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domingo, 28 de julio de 2013

ENTREVISTA A EDUARDO RODRIGUEZ: Imagino que la Corte nos habrá dado la razón ante Chile


Eduardo Rodríguez: Imagino ‘que la Corte nos habrá dado la razón’ ante Chile



Hace una pausa en sus ajetreos del viaje a Holanda, donde residirá en los próximos años. Cuenta que tiene una buena impresión de su colega chileno Felipe Bulnes, a quien contactó en persona para definir los plazos del proceso.

La Razón / Rubén D. Atahuichi López / La Paz
00:03 / 28 de julio de 2013

Su casa en La Paz quedó casi vacía. Los albañiles comienzan a repararla para el próximo inquilino. Un jardinero retira las matas y el parrillero está repleto de enseres. Él y los suyos acaban de trasladarse a otro lugar mientras terminan de preparar su viaje a La Haya, en Holanda, donde residirán los próximos años. Con cierto aire de nostalgia, Eduardo Rodríguez Veltzé habla con La Razón antes de partir...

Él se irá antes del 10 de agosto y su familia lo hará unos días después; sus dos hijos adolescentes deberán comenzar sus clases el 20.

Muy buen anfitrión, el ex Presidente de la República (2005-2006) trae dos sillas empolvadas, las limpiamos juntos y comenzamos a hablar sobre el pasto recién cortado. Una primera certeza suya que llama la atención es que considera que ni los bolivianos ni los chilenos de esta generación provocaron la guerra de 1879 y que, por esa condición, es posible un acuerdo con los vecinos sobre el diferendo marítimo. Así, imagina que al final del juicio en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya ésta habrá dado la razón a Bolivia, que busca volver al mar.

— ¿Listo para trasladarse a Holanda?

— Estoy en los últimos afanes burocráticos y domésticos, pero prácticamente listo.

— ¿Dónde va a residir?

— En La Haya.

— ¿Ya tiene todo arreglado para llegar allí?

— Estamos en eso. Estoy trabajando con la misión para encontrar residencia y afinar los detalles propios del traslado.

— ¿Cuándo se va exactamente?

— Yo estimo que será entre el 5 y 10 de agosto.

— ¿Qué conoce de la ciudad?

— Muy poco. He estado en un par de ocasiones y en estadías muy breves, que correspondían a las audiencias que se celebraron en la Corte. Conozco muy poco, pero tengo un entusiasmo muy grande por conocer mejor no sólo la ciudad, sino los Países Bajos.

— En este tipo de situaciones, el idioma suele ser una trampa…

— Entiendo que gran parte de la población habla inglés. Yo hablo inglés, será el idioma que utilice, pero me he propuesto también aprender holandés, es un desafío personal.

— ¿Alguna vez estuvo mucho tiempo fuera del país?

— Cuando estudiaba en Estados Unidos y luego, una temporada, en España. No es ajena para mí la experiencia de vivir fuera.

— ¿Percibe algún temor o nostalgia de vivir afuera?

— Al contrario, yo encuentro que es un privilegio para cualquiera tener una experiencia en un país distinto al suyo. Eso enriquece mucho las relaciones humanas y amplían los horizontes.

— ¿Cómo sucedió su nominación como agente?

— Hubo una coincidencia de circunstancias, de vocación, de buenos propósitos y, sobre todo, de una causa que sólo puede sumar gente que aporte y no restar. Entonces, me sumo a algo que es muy importante para todos.

— Dos funciones a la vez, también embajador...

— Sí, pero son complementarias. Entiendo que una hace a la otra, no debería haber dificultades.

— ¿Cómo lo contactaron?, ¿cómo llegaron a convencerlo?

— Tuve algunas reuniones con el conjunto de expresidentes y excancilleres que sirvieron de introducción a la política de Estado sobre este asunto. Ése fue el inicio y, luego, algunas más específicas que condujeron a este requerimiento y mi aceptación de ser parte de un equipo, que no es una tarea individual, que supone sinergias de quienes aportamos a una convicción por la causa.

— ¿Fue el presidente Evo Morales quien lo convenció o la propuesta?

— Las dos cosas. Tenía un convencimiento sobre la propuesta, su viabilidad, su prospecto positivo y también en el ofrecimiento del Presidente, que conduce la política y es la máxima autoridad del país.

— Dijo que de lo que se trata es que se haga justicia. ¿Cuál tendría que ser el resultado al final de su misión?

— El resultado tiene que representar la confirmación de la demanda, que busca que la Corte Internacional de Justicia de La Haya disponga que Chile concluya negociaciones de buena fe, de buen propósito y de manera efectiva, pronta y cumplida con Bolivia para un acceso soberano al (océano) Pacífico. Nuestro propósito es que esa invocación de justicia sea atendida.

