre algunos detalles de la cita.
“Ex presidentes, decirles muchas gracias, muchísimas gracias por orientarme, lo digo con mucha sinceridad, no tengo nada que ocultar, esta tarde aprendí bastante sobre las grandes experiencias y sus reflexiones por esta aspiración del pueblo boliviano", destacó Morales, para minutos después dejar a sus invitados y retornar a su oficina.
Paz fue encomendado para expresar la posición de sus colegas. Calificó de positivo el encuentro e informó que serán parte activa del diseño de la política orientada a recuperar una salida al Pacífico con soberanía.
“El propio Presidente nos pidió que conformáramos una especie de Consejo Consultivo para que junto con la Dirección de Estrategia Marítima y en conexión con él (Morales) y el propio Canciller podamos trabajar para los objetivos planteados por el Gobierno y el Presidente. Nosotros hemos aceptado participar”, afirmó.
Reserva. El 23 de marzo, Día del Mar, el Gobierno anunció el giro en pos de la reivindicación nacional. En este objetivo, se creó y formó la Dirección de Estrategia Marítima, bajo la conducción del ex ministro Rubén Saavedra, y el Consejo Nacional Marítimo, con tuición presidencial.
“Hemos podido dar cada uno la opinión de lo que nos parecía importante. Sin lugar a dudas que los contenidos fundamentales han sido dichos en la intimidad de la oficina presidencial y son parte de una estrategia que se va a llevar hacia adelante”, explicó y evitó dar mayores detalles.
No obstante, consideró que el inédito encuentro también es un paso hacia la consolidación de la democracia porque nos muestra ante el mundo como un “país más sólido, más coherente”. Añadió que la decisión de apelar a instancias internacionales debe estar respaldada con actitudes que eviten la agresividad.
"Si vamos a ir a pedir justicia afuera, también tenemos que demostrar que podemos hacer justicia en nuestro país", reflexionó, sin hacer referencia a un aspecto en particular.
La Asamblea Legislativa analiza el pedido de autorización de juicios contra Mesa y Quiroga por la puesta en vigencia de contratos petroleros sin autorización legislativa. Rodríguez, por su parte, tiene un proceso por el caso de los misiles chinos.
Tras la conferencia y en puertas del Palacio, Quiroga manifestó que los bolivianos deben unirse en torno a la política marítima. "Hemos hecho muchas sugerencias y recomendaciones luego de haber escuchado la línea que está adoptando el Gobierno, además que nos pidió formar un Consejo Consultivo ad honorem para que sigamos contribuyendo de la forma y manera que vea por conveniente, porque al final será el Gobierno el que lo ejecute", sostuvo.
Mesa, mientras tanto, indicó que ésta es una señal al mundo. “Yo me siento muy satisfecho de que Bolivia pueda demostrarle al mundo que somos un país serio, con políticas de Estado", declaró a los periodistas.
Morales calificó de inédito el encuentro y destacó que es una responsabilidad histórica.
Pide a Perú mantener decisión
El ex mandatario Jorge Quiroga pidió a los candidatos en segunda vuelta a la presidencia del Perú, Ollanta Humala y Keiko Fujimori, respetar el compromiso del mandatario Alan García de que Perú no será un obstáculo en la solución de una salida al mar para Bolivia. “A los candidatos Humala y Fujimori les pido como boliviano mantengan algo que es esencial: la posición del presidente Alan García, de viabilizar cualquier arreglo   al que Bolivia pueda llegar  (con Chile). Costó mucho levantar ese candado de Perú, el presidente García dio ese paso”, recordó.
Chile declina comentar 
El subsecretario chileno de Relaciones Exteriores, Fernando Schmidt, ratificó ayer  la posición histórica de su país frente a la demanda marítima de Bolivia, y declinó referirse a la reunión convocada por el presidente Evo Morales con ex mandatarios sobre este tema.
La posición chilena "es muy clara y está contenida en una serie de instrumentos que nosotros hemos emitido a lo largo de la historia y han sido muy claros en ese sentido", declaró a periodistas, reportó EFE desde  San Salvador.
