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lunes, 13 de julio de 2015

El Estado Peruano frente a la Reivindicación Marítima de Bolivia










El punto 32 de la Declaración de isla Esteves es una de las 23 expresiones favorables del Perú respecto del tema marítimo que se encontraron tras una breve revisión histórica.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz
00:07 / 12 de julio de 2015

Después de la reciente firma de la Declaración de isla Esteves —en la que en su punto 32 se menciona una expresión de “solidaridad” y comprensión” con la situación de “mediterraneidad” de Bolivia, además de los votos porque se alcance una “solución”— hubo una serie de declaraciones “aclaratorias” en el sentido de que el Perú es neutral en el conflicto pendiente entre Bolivia y Chile, litigio que ese país considera bilateral. No obstante, lo dicho en la Declaración mencionada está firmado por el presidente peruano Ollanta Humala y no hace sino confirmar la ya antigua disposición favorable del Perú para con Bolivia en el tema marítimo. De hecho, Perú solo se pronunció de manera categóricamente negativa una vez en la historia (en 1920), el resto de las veces, que son al menos 23, mostró su voluntad y buena disposición para que el problema se solucione o dijo que no sería un obstáculo.

El tema marítimo está ligado al Perú, primero porque las soluciones posibles al enclaustramiento boliviano que se han considerado muestran que un puerto de Bolivia indefectiblemente tendría que estar ubicado en territorios que en el pasado fueron peruanos. Segundo, porque el artículo 1 del Protocolo Complementario del Tratado de Lima señala que en caso de una futura cesión territorial de Chile en favor de una tercera potencia (obviamente Bolivia) por una superficie antes peruana, debe contar con el consentimiento de Perú.

A continuación, se hace un recuento de las expresiones favorables  a Bolivia en el tema marítimo que ha hecho Perú a lo largo de la historia. Esto no solo cobra importancia futura para el momento en que se llegue a un escenario de negociación con Chile, sino que tiene relevancia presente porque una táctica chilena (y esto se lo vio recientemente en una declaración de Ricardo Lagos, que señalaba que Bolivia debía conversar con Perú y no con Chile) es sindicar al Perú por el encierro que sufre Bolivia. Las siguientes declaraciones muestran por demás que Perú es favorable a los intereses marítimos bolivianos.

Las expresiones que se encontraron fueron extraídas en su gran mayoría de los dos tomos del libro Historia diplomática de Bolivia, de Jorge Escobari Cusicanqui (obra a la que, hay que decirlo, se le debe los principales trazos argumentales de la demanda boliviana en La Haya, por lo menos a los textos hechos públicos); pero también de Estados Unidos y el Mar, de Jorge Gumucio Granier, en los casos de los años 20 del siglo XX; el Libro Azul y El Libro del Mar.

1. En 1830, el ministro Plenipotenciario peruano en Bolivia, Manuel Bartolomé Ferreyros, propuso la entrega a Bolivia de la provincia de Tarapacá. Si bien la mención es remota, vale para ser anotada. Esta propuesta está vinculada a los pedidos de las poblaciones de Tacna y Moquegua, en 1836 y anteriores, de ser anexadas a Bolivia.

2. En 1880, en el Protocolo de la Unión Federal, firmado en Lima por Perú y Bolivia, se estipuló la jurisdicción de Potosí sobre Tarapacá y la de Oruro sobre Tacna. A continuación hay que recordar dos menciones que si bien son de autoridades estatales, no fueron protocolizadas, lo que posiblemente reste su valor. Sin embargo, son las más anteriores que se pudo encontrar en el siglo XX.

3. En 1910, Tacna y Arica eran territorios sin una definición de soberanía ni para Perú ni para Chile. El canciller boliviano Daniel Sánchez Bustamante mandó un memorando a esos países argumentando la conveniencia de que dichas provincias pasen a Bolivia. El canciller peruano Melitón Porras acogió con buena disposición el memorando de 1910.

