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lunes, 16 de enero de 2012

El proceso de cambio del que hablamos en Bolivia...



El proceso de cambio del que hablamos...


La Razón / Alejandro Almaraz
15 de enero de 2012


Otra línea argumental del libro de (Álvaro) García es atribuirnos lo que no decimos. Como es tan común en los polemistas de pobres razones, García quiere que seamos y digamos lo que él escasamente puede rebatir. Así es que nos atribuye haber dicho que en el país “nada ha cambiado” (op. cit.: 12, El ‘oenegismo’, enfermedad infantil del derechismo). Ésta es otra mentira.
Lo que afirmamos en nuestro Manifiesto (Por la recuperación del proceso de cambio para el pueblo y con el pueblo) es que hoy, a casi seis años de gobierno de Evo Morales, la gran mayoría del pueblo se encuentra básicamente en la misma situación de pobreza, precariedad y angustia en la que estuvo siempre, y que pareciera que a los que mejor les ha ido, es a los que siempre les fue bien: los banqueros, las transnacionales petroleras y mineras, los contrabandistas y los narcotraficantes. Nos ratificamos plenamente en ello, y lo que tendría que hacer García, si su intención fuera debatir con honestidad, sería aceptarlo o negarlo, y no endilgarnos otra afirmación para eludir su posición frente a lo que realmente hemos dicho.
Mal podríamos afirmar que en el país “nada cambió”, si desde el mismo título de nuestro Manifiesto reconocemos la histórica apertura de un proceso de cambio y llamamos a recuperarlo desde la iniciativa y la movilización social. Sin embargo, nuestra comprensión de dicho proceso es profundamente distinta a la de García y del Gobierno. Para ellos, el proceso de cambio es, lisa y llanamente, lo mismo que el Gobierno de Evo Morales; para ellos, proceso y Gobierno de Morales son sinónimos perfectos.
Así de simplista y propagandística es su visión del proceso histórico del país. Para nosotros, en cambio, el proceso es la proyección y expresión estatal de la emergencia indígena, campesina y popular producida en las últimas décadas, contra las viejas estructuras de la dominación colonial y las recientes del modelo neoliberal. Esta expresión estatal, si bien ha quedado restringida al ámbito de la formalidad jurídica en los casos de mayor relevancia global, tiene la extraordinaria significación histórica de definir, desde el propio seno de la institucionalidad estatal, el carácter de un nuevo Estado y una nueva sociedad. Éste es particularmente el sentido de la nueva Constitución Política del Estado (CPE), que, recogiendo las aspiraciones, demandas y proyectos de las mayorías nacionales, ha proclamado el carácter plurinacional, comunitario y autonómico del Estado boliviano y ha definido el modelo social-comunitario como principal orientación en organización económica de la sociedad boliviana.
En todo caso, y ya prevenidos de la repentina y notable devoción jurídica de García, ésa que le hace creer que porque un decreto supremo dice que los hidrocarburos son de propiedad del Estado efectivamente lo son, cabe añadir que, como ha sido propio de la escisión entre la ley y la realidad a lo largo de toda nuestra historia, no porque la CPE preceptúe el carácter plurinacional del Estado, éste lo habrá adquirido en la realidad concreta. Para que esto último ocurra, son necesarios los resueltos impulsos transformadores de las estructuras estatales a los que el Gobierno ha renunciado.
Y siempre en el ánimo de prevenir las audaces distorsiones con las que García pretende servirse de la realidad, esta vez las de simple carácter propagandístico, es necesario destacar que las realizaciones estatales en las que el proceso de cambio tiene su expresión y, a la vez, la apertura de su perspectiva transformadora del conjunto de las estructuras sociales y políticas, no son, en lo principal, obra del gobierno de Evo Morales o del MAS (Movimiento Al Socialismo). Son más bien el resultado directo de la ofensiva social y política del emergente movimiento indígena y campesino que, articulado a la movilización de los otros sectores populares, fue capaz, primero, de resistir y derrotar el modelo neoliberal derrocando y expulsando a sus exponentes, instalar democráticamente en el Gobierno —con un claro mandato de transformación revolucionaria— a quienes creyó sus representantes y, por último, concebir un nuevo Estado y una nueva sociedad y establecerlos como razón y carácter del Estado boliviano.
Algunas de estas realizaciones, en los momentos de mayor vigor en la incidencia autónoma de las organizaciones populares emergentes sobre el poder político, se produjeron con la participación, generalmente débil y vacilante, del Gobierno de Evo Morales. Pero varias otras se produjeron sin esa participación y aun contra ella. Éste último es el caso de varios contenidos de la nueva CPE, fundamentales para definir el sentido de los cambios en el país, como el carácter comunitario de la distribución y redistribución de la tierra, o la representación política directa de los pueblos indígenas en las estructuras de los poderes públicos. Tan evidente fue la adversidad gubernamental a varias demandas e iniciativas de las organizaciones sociales-populares en el proceso constituyente que, cuando pudieron, aprovechando el desenlace crítico del mismo, las desplazaron del texto constitucional en acuerdo con la derecha parlamentaria.
Y en el caso de las que no pudieron eliminar en Oruro, en el edificio de la Lotería Nacional o en el Senado en La Paz, por mucho que quisieran y la derecha empresarial se los pidiera, han optado por el viejísimo y simple recurso del poder político oligárquico: violar la Constitución e ignorarlas en los hechos, como viene ocurriendo con buena parte de los derechos constitucionales indígenas.
Para entender la pulseta
Aunque todavía son un misterio las reales motivaciones de la salida del Gobierno de algunos funcionarios, como Alejandro Almaraz (Viceministro de Tierras) o Gustavo Guzmán (Embajador en Estados Unidos), la disidencia emergió a la luz pública con el Manifiesto por la recuperación del proceso de cambio para el pueblo y con el pueblo firmado por un grupo de intelectuales y líderes sociales afines al MAS.
Álvaro García Linera salió al paso con un ensayo (El ‘oenegismo’, enfermedad infantil del derechismo, o cómo la ‘reconducción’ del proceso de cambio es la restauración neoliberal) que generó una de las polémicas más gravitantes de la política en 2011.
En este documento, el Vicepresidente del Estado reivindicó varias de las acciones del gobierno de Evo Morales y, además, llamó “un grupo de resentidos políticos” a los firmantes del manifiesto (Almaraz, Raúl Prada, Guzmán, entre otros). En una entrevista con Animal Político de La Razón (14 de agosto de 2011), García Linera consideró a aquéllos como “adherentes    superficiales”.
Las divergencias se han convertido en un debate de ida y vuelta. Ahora, en un libro que salió de imprenta el viernes (Mascarada del poder) y con una introducción de Guzmán, Almaraz, Omar Fernández, Óscar Olivera, Roberto Fernández, Jorge Komadina, Pablo Mamani, Pablo Regalsky y Gustavo Soto le plantean una réplica a García Linera. (Rubén Atahuichi, editor Animal Político)