— Sin embargo, no todos comprenden esta intención. En sectores opositores de Bolivia cuestionan el porqué de esa vía, y en Chile dicen que es confrontacional.

— Esas voces disonantes o de confrontación son propias de un ámbito democrático, en el que, obviamente, la disparidad de opiniones es la regla. Parece que todas las opiniones pueden ser muy respetables, sin embargo, hay un consenso y convencimiento de que Bolivia tiene una razón para acudir ante la Corte Internacional y, además, razón de justicia para que se restituya su acceso soberano en términos en los que no hay una imposición, menos una acción de fuerza, sino un entendimiento a través de los mecanismos establecidos por la comunidad internacional, el sistema internacional de las Naciones Unidas, que son los espacios que procuran atender estas situaciones como la que ha planteado Bolivia y que, esperamos, sea eficiente también esta vez.

— Lo dijeron los expresidentes, ahora existe política marítima, una política de Estado. ¿Cómo se resume eso?

— Bolivia siempre tuvo una política uniforme de destacar que su enclaustramiento ha sido injusto, de reclamar una transformación de este estado de cosas y en sostener que Chile y, también, Perú deben ser abiertos a una salida para superar este encierro que es tan oneroso para el país.

— ¿Ya está plenamente en curso el proceso judicial contra Chile?

— Está en pleno curso porque la demanda ha sido admitida formalmente, los agentes y representantes de ambos países han concurrido a una audiencia en la que se han fijado los términos para la presentación de las memorias. Este proceso está plenamente en curso, luego le sucederán otras contingencias.

— ¿Hay posibilidad de que Chile pueda zafarse del proceso con argumentos como, por ejemplo, que ésa no es la jurisdicción?

— Yo prefiero no especular, que el proceso siga el curso que corresponde.

— ¿Cuál la esencia del proceso?

— Es la búsqueda de justicia, de una solución conveniente y equitativa, que restituya a Bolivia una salida soberana y que ésta sea de manera convenida y de buena fe con Chile. Que se atienda intereses mutuos y, sobre todo, se repare una situación que no la provocamos quienes somos parte de esta generación; nosotros no fuimos parte de la guerra ni quienes viven hoy en Chile. Somos tres generaciones posteriores a aquélla que tuvo que enfrentarse por las armas. No necesitamos enfrentarnos, sino convenir soluciones para lo que la guerra generó. Estamos, bolivianos y chilenos, a la altura de lograr este desafío.

— ¿En qué condición están Chile y Bolivia en este diferendo?

— Ambos son países soberanos y con plena capacidad para adoptar posiciones que estimen convenientes. Sin embargo, por encima de estas posiciones soberanas hay una filosofía de paz, de justicia, de confraternidad y de solución de problemas añejos, de interés continental, que deben atenderse.

— ¿Qué sensación tuvo al ver por primera vez a su colega Felipe Bulnes en La Haya?

— Tengo una primera buena impresión del agente chileno, Felipe Bulnes, con quien logramos acordar los términos que llevamos a la primera audiencia ante la Corte para la presentación de memorias. Nada más.

— ¿Cómo fue ese primer procedimiento de reunirse con el agente y el titular de la CIJ de La Haya?

— Fue una reunión muy formal en la que las partes expresaron su saludo de cortesía y se expresaron los alcances del convenio preliminar, que fueron confirmados por el pleno de la Corte y que días después se los expidió a través de una orden.

— ¿Qué actitud percibió de parte del presidente de la Corte, Peter Tomka?

— La Corte expresa el mejor ánimo cuando las partes convienen situaciones que deben ser idealmente resueltas de manera preliminar, como son ciertos plazos. Pero el fondo de la controversia es un tema que compete a la Corte, yo prefiero no especular y simplemente reiterar que Bolivia confía en la imparcialidad y eficiencia de ese alto tribunal.

— ¿Se puede afirmar que en el primer momento de este proceso hubo concordia entre ambos países?

— Por los resultados de la primera audiencia, sí.

— ¿Qué es una memoria?   

— Es el conjunto de documentos que procura reflejar las pruebas que respaldan lo que se afirma en la demanda.

— Técnicamente, ¿qué contendrá ese documento?

— Documentos de orden histórico, diplomáticos y argumentos jurídicos.

— Jurídicamente, ¿cómo es posible “obligar” a Chile a sentarse a resolver el diferendo marítimo?

— Ésa es la petición que tiene el Estado boliviano frente a la Corte y que se explica por sí misma: que haya una disposición que permita que ambos países lleguen a determinados acuerdos.