El funcionario, quien el lunes visitó El Salvador, donde participó en el simposio "Desafíos para la Aplicación de la Carta Democrática Interamericana en el Hemisferio", organizado por la Cancillería salvadoreña, señaló que la postura de su país ha sido confirmada últimamente por el presidente chileno, Sebastián Piñera. "Sobre la reunión en sí misma no tenemos nada que comentar", añadió, al aludir al encuentro  de Morales con ex gobernantes.
Gueiler mandó su opinión
La ex presidenta Lydia Gueiler Tejada envió una misiva al mandatario Evo Morales en la que justifica los motivos por los que no pudo asistir ayer a la reunión de diseño de la nueva estrategia marítima. 
El nieto, Luis Eduardo Siles, fue el encargado de dejar la carta de excusa a la Presidencia. “(Gueiler) explica que por su estado de salud, el cual no le permite desplazarse, no asistirá a la reunión de hoy (ayer) con los ex mandatarios”, dijo.
Resaltó que la ex gobernante apoya un diálogo multilateral para lograr la soberanía marítima. “Confío en que los resultados de ese encuentro, así como la estrategia que emerja de esa consulta, coadyuven a lograr que este anhelo patrio (...) se realice en las mejores condiciones posibles”, dice parte de la misiva de Gueiler a Morales.
El Mandatario se reunió con los ex presidentes Carlos Mesa, Eduardo Rodríguez, Jaime Paz Zamora, Jorge Quiroga y Guido Vildoso. En la cita explicó la estrategia marítima.

El mar supera las diferencias entre Evo y 5 ex presidentes

REIVINDICACIÓN: Los ex mandatarios integrarán un Consejo Consultivo para fortalecer la estrategia nacional.
El presidente Evo Morales agradeció ayer la predisposición y la voluntad expresadas por cinco ex presidentes para aportar con sus conocimientos y experiencia en la elaboración de la estrategia de reivindicación marítima que será presentada ante tribunales internacionales de justicia.
Por más de tres horas, el Jefe del Estado se reunió ayer con Eduardo Rodríguez Veltzé, Carlos Mesa, Jorge Quiroga, Jaime Paz Zamora y Guido Vildozo, en el Palacio de Gobierno, con el objetivo de analizar conjuntamente la política de acceso soberano al océano Pacífico, iniciada por su administración el pasado 23 de marzo.
Al concluir el encuentro, Morales sostuvo que “agradezco a los ex mandatarios por aceptar la invitación para recibir sus reflexiones, orientaciones y conocimientos, como también las gestiones que hicieron estando de presidentes sobre la aspiración del pueblo boliviano de retornar con soberanía a las costas del océano Pacífico”.
Después de la sesión, a la que no asistió la ex presidenta Lydia Gueiler Tejada por motivos de salud, Morales y los ex mandatarios demostraron un ambiente de cordialidad y unidad en torno a la nueva estrategia, pese a los desacuerdos políticos, programáticos e ideológicos que los separan. “Por encima de las diferencias políticas está el interés del país”, coincidieron en señalar Carlos Mesa y Jorge Quiroga.
BOLIVIA UNIDA. Por su parte, Jaime Paz Zamora, en nombre de los ex presidentes, expresó que aceptaron la solicitud que les hizo Evo Morales para formar un Consejo Consultivo para que, junto con la Dirección de Estrategia Marítima y la Cancillería, trabaje en el enriquecimiento y socialización de la propuesta nacional.
“Hemos participado en un encuentro muy positivo. Esta tarde (ayer), vimos que la democracia ha dado un paso importante. No hubo en nuestra historia un presidente que haya convocado a ex presidentes, lo que hace que sea un hecho que apuntala la democracia y nos muestra ante el mundo como un país muy sólido en torno a la reivindicación marítima y con una democracia muy fuerte”.
Chile ratifica su posición
El subsecretario chileno de Relaciones Exteriores, Fernando Schmidt, ratificó la posición histórica de su país frente a la demanda marítima de Bolivia, y declinó referirse a una reunión convocada por el presidente Evo Morales con ex mandatarios de su país sobre este tema.