4. Sobre el caso anterior, en 1910, Solón Polo, ministro de Perú en Bolivia (embajador), dijo a Sánchez Bustamante: “Si Chile acepta la división de las dos provincias, dejando Tacna para el Perú, su gobierno cooperará a los propósitos de Bolivia y vería con sumo agrado que el puerto de Arica entrase bajo el dominio de ese país”. Como se dijo, ambas respuestas no fueron protocolizadas, pero quedan para el recuento.

Luego vino la única negativa categórica del Perú, en 1920. Ese momento, la soberanía de Tacna y Arica era definida mediante el arbitraje de Estados Unidos y se preparaba un plebiscito que nunca se realizó por los obstáculos que puso Chile. Perú sentía que si se pronunciaba a favor de una posible salida para Bolivia, eso mellaría su aspiración de que los territorios en disputa queden para sí.

Así, el canciller Melitón Porras, que hacía diez años se pronunciara favorablemente, esta vez dijo: “El Perú está dispuesto a no ceder sus derechos sobre las provincias irredentas en favor de Bolivia o de cualquier otro país ni a escuchar siquiera proposición alguna al respecto”. Tan dura respuesta se debió al contexto de un efervescente reivindicacionismo en el Perú de principios de los 20. No obstante, nunca más en la historia Lima se pronunciaría de tal manera.

5. El arbitraje estadounidense mencionado derivó en la llamada Propuesta Kellogg (por el mentor de ese planteamiento, el secretario de Estado Frank Billings Kellogg). La proposición consistía en que Perú y Chile cedan en favor de Bolivia, a perpetuidad, los territorios de Tacna y Arica. Chile aceptó, pero Perú se opuso. No obstante, el memorando peruano del 12 de enero de 1927, al tiempo de rechazar el planteamiento señala: “Este rechazo no importa, sin embargo, el propósito de obstruir cualesquiera otras soluciones. Lejos de eso. El Perú ha aceptado la internacionalización parcial o completa de las provincias, ha aceptado también la división de éstas dando gratuitamente un callejón a Bolivia hasta la playa y en ésta una segunda ensenada en condiciones que permitan convertirla en un puerto grande,    cómodo y seguro”. El memorando es claro: Perú no se opone a que se dé territorios que antes fueron peruanos, “gratuitamente”, a Bolivia.

6. Pasaron varios años sin que Perú se pronuncie, de hecho el siguiente punto acá enumerado es por omisión peruana. Cuando en 1950, mediante un intercambio de notas Bolivia y Chile iniciaron una negociación por una salida soberana al mar, Lima no se manifestó, por lo que consintió por omisión. Solo apareció en el escenario para protestar, con toda razón, cuando se enteró del contenido secreto de la negociación (Agua dulce —del lago Titicaca— por agua salada). Como se sabe, hay un condominio entre Bolivia Perú de las aguas del Titicaca: ninguno puede hacer un uso unilateral de ellas.

7. Transcurrieron más de dos    décadas para que, el 20 de junio de 1973, Perú dé señales contundentes. Ese día, Bolivia y Perú firmaron en Lima una Declaración Conjunta. El presidente peruano, el general Juan Velasco Alvarado, manifestó: “La comprensión del pueblo peruano por la aspiración justa del pueblo boliviano de lograr solución a su condición de país mediterráneo y confía en que la satisfacción de esa aspiración sea alcanzada dentro del Derecho Internacional”.

8. Tres días después, el 23 de junio, el canciller peruano, general Miguel Ángel de la Flor Valle, señaló: “Los problemas limítrofes entre Bolivia y Chile deben ser resueltos entre ambos países, sin embargo, el Perú ve con simpatía la lucha en que se encuentra empeñado el pueblo boliviano por conseguir su salida al mar”.

9. Al finalizar esta ceremonia de junio 1973, el ministro de Guerra del Perú, Edgardo Mercado, dijo a la prensa peruana: “El Perú comprende las aspiraciones de salida al mar del pueblo boliviano para salvar, de este modo, su mediterraneidad”.