— ¿Encontró respaldo a la propuesta en las reuniones que sostuvo?

— De momento, sólo puedo afirmar que estamos en un proceso en curso y serán los resultados de ese proceso los que reflejen esas impresiones. Por ahora no puedo informar nada más.

— ¿Con qué sectores políticos se ha reunido para socializar esta iniciativa?

— A través de los medios y con algunas iniciativas de orden académico y regional que me han permitido compartir con la ciudadanía algunos de estos extremos.

— Es obvio, hay temas sensibles en este juicio. ¿Qué es posible comunicar y qué no acerca del caso?

— La petición boliviana tiene que argumentarse en un proceso contradictorio, que significa que Bolivia hace sus planteamientos y Chile tiene la oportunidad de rebatirlos. Y el espacio de esa controversia es la Corte. No son necesariamente los medios que cubren los alcances de esa controversia, pero yo no puedo, como agente y representante de Bolivia, hacer explícitos esos argumentos; los haremos en su oportunidad y en los ámbitos llamados para ello.

— Usted tiene una enorme responsabilidad en la misión, ¿cómo imagina las relaciones de Bolivia y Chile al terminar el juicio?

— La Corte nos habrá dado la razón y que Bolivia y Chile habrán encontrado un derrotero de concordia y armonía, y que habremos resuelto uno de los problemas más antiguos del continente. Ésa es mi esperanza.

— Se dice que hasta septiembre habrá sentencia en el diferendo Chile-Perú. ¿Puede incidir eso en el caso boliviano?

— Muy poco, es prematuro especular sobre los alcances de esa sentencia y yo profiero no hacerlo.

— ¿Qué mensaje piensa respecto de su misión?

— Reiterar, como en anteriores oportunidades, que el servicio público compromete una vocación, una alta responsabilidad, que lo hago con una enorme satisfacción y, sobre todo, con la esperanza de que esta política que ha marcado el presidente Evo Morales sea responsabilidad de todos en lo que les toca, no solamente la gente y todas las instituciones, sino que todos los bolivianos tengamos fe en este nuevo emprendimiento de alcance nacional.

— ¿Qué diferencia encuentra entre las misiones públicas que le tocó ejercer? Ser titular de la Corte Suprema, presidente de la República y ahora agente y embajador...

— La naturaleza de las funciones difiere, pero hay algo en común, que es el servicio que uno debe asumir siempre en honor a la Patria, al sentido del bien común y, sobre todo, en este caso muy particular, en la búsqueda de la justicia.

— ¿Será una misión más compleja que las otras?

— Cada cual tuvo sus complejidades. Ésta es, sin duda, una más.


 

lunes, 16 de mayo de 2011

ELECCIONES JUDICIALES: ¿Qué vale más?... ¿el desempeño idóneo o la elección popular?

RAZA POLÍTICA
‘El desempeño es más importante que la sola elección’

Eduardo Rodríguez
La Razón – 15/05/2011
El ex Presidente de la República repasa su Gobierno y sus experiencias en la antigua Corte Suprema de Justicia. Con relación a las elecciones judiciales dice que deberían validar el desempeño previo de los postulantes, que es lo más importante. Y plantea una sugerencia: “Abrir una reflexión sobre una próxima reforma constitucional que discurra sobre la consistencia del diseño del Órgano Judicial y todo lo que comprenda para su mejor funcionamiento”.