La posición chilena “es muy clara, está contenida en una serie de instrumentos que nosotros hemos emitido a lo largo de la historia y han sido muy claros en ese sentido”.
El funcionario señaló que la postura de su país ha sido confirmada por el presidente chileno, Sebastián Piñera.
Opinan los ex presidentes
“Estoy optimista y dispuesto a colaborar en todo lo que sea para el bienestar para Bolivia y, sobre todo, para la unidad de todos los bolivianos. Vine a escuchar al presidente Evo Morales sobre cuál es su estrategia, cómo llegó a la decisión estratégica de acudir a los tribunales internacionales y de qué manera piensa continuarlo”.
Jaime Paz Zamora / Ex presidente (1989-1993)
“Uno tiene que estar por encima de los asuntos personales cuando se trata de una cuestión de Estado. Es tiempo de unidad en el tema marítimo y hay que destacar que el presidente Evo Morales nos haya invitado, lo que muestra que por encima de las diferencias políticas, y que las hay y muy grandes, está el interés del país”.
Carlos Mesa / Ex presidente (2003-2005)
“He tenido, tengo y seguiré teniendo muchas diferencias con el actual Gobierno en muchos campos, pero la causa marítima es sagrada. Chile y el mundo tienen que entender que todos los bolivianos queremos exactamente lo mismo: un acceso marítimo al Pacífico con soberanía para salir del enclaustramiento”.
Jorge Quiroga / Ex presidente (2001-2002)
“Hemos participado en un encuentro muy positivo. Escuchamos los planteamientos del Mandatario sobre la política de reivindicación marítima que lleva adelante y, posteriormente, cada uno mencionó los aspectos importantes que se hicieron en torno a este tema durante nuestras gestiones como jefes de Estado”.
Eduardo Rodríguez Veltzé / Ex presidente (2005-2006)
“Este encuentro estuvo a la altura de las expectativas. Ha sido una reunión en la que todos hemos participado y se ha demostrado mucha unidad alrededor del tema marítimo. El presidente Evo Morales nos consultó si podíamos formar un Consejo Consultivo que, me imagino, lo va a organizar en las próximas horas”.
Guido Vildozo Calderón / Ex presidente (1982)

miércoles, 2 de febrero de 2011

EL MARISCAL DE AYACUCHO: Antonio José de Sucre en la Historia de Bolivia



Y entre los verdaderos fundadores de Bolivia…
El magnánimo Mariscal de Ayacucho:
Antonio José de Sucre
Por: Floren Sanabria
Antonio José de Sucre y Alcalá nació en Cumaná, Venezuela, el 3 de febrero de 1795. Hijo de Vicente de Sucre y María de Alcalá, su esposa fue Mariana Carcelen y Larrea (ecuatoriana). Fue un militar especializado en ingeniería, estratega, político y filósofo. Inició muy joven su carrera, logrando ascensos en forma rápida junto al Libertador Simón Bolívar, participó en casi todas las batallas de la Guerra de la Independencia, siendo sus más famosas la de Pichincha, con la que dio libertad al Ecuador y la de Ayacucho, en la que triunfó sobre un ejército superior comandado por el Virrey La Serna, lo que le valió su ascenso al grado de Mariscal. Con la capitulación de Ayacucho casi terminó la campaña formal de la Independencia, aunque todavía quedaba en el Alto Perú una fuerte división al mando del general Pedro Antonio Olañeta.
A sus 30 años fue el segundo Presidente de Bolivia, desde el 2 de enero de 1826 hasta 18 de abril de 1828. El Mariscal Sucre sentó las primeras bases en la administración del país y lo encauzó por la senda del derecho, la justicia, el trabajo y la honradez, era ejemplo vivo de honestidad y patriotismo. Fue el gran organizador de la naciente República. Una de las primeras medidas que adoptó, el 23 de enero, fue establecer mediante decreto la división política del país, con los departamentos Chuquisaca, La Paz, Potosí, Cochabamba y Santa Cruz, subdivididos en provincias y cantones con sus respectivos prefectos. Luego a Oruro la designó como capital. Se preocupó activamente por la educación, creando escuelas en los pueblos. Hizo que el presupuesto nacional no presentara diferencia alguna, con el propósito de controlar el gasto público y, por tanto, evitar el déficit fiscal; realizó muchas otras obras.