domingo, 3 de julio de 2011

Las fisuras del MAS = el fiasco del "proceso de cambio"

EL ‘PROCESO DE CAMBIO’ EN CUESTIÓN

Las fisuras en el MAS se decantan en dos corrientes disidentes


La Razón – 3 de julio de 2011 – ANIMAL POLÍTICO


Aún se comentaba sobre la expectativa de la asunción del primer presidente indígena en Bolivia. Informal, con su famosa chompa a rayas, Evo Morales posesionó a su primer gabinete ministerial el 23 de enero del 2006. En ese discurso, en el Palacio de Gobierno, hizo una promesa al pueblo boliviano: “Cumpliré el mandato del pueblo para cambiar el modelo neoliberal y, en democracia, resolver los problemas estructurales y los problemas sociales”.
Para algunos, Morales cumple hasta hoy con esa promesa. Otros piensan lo contrario. Pero lo llamativo es que éstos son líderes sindicales, políticos de izquierda y excolaboradores del Mandatario, que hoy se convierten en un apartado crítico del denominado “proceso de cambio”. 
Y acá se evidencia algo claro. La verdadera y más fuerte oposición al gobierno de Morales surgió del propio Movimiento Al Socialismo (MAS), como lo vaticinó el vicepresidente Álvaro García en enero del 2010. “Estamos entrando a un periodo estatal y social donde la adversidad política al proceso de cambio no va a estar tanto en otro proyecto de poder, sino en las enfermedades internas del MAS”.
Tuvo razón. Esta oposición comenzó a brotar con críticas al proyecto oficialista, que, según los críticos, desvió la esencia del “proceso de cambio”. Esta resistencia al MAS surge en dos grupos que optan por iniciar una larga lucha: conformar proyectos alternativos de izquierda que hagan frente a Morales y García Linera, si es que deciden por una reelección electoral el 2014.
¿Quiénes conforman estos bandos? Un primer grupo está compuesto por políticos de la talla de Filemón Escóbar, ideólogo y exsenador del MAS; Raúl Prada, exconstituyente del MAS y exviceministro de Morales; Alejandro Almaraz, ex viceministro y “soldado” del MAS que es recordado por su gorra de legionario y que expropió tierras a varios empresarios; Alex Contreras, exvocero presidencial; Gustavo Guzmán, exembajador de Bolivia en Estados Unidos, y Óscar Olivera, dirigente sindical que encabezó en Cochabamba la denominada “guerra del agua” el año 2000.