Con más autoridad que muchos, Eduardo Rodríguez Veltzé analiza la situación del Órgano Judicial, los cuoteos de antes, el “dedazo” de ahora y las elecciones judiciales de octubre, de las que dice que deberían ser una oportunidad “refrendadora de un desempeño previo y verificable” de postulantes.
El ex Presidente responde un cuestionario escrito, en el que también califica la gestión de Evo Morales. “Tiene innumerables tareas por atender y resolver, y que la mayor parte de ellas no pasa por judicializarlas”, dice.
Rodríguez Veltzé recuerda que la noche del 9 de junio del 2005 el entonces presidente de la Cámara de Senadores, Hormando Vaca Díez, le llamó para hablarle de la sucesión presidencial, por prelación constitucional, ante la renuncia de Carlos Mesa Gisbert. “Recuerdo que semanas antes se produjo una reunión en casa del cardenal Julio Terrazas, quien procuró infructuosamente conciliar las diferencias entre Mesa y los presidentes de las cámaras (Vaca Díez y el de Diputados, Mario Cossío).
 —¿Cuál fue su principal preocupación al cruzar la puerta del Palacio de Gobierno?
—La pacificación del país, procurar acuerdos para conducir elecciones y preservar el sistema democrático. Paralelamente, conformar un gobierno que articule con el Legislativo y las expectativas ciudadanas.
—¿Y al salir de la Presidencia? Tiene el estigma de la desactivación de los misiles chinos.
—Retornar a la Corte Suprema y continuar mis tareas judiciales. No obstante, percibí un ambiente hostil, pues una mayoría de ministros había desafiado mezquinamente la legalidad de mi retorno. No asumo el asunto de los misiles como un “estigma”, pues tengo la firme convicción sobre mi absoluta inocencia.
—¿Rebasaron su autoridad al autorizar la desactivación?
—Tal como he sostenido siempre, nunca autoricé la entrega de misiles a nadie. Este operativo se orquestó y condujo irregularmente cuando me encontraba en misión oficial en Brasil. Tan pronto conocí sus pormenores destituí al Comandante del Ejército (Marcelo Antezana), ordené procesos militares, acepté la renuncia del Ministro de Defensa (Gonzalo Méndez) y dispuse se formalice una protesta diplomática que se entregó al embajador de Estados Unidos (David Greenlee).
—Al llegar al mando, ¿qué percepción tenía del Poder Judicial?
—Compartí con varios ministros un especial interés por el desarrollo institucional del sistema judicial, impulsamos un diagnóstico que revelaba sus principales deficiencias y fijaba las bases de políticas públicas para transformarlo. La democracia, con alguna demora, empezaba a abrir espacios de reforma estructural; era un tiempo de autocrítica y de apuesta por los cambios.
—¿Cómo llegó a ser magistrado de la Corte Suprema de Justicia?
—En 1999 entró en vigencia la modalidad constitucional de elección a través del voto de dos tercios del total de miembros del Congreso. Había trabajado en la reforma judicial y en el servicio público, me interesaba el desafío. Estimé que mi trayectoria profesional no comprometida con la política partidaria podía ser útil, en contraste con anteriores períodos en los que la elección se producía por simple mayoría de una de las cámaras y con mayor influencia política.
—¿Le propusieron al puesto o se presentó de manera personal?
—Me presenté de manera personal. Fui elegido ministro en la primera votación junto con Carlos Tovar. Ambos logramos más del 92% de los votos.
—Mesa habla en su libro de ‘cuoteo como método’ en el periodo del MNR y sus aliados. ¿Contactaron entonces con usted?
—La descalificación generalizada so pretexto del “cuoteo” la encuentro inaceptable. Tal como lo dije a un medio al día siguiente de mi elección, el hecho de que políticos elijan a los jueces no convierte a éstos en políticos y menos deudores de ningún favor. Esta idea cobra hoy relevancia, pues considero que la legitimidad del desempeño de un juez es más relevante que la forma de su elección, indistintamente de la modalidad que se emplee.
—Incluso Mesa dice que se reunió con usted y Armando Villafuerte para analizar la reforma judicial y los nombramientos del entonces Congreso Nacional. ¿Qué dice?
—La reforma judicial es un tema de Estado y se coordina con todos los órganos de poder y sus integrantes, que intercambian criterios sobre todos sus alcances, incluida su conformación, lo cual no conlleva ningún propósito irregular, como parece insinuarse.
—¿Cómo llegó a la Presidencia de la Corte Suprema?
—Fui elegido presidente de la Corte en tres ocasiones, la primera al término del mandato de Villafuerte, con carácter interino, pues la Corte no contaba con el quórum de dos tercios del total de sus miembros, como requería la Constitución. Una segunda, cuando se completó la Corte con el nombramiento de ministros que cesaron en su mandato por su carácter provisorio y por tercera vez cuando se vuelve a completar el quórum con nombramientos congresales a fines del 2004.
—¿Sintió incidencia del poder político en la conformación de la Corte de la que fue parte?
—Sí, en algunas ocasiones. Una de ellas se produjo en la víspera de la última elección de presidente de la Corte. Algunos parlamentarios que asistieron a la inauguración del Año Judicial, en Sucre, ensayaron cabildeos para favorecer a un candidato regional. La mayoría de los ministros consideró inaceptable la intromisión y se preservó la independencia.