Pero sus propios compatriotas del Ejército Libertador, ansiosos por retornar a su Patria y cuyos pedidos no podía atender Sucre por falta de recursos económicos, fueron quienes primero se rebelaron contra él. En diciembre de 1827, el batallón Voltígeros se levantó, pero el coronel Otto Felipe Braun sometió prontamente a los sublevados.
El 18 de abril de 1828 estalló otro motín, esta vez en Sucre, protagonizado por los Granaderos de Colombia que vitoreaban al extranjero peruano Agustín Gamarra, y cuando se encaminaba a caballo a sofocar el motín, fue recibido con una descarga de fusilería que lo hirió en el brazo derecho, aquél con el que había triunfado en Ayacucho. Sucre impedido de gobernar encargó el gobierno a su jefe de gabinete, general José María Pérez de Urdininea. La insurrección había sido alentada y preparada por Gamarra, interesado en el desprestigio del Mariscal, fue el aviso para que este militar, que no aceptaba la separación altoperuana, pasara con sus 6.000 soldados el Desaguadero e invadiera nuestro territorio el 1° de mayo de 1828, con el apoyo de tropas bolivianas conducidas por el servil primer militar traidor, coronel Pedro Blanco, llegando hasta la ciudad de Sucre para ponerse "entre la víctima y los asesinos".
Sucre estaba postrado en cama en la hacienda Ñujcho, próxima a Sucre, convaleciente de su herida. El infame ya ascendido a general Pedro Blanco ordenó su apresamiento y firmó con el general Pérez de Urdininea, que ya había sido nombrado Presidente interino y el invasor Gamarra, el humillante Tratado de Piquiza el 6 de junio de 1828, que dispuso el retiro del Ejército Grancolombiano, la renuncia de Sucre, la designación de un nuevo mandatario, y reforma a la Constitución y el pago por gastos efectuados por el ejército peruano. Ante tales acontecimientos, Sucre, aún enfermo, se hizo presente ante el Congreso con el objeto de rendir cuentas de sus actos y despedirse de Bolivia.
El Gran Mariscal, decepcionado por la ingratitud, la actitud de políticos osados y arribistas, las ambiciones de militares y civiles mediocres, los insultos que recibía, haciendo honor a su decisión de dejar la presidencia ese año, entregó el gobierno a un Consejo de Ministros integrado por el general José Miguel de Velasco. Se despidió el mismo día en que iniciaba su viaje, el 2 de agosto de 1828. Abandonando el país, dejó un mensaje, su testamento político, famoso en nuestra historia: "Aún pediré otro premio a la nación; el de no destruir la obra de mi creación; de conservar por entre todos los peligros la independencia de Bolivia". Desde esta fecha, como maldición para el país, surgieron los eternos "salvadores de la Patria".
Viajó a Venezuela y después de una misión infructuosa en pro de la paz en la Nueva Granada, se dirigió a Quito, y al internarse en la montaña de Berruecos (Colombia) murió asesinado el 4 de junio de 1830. Bolívar al saber la noticia exclamó: "Se ha derramado la sangre de Abel". En Bolivia, la capital de la República lleva honrada su nombre.
Fuente: El Diario Fecha: 02-Feb-2011

El nacimiento del Mariscal de Ayacucho

Por: Floren Sanabria G.
El Gran Mariscal Antonio José de Sucre fue el verdadero creador de Bolivia. Organizador inteligente y esforzado, nació en Cumaná, Venezuela, el 3 de febrero de 1795. Hijo de Vicente Sucre y Manuela de Alcalá, que falleció prematuramente dejando a sus hijos en la orfandad, a los siete años Sucre no había tenido oportunidad de completar su aprendizaje de las primeras letras. Luego lo hizo al lado de un tío suyo, que se encargó de su enseñanza y educación.