10. Luego, el 9 de diciembre de 1974, en la “Declaración de Ayacucho”, firmada en Lima, los presidentes de varios países entre ellos el de Perú (y también de Chile) pusieron sus firmas en un texto en que se expresó la “más amplia comprensión a la situación de mediterraneidad que afecta a Bolivia, situación que debe demandar la consideración más atenta hacia entendimientos constructivos”.

11. Después del fracaso de la proposición peruana sobre Charaña, a fines de 1975 y principios de 1976, el 7 de junio de 1977 los cancilleres del Perú y Bolivia suscribieron una declaración en la que señalaron sobre el tema portuario boliviano que: “analizaron constructivamente el problema del enclaustramiento geográfico boliviano, respecto de cuya solución el Perú reiteró su más amplia comprensión. En este sentido, coinciden en la conveniencia de que, en la forma y oportunidad requeridas, se desplieguen los mejores esfuerzos, atendiendo a los respectivos intereses nacionales, a fin de concretar una solución definitiva y permanente de dicho problema, que corresponda a los propósitos de fortalecer la paz, el desarrollo y la integración”.

12. El 28 de mayo de 1979, varios presidentes, entre ellos el de Perú, firmaron el Mandato de Cartagena, en donde se señala: “Coincidimos en que la mediterraneidad de Bolivia, problema recogido en el Artículo 4 del Acuerdo de Cartagena, es un factor que limita la participación de ese país en el proceso de integración, que agrava las dificultades propias de su situación de menor desarrollo relativo y que requiere de acciones, en concordancia con el espíritu de la integración andina, que contribuyan a satisfacer las justas aspiraciones del pueblo boliviano”.

13. Es más que probable que el Perú haya firmado más declaraciones multilaterales favorables a solucionar el problema del enclaustramiento boliviano de las que figuran en este texto. Sin embargo, hay que resaltar las resoluciones de la Organización de los Estados Americanos que rubricó Perú sobre el tema marítimo como las de 1975, 1979, 1980, 1981 y las siguientes en el mismo tenor.

14. Siguiendo, el 14 de enero de 1980, el Consejo de Cancilleres de Bolivia, Perú, Ecuador y Venezuela acordó: “reafirmar su apoyo a la justa demanda boliviana de obtener acceso soberano al océano Pacífico y coadyuvar a que se instrumenten sistemas efectivos conducentes al logro del objetivo señalado”, además de “instar a los gobiernos de los países a los que este problema concierne más inmediatamente para que, de acuerdo con la resolución aprobada en la Novena Asamblea General de la OEA, inicien, cuanto antes, negociaciones dirigidas a dar a Bolivia acceso soberano y útil al océano Pacífico, teniendo en cuenta el interés recíproco de las partes”.

15. En 1981, el 24 de marzo (al día siguiente del Día del Mar), el presidente peruano Fernando Belaúnde dijo en su discurso durante la presentación de las credenciales de la misión boliviana en Lima: “Vivimos los peruanos las esperanzas y los dramas de Bolivia y sus cuestiones las consideramos como propias. De ahí que el Perú considera plenamente legítima la aspiración de Bolivia de tener acceso propio al océano Pacífico. En este sentido, el Perú no va a ahorrar esfuerzos para hacer todo lo que le corresponde en la familia americana para servir a la causa de la gran nación hermana”. Posiblemente, ésta sea una de las expresiones más claras de los últimos tiempos, en la cual el Perú se identifica y vive como suyos los problemas bolivianos.