—¿Cómo fue el nivel de coordinación con el poder político?
—Durante los siete años que estuve en la Corte, ésta tuvo altibajos, por lo general, el Poder Judicial no mereció la atención prioritaria del Estado. La inestabilidad política afectó mucho, en ese mismo período pasaron seis presidentes del Ejecutivo.
—Es vox populi que el Poder Judicial fue funcional al poder político. ¿Qué dice?
—Que hay una gran distancia entre esa afirmación (que una vez más cae en la fácil generalización despectiva, aunque se invoque al pueblo y en latín) y lo que sucedía en el pasado y sigue sucediendo hoy con intensidades variables: hay abogados, funcionarios, fiscales, jueces, magistrados, legisladores y políticos que sucumben a intereses políticos o económicos para manipular el sistema judicial. Es imprescindible aislar e identificar esas distorsiones de conducta antes que poner la sombra a un órgano de poder que debe contar con la confianza ciudadana.
—¿Cómo percibe al actual Órgano Judicial Plurinacional?
—Es un aparato de transición conformado mayoritariamente por abogados designados “a dedo”, con base en la denominada “ley corta”, una desafortunada iniciativa legislativa que le restó legitimidad y restringió atribuciones, particularmente en el ámbito de la justicia constitucional, en desmedro de los remedios disponibles para los ciudadanos frente al abuso del poder público y el ejercicio efectivo de sus derechos. El Ministerio Público sufre de las mismas distorsiones de legitimidad y la actuación de muchos fiscales es notoriamente abusiva y discrecional.
—¿Cuál cree que es la principal falencia de la justicia en el país?
—Es un conjunto de factores: falta de acceso, normas obsoletas, ausencia de espacios de justicia de paz y de justicia administrativa, excesiva centralización recursiva a tribunales jerárquicos, incluido el Tribunal Constitucional; ausencia de diseños funcionales y políticos del órgano, sobredimensión de la justicia criminal, entre otras tantas que responden a una cultura jurídica ritualista que no promueve la observancia normativa, la innovación de espacios de justicia más simples y próximos al ciudadano y la solución pacífica de los conflictos.
—¿Cómo se debería plantear una reforma judicial?
—Partiendo de un diagnóstico sobre su funcionamiento y diseño, abrir una reflexión sobre la dimensión funcional y política del ejercicio de la jurisdicción en un Estado que inaugura un nuevo orden constitucional fundado en el “pluralismo jurídico”, un principio que no se restringe a la coexistencia del sistema ordinario con el indígena originario campesino, sino a una multiplicidad de opciones para diseñar una justicia más plural, más próxima y más confiable y apreciada por todos.
—¿Comparte la idea elección por voto popular de magistrados?
—No en el diseño previsto en la Constitución, sino bajo una modalidad más bien refrendadora de un desempeño previo y verificable. La dificultad de elegir a jueces conlleva problemas como los que hoy se atraviesan para la difusión y selección de los candidatos y sus méritos. La contradicción de convertir a los jueces en autoridades político representativas cuando en su función no representan a nadie y sólo deben resolver sus causas conforme a ley y no a la opinión de sus electores.
—¿Encuentra alguna intencionalidad política en el proceso electoral que se avecina?
—En rigor, en el proceso importa la implantación de un diseño constitucional vigente. Cualquier intencionalidad política debería orientarse a examinar sus méritos y problemas para superarlos y no tomar ventaja de ellos.
—¿Coincide con las restricciones para la propaganda electoral?
—No, porque afecta el derecho de los electores a ser informados y de todos a expresar libremente sus opiniones en el marco de los derechos consagrados por la Constitución. Se trata de un tensión entre el ejercicio de un derecho fundamental (libertad de expresión, opinión e información) y una restricción administrativa (limitaciones en elecciones judiciales), ambas contenidas en la Constitución. Me inclino por la prevalencia de los derechos.
—¿Halla restricciones para el trabajo periodístico?
—Sí, tal como le expliqué.

Los desafíos del futuro Órgano Judicial

—¿Cómo debería ser una conformación ideal del Órgano Judicial?
—El diseño del Órgano Judicial debe ser correspondiente con el nuevo Estado Plurinacional de Derecho Comunitario, desconcentrado, con autonomías y fundado en el pluralismo jurídico. Esta caracterización, a mi juicio, debe replantear la anterior y actual estructura orgánica todavía muy centralista y neocolonial en muchos aspectos. Insisto en significar la importancia del pluralismo jurídico como un cimiento para construir un nuevo sistema más funcional, más desconcentrado y más cercano a los ciudadanos.
—Es inminente el proceso, ¿qué desafíos propone al futuro Órgano Judicial?
—Dos desafíos: el primero es asumir que su desempeño es más importante que su sola elección, el control social y la participación ciudadana sobre la función judicial debe ser efectiva a través del monitoreo sobre la predictibilidad e integridad de los fallos. El segundo es abrir una reflexión sobre una próxima reforma constitucional que discurra sobre la consistencia del diseño del órgano judicial y todo lo que comprenda para su mejor funcionamiento.