A raíz de las muchas arbitrariedades e injusticias que cometían los españoles, surgió un movimiento emancipador en toda la América, encabezado por valientes patriotas dispuestos a libertar a sus esclavizados pueblos. En uno de los ejércitos libertadores, siendo muy joven aún, de 15 años, en 1810 se enroló, sintiendo simpatía por la causa emancipadora.
En 1811 combatió al lado del General Francisco de Miranda en la batalla de Valencia, donde conoció a Simón Bolívar, del que luego sería su lugarteniente. Participó con denuedo en varias batallas, con las que América logró la libertad de Venezuela, Colombia, Ecuador con la victoria de Pichincha (1822) y el Alto Perú. La más notable batalla en la que intervino, comandando a los patriotas, fue la de Ayacucho (1824), por la que mereció el grado de GRAN MARISCAL DE AYACUCHO. Antonio José de Sucre fue uno de los que consiguió la libertad de nuestra Patria, siendo nombrado, como agradecimiento, Segundo Presidente de Bolivia. Organizó al país con sapiencia de gran legislador, excelente estadista, experimentado político y ante todo modesto y humano ciudadano. El Proyecto de Constitución lo envió Bolívar desde el Perú. El Congreso Deliberante de 1825 bajo la presidencia del doctor Mariano Serrano, lo revisó, modificó y aprobó.
Sucre fue segundo Presidente de Bolivia por mandato de Bolívar, del 2 de enero de 1820 al 18 de abril de 1828, pese a muchas dificultades creadas por miembros del Ejército Libertador descontentos y a los propios políticos bolivianos, cuya ambición no les permitía aceptar como primer mandatario a un extranjero.
La ingratitud y la envidia que ensombrecían el alma de algunos malos patriotas, no menguaron el noble espíritu de Sucre, que supo olvidar las heridas recibidas en tierras altoperuanas.
El 26 de enero de 1826 el Mariscal Sucre ordenó que se redacte un decreto dividiendo la nueva República Bolívar en cinco departamentos: Chuquisaca, La Paz, Cochabamba, Potosí y Santa Cruz.
Había transcurrido casi dos años de su gobierno cuando tuvo que afrontar la insurrección en Chuquisaca del regimiento “Granaderos de Colombia”. El batallón Voltígeros lo había hecho con anterioridad.
El General peruano Agustín Gamarra interesado en el desprestigio de Sucre alentó al argentino Cainzo y éste tomó en abril de 1828 el Cuartel de Granaderos, al grito de ¡Viva Gamarra!, hiriendo asimismo con disparos de fusil la cabeza y el brazo del héroe de Ayacucho. Sucre ante este atentado encargó el gobierno a su jefe de Gabinete, General José María Pérez de Urdininea, quien salió al encuentro del general peruano, pero nada pudo hacer, y aprovechó la situación el coronel Pedro Blanco para defeccionar y ponerse con su ejército boliviano al servicio del invasor. Mientras, las fuerzas de Gamarra invadieron el territorio nacional con el apoyo de las tropas conducidas por Blanco, quien apresó a Sucre para apresurar su salida del país.
Ante tales acontecimientos, se hizo presente en el Congreso Constituyente a fin de rendir cuentas de sus actos, renunciar a la presidencia y despedirse luego de Bolivia.
Antonio José de Sucre en septiembre de 1838 se alejó del país, dejó un testamento público que debía ser considerado el evangelio de todo ciudadano boliviano. Parte de dicho mensaje de contenido patriótico, demostrando lo mucho que amó a Bolivia, nos dice: “Bolivia no reconoce otros enemigos exteriores que los de su libertad, su integridad y su independencia, ni enemigos interiores sino los de su prosperidad y sus leyes”.
Murió asesinado a los 35 años cuando viajaba de Bogotá a Quito en el lugar denominado “Salto de Mayo” en la montaña de Berruecos, Colombia, el 3 de junio de 1830. No se ha podido desmentir que los autores intelectuales fueron los generales Ovando y Flores, más tarde el primero presidente de Colombia y el segundo del Ecuador.
Bolívar al saber la noticia exclamó: “Han matado a Abel”.