16. En 1989 el presidente Alan García, en el barco Ollantay, en aguas internacionales del lago Titicaca, durante la reunión con el presidente boliviano Jaime Paz Zamora, respondió a la periodista Cristina Corrales sobre una pregunta que ésta hizo sobre el mar: “como país hermano, invocamos y veríamos con mucha satisfacción que ambos países (Bolivia y Chile) reanuden sus conversaciones para lograr un acuerdo. El Gobierno del Perú señala, y ésta es mi convicción personal, en caso de producirse un acuerdo bilateral entre Chile y Bolivia y consultarse al Perú sobre él, deberemos expresar nuestro beneplácito y aceptación. Creo que ésta es una necesidad latinoamericana y creo que todos los latinoamericanos tenemos la muy clara conciencia de que nuestro deber y nuestra responsabilidad es respaldar esta justa aspiración de Bolivia que estamos seguros que en algún momento tendrá solución”.

17. En 2004, el presidente peruano Alejandro Toledo expresó: “Es una cuestión bilateral entre Bolivia y Chile. En el caso de un entendimiento, entre ambos países, que implique una solución por territorio de Arica, Perú tendrá un espíritu positivo y amistoso”.

18. En febrero de 2010, el nuevo embajador de Perú en Bolivia, Manuel Rodríguez Cuadros, se expresó sobre la misma línea que a esta altura parece ser la política de Estado del Perú respecto del mar para Bolivia, pues reafirmó “el respaldo pleno a la justa demanda de la salida al mar de Bolivia”. “Una vez más se ratificó el compromiso del Presidente (Alan) García al Presidente Morales en el sentido (en) que Perú no va a ser un obstáculo para la salida al mar de Bolivia”, dijo.

19. En agosto de 2010, José Antonio García Belaúnde, ministro de Relaciones Exteriores del Perú, señaló  que “lo que Perú siempre ha dicho y se mantiene es que nuestro país no será obstáculo para cualquier solución al tema marítimo boliviano”.

20. En octubre de ese mismo año, el canciller Belaúnde precisó los mismo conceptos anteriores especificando: “Siempre y cuando esta solución (al enclaustramiento) pase por Arica”.

21. Ollanta Humala, como presidente electo (lo que posiblemente resta validez a la declaración), dijo en junio de 2011: “Total apoyo (a la reintegración marítima boliviana)” y “cooperaremos en esta posición boliviana, no seremos un obstáculo, porque entendemos que están pidiendo la salida por Arica y no vamos a ser un obstáculo”.

22. En julio de 2011, el presidente Alan García reafirmó la “voluntad política” de su país “de no poner obstáculos a una posible salida al mar de Bolivia, en caso de que ella se produzca por exterritorios peruanos”. Además señaló: “Nosotros cooperaremos en esta posición boliviana, no seremos un obstáculo porque comprendemos que están pidiendo una salida por Arica”. En esa ocasión también manifestó que “es injusto que Bolivia no tenga  salida soberana al Pacífico”. Pero la declaración más contundente de García, esa fecha, fue la siguiente: “Como lo dije en 1990, Perú jamás será un obstáculo en el diálogo bilateral que debe conducir a que Bolivia recupere su salida soberana al mar, jamás”.

23. La Declaración de isla Esteves (23 de junio de 2015), sobre la que se habló al inicio de este texto, es la última expresión favorable. Dice en su punto 32: “La República del Perú mantiene su más amplio espíritu de solidaridad y comprensión con relación a la situación de mediterraneidad que afecta a Bolivia. En ese contexto, los mandatarios reafirmaron la significación de las normas del Derecho Internacional y de los principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas, en particular, el rechazo a la amenaza o al uso de la fuerza y la solución pacífica de controversias.

El Presidente del Perú expresó sus fervientes votos para que pueda alcanzarse una solución satisfactoria a la referida situación de mediterraneidad”. Posiblemente existan aún más declaraciones favorables para los intereses marítimos bolivianos expresadas por autoridades estatales del Perú; aquí solo se recogieron las más visibles y notables. Éstas, en un futuro que se espera no sea lejano, deberán ser honradas por Perú en el momento en que se defina cómo podría ser una salida boliviana por Arica.


domingo, 28 de julio de 2013

ENTREVISTA A EDUARDO RODRIGUEZ: Imagino que la Corte nos habrá dado la razón ante Chile


Eduardo Rodríguez: Imagino ‘que la Corte nos habrá dado la razón’ ante Chile



Hace una pausa en sus ajetreos del viaje a Holanda, donde residirá en los próximos años. Cuenta que tiene una buena impresión de su colega chileno Felipe Bulnes, a quien contactó en persona para definir los plazos del proceso.

