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sábado, 9 de marzo de 2024

CIDH: Estados deben promover la participación de las mujeres


 

CIDH: Estados deben promover la participación de las mujeres en las estrategias de paz y seguridad

8 de marzo de 2024

 

Washington, D.C. - En el Día Internacional de la Mujer, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) reconoce que la participación plena de las mujeres en las políticas de seguridad y de gestión de crisis, es fundamental para frenar la violencia que enfrentan en la cotidianidad, y que se potencia en contextos de crisis. En ese tenor, insta a los Estados a promover la participación y liderazgo de las mujeres en la construcción, ejecución y evaluación de políticas de prevención y reducción del delito, así como las estrategias para abordar y superar situaciones de crisis.

La participación de las mujeres en asuntos públicos no sólo es un derecho protegido por la Convención de Belém Do Pará, sino que es crucial para el éxito de cualquier iniciativa estatal, como las estrategias de seguridad y para abordar situaciones de crisis. La participación de ellas es necesaria para que las prioridades y necesidades de protección específicas se vean reflejadas en estas políticas, lo que a su vez favorece la consecución de los objetivos de prevención y reducción del delito, la violencia, y el conflicto.

En el informe Impacto del crimen organizado en mujeres, niñas y adolescentes, la Comisión ha indicado que ningún objetivo de seguridad puede alcanzarse si no se toman en cuenta las causas y consecuencias diferenciadas de la violencia de género contra las mujeres. Lo anterior, partiendo del entendimiento de que ésta constituye un problema estructural que se sustenta en patrones discriminatorios de género, enraizados en una cultura patriarcal y machista. Así, la violencia está siempre presente en la vida de las mujeres, y se agrava en contextos de crisis, como conflictos armados, inseguridad, crisis sanitarias, entre otras.

Por tanto, la participación de las mujeres en la construcción de las estrategias de seguridad ciudadana, y aquellas relacionadas con la gestión y resolución de crisis, es crucial para abordar adecuadamente las causas y consecuencias diferenciadas de la violencia de género contra las mujeres, tanto en contextos ordinarios como de crisis. Sin embargo, en la región, las políticas de seguridad, especialmente de lucha contra el crimen organizado, no han integrado debidamente los factores de riesgo y necesidades de protección que conciernen específicamente a las mujeres. Asimismo, a pesar de tener una participación activa en la gestión y resolución de crisis – como conflictos armados y crisis sanitarias – su participación en los espacios formales de toma de decisión sigue siendo limitada.

Por lo anterior, la Comisión urge a los Estados de la región a crear e institucionalizar espacios que garanticen la participación de las mujeres en la construcción de políticas de seguridad ciudadana y para abordar situaciones de crisis, en todos los niveles de toma de decisión, y en todas las etapas. Promover la participación y liderazgo de las mujeres en la construcción, ejecución y evaluación de estas políticas no sólo es parte de la obligación de garantizar la igualdad formal y real de las mujeres en la vida pública, sino que tiene un efecto multiplicador para lograr la igualdad de derechos en todos los ámbitos relevantes a la igualdad de género.

La CIDH es un órgano principal y autónomo de la Organización de los Estados Americanos (OEA), cuyo mandato surge de la Carta de la OEA y de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. La Comisión Interamericana tiene el mandato de promover la observancia de los derechos humanos en la región y actuar como órgano consultivo de la OEA en la materia. La CIDH está integrada por siete miembros independientes que son elegidos por la Asamblea General de la OEA a título personal, y no representan a sus países de origen o residencia

No. 049/24

8:00 AM

 



domingo, 9 de septiembre de 2012

Luces y sombras de la presencia política de la mujer en Bolivia



Es una evidencia de que la presencia de las mujeres en el ejercicio del poder aumentó considerablemente; sin embargo, las estructuras patriarcales en todos los niveles dificultan una mayor incidencia y atención de demandas.

La Razón / Ricardo Aguilar Agramont
ANIMAL POLÍTICO / 09 de septiembre de 2012

La presencia efectiva de la mujer en la política es anterior a la Ley de Cuotas de 1997, que obligaba a  los partidos políticos a incluir en sus listas de candidaturas a diputados y  senadores plurinominales en el Congreso Nacional al menos 30% de mujeres.

Uno puede remontarse a tiempos previos a la República y recordar las acciones de Juana Azurduy de Padilla, Bartolina Sisa y Gregoria Apaza;  o a tiempos del liberalismo y los intentos de Adela Zamudio por incidir en la política educacional; sin embargo, no se puede negar que ellas eran casos excepcionales.

Tal vez la presencia de las mujeres en la política, aunque aún no en puestos de poder, aparece con más fuerza durante la lucha contra las dictaduras a través de la militancia en partidos y organizaciones de izquierda como el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el Partido Comunista de Bolivia (PCB) o el Partido Obrero Revolucionario (POR), entre otros.