En Bolivia, la capital de la república, Sucre, lleva honrada su nombre.


Biografía de Antonio José de Sucre
(Cumaná, actual Venezuela, 1795 - Sierra de Berruecos, Colombia, 1830) Militar y político venezolano. Miembro de una familia patricia venezolana de larga tradición militar al servicio de la Corona española, su padre, el teniente coronel Vicente Sucre y Urbaneja, se adhirió a pesar de ello a la causa emancipadora desde sus inicios.
Educado por su tío José Manuel, a los quince años se alistó en el ejército patriota como alférez de ingenieros y participó en la campaña de Miranda (1812) contra los realistas, durante la cual ascendió a teniente. Tras el fracaso de este primer intento emancipador, se refugió en la isla de Trinidad, donde entabló contacto con Mariño, a quien siguió en 1813 en la expedición de reconquista de Venezuela, en la que tomó Cumaná e intervino en la organización del ejército de Oriente.
Su arrojo y sus dotes para la guerra determinaron su ascenso a teniente coronel, y como tal tomó parte en la ofensiva sobre Caracas. Sin embargo, vencido su ejército en Aragua y Urica, debió huir para no ser apresado por los realistas. Integrado de nuevo en la lucha, en la segunda mitad de 1815 participó activamente en la defensa de Cartagena de Indias, desde donde pasó a combatir en la Guayana y el bajo Orinoco.
Con el grado de general de brigada, marchó en 1818 a Angostura, donde Simón Bolívar había instalado su cuartel general y organizaba la República. Allí se convirtió en uno de sus mejores lugartenientes y se ganó la amistad y el respeto del Libertador, quien destacó siempre sus dotes militares y su elevado sentido de la moralidad.
Enviado a las Antillas con la misión de obtener armas para el ejército, ingresó a su regreso en el estado mayor de Mariño, quien combatía en el Oriente venezolano; más tarde pasó al estado mayor de Bolívar y fue designado integrante de la comisión que firmó el armisticio y la regulación de la guerra de Santa Ana de Trujillo (1820) con el general realista Pablo Morillo, por el que se pretendía evitar al máximo los efectos de la guerra sobre la población civil.
Al año siguiente, marchó al frente de un ejército en apoyo de la sublevación de Guayaquil, puerto al cual también arribaron tropas del general San Martín. Comenzó entonces la campaña de liberación de Ecuador, que tuvo su culminación en Pichincha, batalla librada en 1822.
Con esta victoria de Sucre se consolidó la independencia de la Gran Colombia, se consumó la de Ecuador y quedó el camino expedito para la liberación de Perú, tras la renuncia de San Martín. Sucre entró en Lima en 1823, precediendo a Bolívar, quien tomó todos los poderes en el país. Participó con él en la batalla de Junín y, el 9 de diciembre de 1824, venció al virrey La Serna en Ayacucho, acción que significó el fin del dominio español en el continente sudamericano.
El Parlamento peruano lo nombró gran mariscal y general en jefe de los ejércitos. Al frente de éstos marchó al Alto Perú, donde proclamó la República de Bolivia en homenaje al Libertador, a quien encargó la redacción de su Constitución. La Asamblea local lo nombró presidente vitalicio, pero dimitió en 1828 a raíz de los motines y la presión de los peruanos opuestos a la independencia boliviana.
Se retiró entonces a Ecuador acompañado de su hija y de su esposa, la marquesa de Solanda. Poco después, acudió en ayuda de Colombia, invadida por el peruano José de La Mar, a quien derrotó en Portete de Tarqui. Tras la firma del tratado de Piura, marchó a Bogotá como delegado de Ecuador ante el Congreso allí reunido, en un momento en que la Gran Colombia se encontraba ya en proceso de desintegración. Formó parte de la comisión encargada de negociar con el general Páez, alzado en armas por la independencia de Venezuela. Poco después, también Ecuador la declaró, y hacia allí se dirigía para evitarla, cuando en la sierra de Berruecos cayó víctima de una emboscada, al parecer ordenada por José María Obando, jefe militar de la provincia de Pasto.