La Razón / Rubén D. Atahuichi López / La Paz
00:03 / 28 de julio de 2013

Su casa en La Paz quedó casi vacía. Los albañiles comienzan a repararla para el próximo inquilino. Un jardinero retira las matas y el parrillero está repleto de enseres. Él y los suyos acaban de trasladarse a otro lugar mientras terminan de preparar su viaje a La Haya, en Holanda, donde residirán los próximos años. Con cierto aire de nostalgia, Eduardo Rodríguez Veltzé habla con La Razón antes de partir...

Él se irá antes del 10 de agosto y su familia lo hará unos días después; sus dos hijos adolescentes deberán comenzar sus clases el 20.

Muy buen anfitrión, el ex Presidente de la República (2005-2006) trae dos sillas empolvadas, las limpiamos juntos y comenzamos a hablar sobre el pasto recién cortado. Una primera certeza suya que llama la atención es que considera que ni los bolivianos ni los chilenos de esta generación provocaron la guerra de 1879 y que, por esa condición, es posible un acuerdo con los vecinos sobre el diferendo marítimo. Así, imagina que al final del juicio en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya ésta habrá dado la razón a Bolivia, que busca volver al mar.

— ¿Listo para trasladarse a Holanda?

— Estoy en los últimos afanes burocráticos y domésticos, pero prácticamente listo.

— ¿Dónde va a residir?

— En La Haya.

— ¿Ya tiene todo arreglado para llegar allí?

— Estamos en eso. Estoy trabajando con la misión para encontrar residencia y afinar los detalles propios del traslado.

— ¿Cuándo se va exactamente?

— Yo estimo que será entre el 5 y 10 de agosto.

— ¿Qué conoce de la ciudad?

— Muy poco. He estado en un par de ocasiones y en estadías muy breves, que correspondían a las audiencias que se celebraron en la Corte. Conozco muy poco, pero tengo un entusiasmo muy grande por conocer mejor no sólo la ciudad, sino los Países Bajos.

— En este tipo de situaciones, el idioma suele ser una trampa…

— Entiendo que gran parte de la población habla inglés. Yo hablo inglés, será el idioma que utilice, pero me he propuesto también aprender holandés, es un desafío personal.

— ¿Alguna vez estuvo mucho tiempo fuera del país?

— Cuando estudiaba en Estados Unidos y luego, una temporada, en España. No es ajena para mí la experiencia de vivir fuera.

— ¿Percibe algún temor o nostalgia de vivir afuera?

— Al contrario, yo encuentro que es un privilegio para cualquiera tener una experiencia en un país distinto al suyo. Eso enriquece mucho las relaciones humanas y amplían los horizontes.

— ¿Cómo sucedió su nominación como agente?

— Hubo una coincidencia de circunstancias, de vocación, de buenos propósitos y, sobre todo, de una causa que sólo puede sumar gente que aporte y no restar. Entonces, me sumo a algo que es muy importante para todos.

— Dos funciones a la vez, también embajador...

— Sí, pero son complementarias. Entiendo que una hace a la otra, no debería haber dificultades.

— ¿Cómo lo contactaron?, ¿cómo llegaron a convencerlo?

— Tuve algunas reuniones con el conjunto de expresidentes y excancilleres que sirvieron de introducción a la política de Estado sobre este asunto. Ése fue el inicio y, luego, algunas más específicas que condujeron a este requerimiento y mi aceptación de ser parte de un equipo, que no es una tarea individual, que supone sinergias de quienes aportamos a una convicción por la causa.

— ¿Fue el presidente Evo Morales quien lo convenció o la propuesta?