Es a partir de la democracia que obtuvieron una serie de victorias formales que se iniciaron con la Ley de Cuotas y que se multiplicaron en los últimos años desde la formulación de la Constitución Política del Estado (CPE). Los avances legislativos más importantes fueron el establecimiento de la paridad y alternancia incluidas en la Ley del Régimen Electoral (2010), el hito de la Ley contra el Acoso y Violencia Política en Razón de Género, y la futura Ley de Despatriarcalización del Estado, aún en redacción.

La paridad y alternancia es expresada de la siguiente manera en la Ley del Régimen Electoral: “Artículo 11. (Equivalencia de Condiciones). La democracia intercultural boliviana garantiza la equidad de género y la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres. Las autoridades electorales competentes están obligadas a su cumplimiento, conforme a los siguientes criterios básicos: a) Las listas de candidatas y candidatos a senadoras y senadores, diputadas  y diputados, asambleístas departamentales y regionales, concejalas y concejales municipales, y otras autoridades electivas, titulares y suplentes, respetarán la paridad y alternancia de género entre mujeres y hombres, de tal manera que exista una candidata titular mujer y, a continuación, un candidato titular hombre; un candidato suplente hombre y, a continuación, una candidata suplente mujer, de manera sucesiva”.

Según el vocal del Tribunal Supremo Electoral (TSE) Marco Ayala, son las nuevas disposiciones normativas de la CPE y la Ley de Régimen Electoral las que han permitido posteriores conquistas como la Ley Contra el Acoso y Violencia Política y la mayor presencia de mujeres en cargos de gobierno.

Así, dos de los cuatro órganos del Estado están presididos por mujeres: el Legislativo, por Gabriela Montaño (Senadores) y Rebeca Delgado (Diputados), y el Electoral, por Wilma Velasco. No obstante, para Delgado, esos avances normativos son instrumentos y no fines en sí.

Para la analista política María Teresa Zegada, tales victorias son innegables. Los beneficios políticos para las mujeres —argumenta— se multiplicaron a partir de la nueva CPE, los cuales no significarán más que logros formales si es que no se acompaña el proceso de manera fáctica. “Por mérito propio se ha logrado, por ejemplo, que haya mujeres encabezando las cámaras de Diputados y de Senadores, y el TSE, pues no hay ninguna ley que diga que estos cargos deben ser ocupados por mujeres”, razona la especialista, para quien, con esa  situación, se está logrando emparejar las victorias formales a un empoderamiento de las mujeres en ámbitos de decisión.

De igual modo, Érika Brockmann,  exsenadora por el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), destaca los avances “cuantitativos y normativos” que se han experimentado desde los años 90, los cuales, en su criterio, no pueden ser explicados sino por la lucha de las mujeres desde esa época.

Ayala adelanta que para mejorar la inclusión de género, la futura Ley de Organizaciones Políticas “garantizará” la participación de mujeres en los cargos públicos, pero como innovación también se quiere incluir la obligatoriedad de la paridad y alternancia en la democratización de las agrupaciones y partidos políticos.

Sobre la incidencia de agrupaciones de mujeres, Zegada nota un aspecto que no hay que dejar de lado. La académica pone el ejemplo de la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia Bartolina Sisa, cuyos miembros, mientras eran parte de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), permanecieron en la “completa” invisibilización, sin embargo, en cuanto se separaron y crearon su agrupación paralela, lograron obtener una importante capacidad de incidencia política. “Hay organizaciones sindicales que tienen una visión patriarcal, que siempre ponen a las mujeres en cargos menores. El caso de las “Bartolinas” marca un cambio cualitativo”.

SOMBRAS.  Para Cecilia Enríquez, directora del Centro de Promoción de la Mujer Gregoria Apaza, el hecho de que existan mujeres en cargos públicos no significa necesariamente que éstas  impulsen una agenda de género. “Aún es difícil para nosotras participar en la vida pública. El porcentaje de mujeres que se dedica a la política todavía es menor; pues, en la medida en que no haya condiciones básicas para ejercer un cargo, se limitará la posibilidad de hacerlo. El tema de la doble y hasta triple jornada (ejercer un cargo, criar a los hijos y atender el hogar) sigue siendo una limitante”, apunta.

Otro obstáculo que existe, y es el subrayado por todos los entrevistados en esta nota, es la predominancia de una estructura patriarcal presente no sólo en el nivel del Estado y de las organizaciones políticas, sino en todos los aspectos de la vida, comenzando incluso por el núcleo de la pareja. Éste es probablemente el escollo más duro por sortear. Delgado señala a la educación y a la mentalidad patriarcal como los mayores enemigos de los avances políticos de la mujer. “No basta con estar en puestos altos; pues, a veces, las conductas patriarcales provienen de las mismas mujeres. Se tienen que hacer reformas en el ámbito educativo”.