Reseña de la labor del Mariscal Antonio José de Sucre

 
Mariscal y político venezolano. En 1826, reconocida la independencia de Bolivia, fue elegido presidente vitalicio, aunque sólo aceptó esa dignidad por dos años. Fue depuesto por Gamarra y en 1830 fue asesinado a traición, en la montaña de Berruecos en el sur de Colombia.

Reseña de su labor
Antonio José de Sucre nació en Cumaná, hoy estado Sucre, el 3 de febrero de 1795. Se lo considera el militar más completo de los próceres de la independencia sudamericana, al distinguirse por ser estricto con el cumplimiento de su deber, además de que era inflexible y justo.
Miembro de una familia independentista, sus padres fueron el Teniente Vicente de Sucre y Urbaneja y María Manuela de Alcalá. Ésta murió cuando él tenía 7 años, y en su adolescencia fue enviado a Caracas, al cuidado de su padrino, el arcediano de la Catedral, presbítero Antonio Patricio de Alcalá, para estudiar Ingeniería Militar.
Inició la carrera militar y en 1810 fue ascendido a alférez del ejército patriótico. Dos años después Miranda (patriota venezolano, precursor de la independencia sudamericana) lo designó teniente. Sucre, debido a la represión realista tuvo que huir y en 1813 inició una campaña en Venezuela, tomando su localidad natal y organizando el Ejército de Oriente.
Debido a los éxitos logrados fue nombrado teniente coronel, y participó en la campaña de Caracas. Pero por los fracasos obtenidos en Aragua y Urica tuvo que buscar refugio en las Antillas. En 1815 regresó con nuevas fuerzas a su país y participó en la conquista de Cartagena de Indias.
Tres años más tarde se unió a Bolívar en Angostura, y se convirtió en su mano derecha. Intervino en la emancipación de Nueva Granada, fue nombrado delegado de la Gran Colombia para concertar los Tratados de Trujillo sobre armisticio y regularización de la guerra en noviembre de 1820. Asimismo en 1821 continuó la guerra trasladándose a Guayaquil con sus tropas para vencer al año siguiente en la batalla de Pichincha, liberando de esta manera Ecuador.
Su siguiente éxito fue ser vencedor en la batalla de Junín en 1824, donde también venció en Ayacucho, la batalla que puso fin a la independencia americana. Estos triunfos fueron recompensados con nuevos nombramientos: Gran Mariscal de Ayacucho y General en Jefe.
Intentó crear una república independiente en el Alto Perú, ya que no quería depender ni de Perú ni del Río de la Plata. Pero estos intereses fueron en un primer momento rechazados por Bolívar; sin embargo, en 1826 reconoció la independencia de Bolivia, siendo elegido presidente vitalicio Sucre, aunque éste sólo aceptó esa dignidad por dos años. Es significativa la obra que cumplió en este país, en especial en la organización de la Hacienda Pública y de la Administración general. Se empeñó en promover la libertad de los esclavos y el reparto de tierras a los indios, y sobre todo realizó labores en beneficio de la educación y la cultura.
Pero en 1828 Gamarra (militar y político peruano, combatió en Ayacucho en el bando patriota y mandó el ejército que invadió Bolivia) se sublevó contra el presidente, y consiguió imponer el tratado de Piquita, además de obligar a Sucre exiliarse a Ecuador. Por este país fue elegido representante para el Congreso de Bogotá, siendo designado presidente.
Sucre regresó a Bogotá, mientras la situación se agravaba. Cuando se dirigió a encontrarse con su familia en Quito, éste fue asesinado a traición, en la montaña de Berruecos en el sur de Colombia, el 4 de junio de 1830. José María Obando fue señalado como autor intelectual (militar y político colombiano, desde 1822 defendió la causa de la Independencia, asimismo se opuso al régimen dictatorial de Bolívar en 1828) y Pablo Morillo como ejecutor del crimen (general español, dirigió la expedición realista contra los patriotas de Nueva Granada, se apoderó de Cartagena de Indias y de Santa Fe de Bogotá, pero firmó la tregua de Trujillo en 1820).