— Las dos cosas. Tenía un convencimiento sobre la propuesta, su viabilidad, su prospecto positivo y también en el ofrecimiento del Presidente, que conduce la política y es la máxima autoridad del país.

— Dijo que de lo que se trata es que se haga justicia. ¿Cuál tendría que ser el resultado al final de su misión?

— El resultado tiene que representar la confirmación de la demanda, que busca que la Corte Internacional de Justicia de La Haya disponga que Chile concluya negociaciones de buena fe, de buen propósito y de manera efectiva, pronta y cumplida con Bolivia para un acceso soberano al (océano) Pacífico. Nuestro propósito es que esa invocación de justicia sea atendida.

— Sin embargo, no todos comprenden esta intención. En sectores opositores de Bolivia cuestionan el porqué de esa vía, y en Chile dicen que es confrontacional.

— Esas voces disonantes o de confrontación son propias de un ámbito democrático, en el que, obviamente, la disparidad de opiniones es la regla. Parece que todas las opiniones pueden ser muy respetables, sin embargo, hay un consenso y convencimiento de que Bolivia tiene una razón para acudir ante la Corte Internacional y, además, razón de justicia para que se restituya su acceso soberano en términos en los que no hay una imposición, menos una acción de fuerza, sino un entendimiento a través de los mecanismos establecidos por la comunidad internacional, el sistema internacional de las Naciones Unidas, que son los espacios que procuran atender estas situaciones como la que ha planteado Bolivia y que, esperamos, sea eficiente también esta vez.

— Lo dijeron los expresidentes, ahora existe política marítima, una política de Estado. ¿Cómo se resume eso?

— Bolivia siempre tuvo una política uniforme de destacar que su enclaustramiento ha sido injusto, de reclamar una transformación de este estado de cosas y en sostener que Chile y, también, Perú deben ser abiertos a una salida para superar este encierro que es tan oneroso para el país.

— ¿Ya está plenamente en curso el proceso judicial contra Chile?

— Está en pleno curso porque la demanda ha sido admitida formalmente, los agentes y representantes de ambos países han concurrido a una audiencia en la que se han fijado los términos para la presentación de las memorias. Este proceso está plenamente en curso, luego le sucederán otras contingencias.

— ¿Hay posibilidad de que Chile pueda zafarse del proceso con argumentos como, por ejemplo, que ésa no es la jurisdicción?

— Yo prefiero no especular, que el proceso siga el curso que corresponde.

— ¿Cuál la esencia del proceso?

— Es la búsqueda de justicia, de una solución conveniente y equitativa, que restituya a Bolivia una salida soberana y que ésta sea de manera convenida y de buena fe con Chile. Que se atienda intereses mutuos y, sobre todo, se repare una situación que no la provocamos quienes somos parte de esta generación; nosotros no fuimos parte de la guerra ni quienes viven hoy en Chile. Somos tres generaciones posteriores a aquélla que tuvo que enfrentarse por las armas. No necesitamos enfrentarnos, sino convenir soluciones para lo que la guerra generó. Estamos, bolivianos y chilenos, a la altura de lograr este desafío.

— ¿En qué condición están Chile y Bolivia en este diferendo?

— Ambos son países soberanos y con plena capacidad para adoptar posiciones que estimen convenientes. Sin embargo, por encima de estas posiciones soberanas hay una filosofía de paz, de justicia, de confraternidad y de solución de problemas añejos, de interés continental, que deben atenderse.

— ¿Qué sensación tuvo al ver por primera vez a su colega Felipe Bulnes en La Haya?

— Tengo una primera buena impresión del agente chileno, Felipe Bulnes, con quien logramos acordar los términos que llevamos a la primera audiencia ante la Corte para la presentación de memorias. Nada más.

— ¿Cómo fue ese primer procedimiento de reunirse con el agente y el titular de la CIJ de La Haya?