Brockmann afirma que otro obstáculo es la falta de una “masa crítica” que impulse las demandas en los niveles municipal, departamental y nacional para que las normas no “se queden en el papel”. Los “grandes obstáculos” para una efectiva presencia política de las mujeres son el caudillismo, el clientelismo y el prebendalismo, dice.

Un aspecto concreto de debilidad que Brockmann pone como ejemplo es que han pasado siete años de la vigencia de una ley para las trabajadoras del hogar y hasta hoy “ni con el discurso de inclusión del Movimiento Al Socialismo (MAS) se ha llegado a regularla”, por lo que las mujeres de ese gremio no pueden contar al momento con un seguro de salud.

“Este caso evidencia que la cuestión no es sólo de número y de ocupar puestos, sino de utilizar esos cargos para materializar acciones que mejoren la calidad de vida de las mujeres”.

Mary Marca, directora del Centro de Información y Desarrollo de la Mujer (Cidem), percibe que, a pesar de la mayor presencia de mujeres en altos cargos, continúan ascendiendo los índices de mortalidad materna, de feminicidio, de violencia de género, de acoso... “La participación de las mujeres no se está traduciendo en un beneficio para ellas. Existe una política de igualdad de oportunidades en diferentes niveles (salud, educación y otros); sin embargo, no se da presupuesto. En resumen, las normas a nuestro favor no se están cumpliendo”, reclama.

Ese problema de no asignación de presupuesto también es apuntado por la diputada Delgado.

Una de las declaraciones más críticas la hizo la coordinadora de Proyectos e Incidencia Política del Cidem, Patricia Bráñez. “Si bien en el nivel central (Ejecutivo y Legislativo) se tiene una buena representación, creemos que estas mujeres se han alineado a las decisiones del Gobierno, lo que seguramente debilita su autonomía al momento de tomar determinaciones, por lo que no están representando nuestros intereses”.

En contraste, afirma que en los niveles departamental y municipal las representantes han tenido una mayor incidencia en las decisiones políticas, pues “están en contacto directo con la población y tienen que responder a sus organizaciones”.

Los avances en cuanto a presencia de mujeres en ámbitos de poder se dispararon desde la nueva CPE, sin embargo, las enraizadas estructuras patriarcales presentes en todos los aspectos de la vida desde hace siglos (pues no son privativas de la cultura occidental, sino que ya estaban presentes desde tiempos precolombinos) pronostican que se tratará de un proceso cultural lento.

‘La nueva Constitución posibilitó el avance’: Rebeca Delgado, presidenta de la Cámara de Diputados

La construcción colectiva de la nueva Constitución Política del Estado es la que ha permitido muchos avances en el tema de género, tanto en materia constitucional como legislativa, y no sólo con la presencia paritaria en la representación, la cual ha sobrepasado las expectativas, sino también en los espacios de toma de decisión estatales.

‘Disposiciones jurídicas facilitaron avances’: Marco Ayala es vocal del TSE

Las nuevas disposiciones jurídicas existentes en Bolivia —desde la Constitución Política del Estado a la Ley de Régimen Electoral (2010)— son las que han dado pie a que se realicen otros avances normativos a favor de la presencia política de la mujer; sin embargo, también existen dificultades como el acoso, la discriminación y la desconfianza hacia sus capacidades.

‘Paridad y alternancia no se cumplen del todo’: Mary Marca es directora  del Cidem

Se puede ver que hay 16 mujeres senadoras contra 20 hombres; en el Ejecutivo hay siete ministras y 13 ministros: vemos que la paridad y alternancia no se cumple del todo. En un momento sí se dieron, pero ya no. Lo mismo sucede en los niveles departamental y municipal en referencia a las asambleístas y las concejalas. También, las demandas de género son planteadas muy débilmente.

‘La participación de mujeres se precipitó’: María Teresa Zegada es analista política

Se ve cómo la participación política de las mujeres se precipitó a partir de los 90, pero fundamentalmente a partir de los mandatos de la nueva Constitución. Antes no había un espacio diferenciado para la lucha de las mujeres. Las victorias con relación a las normas son varias, pero mientras no haya políticas efectivas  y tangibles para las mujeres, se quedarán en un plano formal.

‘Hay más confianza en nuestras capacidades’: Cecilia Enríquez es directora de Gregoria Apaza

No puedo hablar por todas las mujeres que están en el ejercicio del poder, pero sí estoy segura de que algunas representan la agenda de género y otras no. Lo que es seguro es que la participación de las mujeres en cargos de poder se debe a  un cambio de mentalidad sobre las capacidades de ellas; hay una mayor confianza en este sentido que ha permitido esas designaciones.