— Fue una reunión muy formal en la que las partes expresaron su saludo de cortesía y se expresaron los alcances del convenio preliminar, que fueron confirmados por el pleno de la Corte y que días después se los expidió a través de una orden.

— ¿Qué actitud percibió de parte del presidente de la Corte, Peter Tomka?

— La Corte expresa el mejor ánimo cuando las partes convienen situaciones que deben ser idealmente resueltas de manera preliminar, como son ciertos plazos. Pero el fondo de la controversia es un tema que compete a la Corte, yo prefiero no especular y simplemente reiterar que Bolivia confía en la imparcialidad y eficiencia de ese alto tribunal.

— ¿Se puede afirmar que en el primer momento de este proceso hubo concordia entre ambos países?

— Por los resultados de la primera audiencia, sí.

— ¿Qué es una memoria?   

— Es el conjunto de documentos que procura reflejar las pruebas que respaldan lo que se afirma en la demanda.

— Técnicamente, ¿qué contendrá ese documento?

— Documentos de orden histórico, diplomáticos y argumentos jurídicos.

— Jurídicamente, ¿cómo es posible “obligar” a Chile a sentarse a resolver el diferendo marítimo?

— Ésa es la petición que tiene el Estado boliviano frente a la Corte y que se explica por sí misma: que haya una disposición que permita que ambos países lleguen a determinados acuerdos.

— ¿Encontró respaldo a la propuesta en las reuniones que sostuvo?

— De momento, sólo puedo afirmar que estamos en un proceso en curso y serán los resultados de ese proceso los que reflejen esas impresiones. Por ahora no puedo informar nada más.

— ¿Con qué sectores políticos se ha reunido para socializar esta iniciativa?

— A través de los medios y con algunas iniciativas de orden académico y regional que me han permitido compartir con la ciudadanía algunos de estos extremos.

— Es obvio, hay temas sensibles en este juicio. ¿Qué es posible comunicar y qué no acerca del caso?

— La petición boliviana tiene que argumentarse en un proceso contradictorio, que significa que Bolivia hace sus planteamientos y Chile tiene la oportunidad de rebatirlos. Y el espacio de esa controversia es la Corte. No son necesariamente los medios que cubren los alcances de esa controversia, pero yo no puedo, como agente y representante de Bolivia, hacer explícitos esos argumentos; los haremos en su oportunidad y en los ámbitos llamados para ello.

— Usted tiene una enorme responsabilidad en la misión, ¿cómo imagina las relaciones de Bolivia y Chile al terminar el juicio?

— La Corte nos habrá dado la razón y que Bolivia y Chile habrán encontrado un derrotero de concordia y armonía, y que habremos resuelto uno de los problemas más antiguos del continente. Ésa es mi esperanza.

— Se dice que hasta septiembre habrá sentencia en el diferendo Chile-Perú. ¿Puede incidir eso en el caso boliviano?

— Muy poco, es prematuro especular sobre los alcances de esa sentencia y yo profiero no hacerlo.

— ¿Qué mensaje piensa respecto de su misión?

— Reiterar, como en anteriores oportunidades, que el servicio público compromete una vocación, una alta responsabilidad, que lo hago con una enorme satisfacción y, sobre todo, con la esperanza de que esta política que ha marcado el presidente Evo Morales sea responsabilidad de todos en lo que les toca, no solamente la gente y todas las instituciones, sino que todos los bolivianos tengamos fe en este nuevo emprendimiento de alcance nacional.

— ¿Qué diferencia encuentra entre las misiones públicas que le tocó ejercer? Ser titular de la Corte Suprema, presidente de la República y ahora agente y embajador...

— La naturaleza de las funciones difiere, pero hay algo en común, que es el servicio que uno debe asumir siempre en honor a la Patria, al sentido del bien común y, sobre todo, en este caso muy particular, en la búsqueda de la justicia.

— ¿Será una misión más compleja que las otras?

— Cada cual tuvo sus complejidades. Ésta es, sin duda, una más.