‘Destacamos en innovar y en no cumplir normas’: Érika Brockmann es ex senadora del MIR

Siempre nos destacamos en innovar normas de vanguardia, pero también en incumplirlas. Algo así sucede con varios de los avances formales que favorecen políticamente a las mujeres. Esa falencia no es sólo de las actoras en ejercicio del poder, sino también a debilidades de gestión, es decir que hay muy buenos discursos, pero muy pocas realizaciones en términos efectivos.



viernes, 9 de marzo de 2012

8 DE MARZO: DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER EN BOLIVIA



COORDINADORA DE LA MUJER - BOLIVIA

 

Despatriarcalización: Propuesta política de las mujeres para desestructurar las relaciones de poder

 

Desde la promulgación de la Constitución Política del Estado, diversas organizaciones sociales e instituciones que trabajamos en la promoción y defensa de los derechos de las mujeres hemos aportado a la construcción de un marco normativo que permita avanzar en la implementación de la Carta Magna, en relación a los derechos de las mujeres y los procesos de despatriarcalización y descolonización.


Reconocemos que se han producido avances en términos de desarrollo normativo nacional, a  través de la aprobación de leyes que contaron con el aporte  colectivo de diversas organizaciones de mujeres en todo el país. Sin embargo, muy poco se ha avanzado en la transformación de las estructuras, prácticas cotidianas y discursos que perpetúan y reproducen  las relaciones de poder que subordinan a  las mujeres.


Por ello, este 8 de marzo, fecha en la que se  conmemora las luchas y reivindicaciones de las mujeres en diferentes partes del mundo, nuestro país está ante el desafío de  asumir  un proceso de despatriarcalización que pase del discurso a la propuesta y la implementación de políticas públicas que  impliquen una efectiva trasformación de la situación y condiciones de vida de las mujeres bolivianas.


Por tanto  exigimos al Estado, en sus diferentes niveles y a la sociedad boliviana en su conjunto, asumir la responsabilidad de:


  • Desarrollar una visión crítica, orientada a desmantelar y desmontar el patriarcado  en tanto sistema de dominación, que organiza y clasifica jerárquicamente las relaciones  entre mujeres y hombres, estableciendo la predominancia masculina en un contexto de  diversidad cultural y múltiples  subjetividades.
  • Transformar las relaciones, personales, sociales, políticas, económicas y culturales de dominación y ejercicio de poder sobre las mujeres, en el marco de un proceso de emancipación y liberación, impulsado por un amplio y  plural movimiento de mujeres, que entreteje múltiples formas de pensar, sentir y conocer.
  • Garantizar el ejercicio de la  autonomía de las mujeres sobre nuestros cuerpos y nuestro derecho a decidir.
  • Priorizar la lucha por la erradicación  de  la violencia contra las mujeres como forma  descarnada de ejercicio de control y dominación, que tiene como sus más radicales expresiones la violencia sexual  y el feminicidio, que cobra la vida de muchas mujeres por su condición de género.
  • Profundizar la presencia y participación política de las mujeres, con la finalidad  de aportar con una nueva forma de ejercer poder y representar las voces e intereses de las mujeres en los procesos de toma de decisión, siendo un reto aún pendiente  la transformación  de las formas y estructuras  autoritarias y  patriarcales  del ejercicio de poder  político.
  • Reconocer  el valor social y económico del trabajo no remunerado  que realizan las mujeres en los hogares,  a partir de su contabilización en las cuentas públicas,     para lo cual el  censo de este año  debe incluir la misma  como una oportunidad histórica para avanzar en este sentido, e impulsar la corresponsabilidad  social, pública y familiar  del trabajo  doméstico y las tareas de cuidado al interior de las familias.
  • Incluir las propuestas de las mujeres en la definición de la nueva normativa estatal, en concordancia con lo que establece la Constitución Política  del Estado, a nivel de la normativa nacional y en  los distintos niveles de gobierno autonómico: departamental, municipal e indígena.
  • Transformar la institucionalidad estatal y  sus  bases simbólicas (medios de comunicación, familia, sistema educativo, sistema de valores, ideas, prejuicios) y las bases materiales que sostienen y reproducen el patriarcado, desterrando  y sancionando toda forma de  violencia simbólica y de expresiones misóginas y machistas.
  • Contar con instancias jerarquizadas que cuenten con presupuesto y recursos humanos que garanticen la implementación de políticas transversales y específicas que asuman la agenda del a  despatriarcalización  a nivel de los gobiernos: nacional, departamentales, municipales e indígenas.

 ¡DESPATRIARCALIZAR  PARA COMBATIR  EL MACHISMO!


¡DESCOLONIZAR PARA ENFRENTAR   EL RACISMO!