Alejados. Un segundo grupo es liderado por Félix Patzi, quien fue ministro de Educación del primer gobierno de Morales y truncado —por un caso de embriaguez— candidato a la Gobernación de La Paz.
Otros líderes indígenas y fundadores del MAS, como Román Loayza y Lino Villca, criticaron también el proyecto gubernamental, aunque se inclinan a formar parte del primer grupo. Villca y Loayza fueron senadores del MAS y dirigentes cocaleros.
Ahora, ¿qué factores incentivan a formar alternativas diferentes al MAS? Ellos dicen que el “proceso de cambio” está “extraviado” y convocan, como consigna política, a “reencauzar” la lucha social. Además, protestan contra el entorno de Morales, que, según dicen, es un equipo “oportunista”. El más aludido es García Linera.
“El error más grande que se cometió fue abrir la puerta al garcialinerismo en el MAS. Hemos ingresado a un periodo bien peligroso en los marcos de la democracia; bajo el argumento del Estado Plurinacional hemos caído en un régimen stalinista que viene de la teoría del ‘muchacho’ García Linera”, dice Escóbar.
Los nuevos cuadros políticos del MAS también son parte del estudio de Escóbar. “¿Quién es Fidel Surco? ¿Ha estado en la cárcel, ha sido torturado, ha sido exiliado? ¿Quién es Sacha Llorenti, ese llok’alla? ¿De dónde ha salido (Juan Ramón) Quintana? Esta gente se ha metido al MAS después del 2004 y a patadas nos han sacado”, protesta.
¿De qué proceso de cambio se habla?, cuestiona Almaraz. En su criterio, los movimientos sociales son excluidos de las políticas gubernamentales. “Urge que en las instancias sociales en las cuales se abrió el proceso, ahora se los rescate”, comenta.
Es que, en palabras de Prada, los sectores sociales no están gobernando junto con el Presidente. “El proyecto era descolonizador, anticapitalista, era autogestionario, se abría a una nueva forma de organización desde la sociedad, el proyecto era antiestatal, era destruir el Estado y construir otra cosa. Ahora se ve otra cosa”, explica.
En el otro bando, Patzi, que se considera parte del “proceso de cambio”, quiere proseguir el camino que inició Morales, aunque pretende hacer un cambio en la economía del país. “Hay gente que ya no cree en el MAS, porque ha perdido credibilidad y legitimidad después del ‘gasolinazo’ y su abrogatoria. Los disconformes con el Gobierno deben tener una nueva opción desde la izquierda para evitar su desbande y que caigan en los partidos de la derecha recalcitrante”, explica.
Para Villca y Loayza, los movimientos sociales no están gobernando. “Sólo se ve la mano del Álvaro (García Linera) y los sectores quedaron a un lado”, protesta Loayza, quien también fue constituyente del MAS y nunca funcionario gubernamental. 

Posiciones. Con estas acusaciones, ¿se puede decir que el ‘instrumento político’ cambió sus ejes? Los disidentes dicen que sí. Expresan que el Presidente del Estado olvidó la esencia política que se marcó cuando se creó el Movimiento Al Socialismo-Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP), hace 16 años en Cochabamba. En cambio, los actuales líderes no ven desviaciones en la ruta del proceso, aunque reconocen las fracturas internas en el partido.
A estos grupos de disidentes, incluso, los tildaron de derechistas. El viceministro de Coordinación con los Movimientos Sociales, César Navarro, cree, a manera de respuesta, que los políticos disidentes ya no pueden aportar al proceso que lidera Morales. “Son compañeros que no responden al momento ni al proceso político. Están anteponiendo sus intereses individuales y se han convertido en bufones de la derecha”, increpa.
Dentro del grupo de intelectuales del MAS, el presidente de la Cámara de Diputados, Héctor Arce, ratificó, en abril del 2011, que la política gubernamental de izquierda está en buen camino. “Bolivia es un proceso verdaderamente histórico, de verdadera transformación estructural, es un proceso que está en curso y que seguirá en curso durante mucho tiempo”, reaccionó el legislador tras enterarse que un grupo de 31 disidentes, mediante un manifiesto público, explicaron que el MAS no logró ejecutar ningún cambio.
Este último desmarque fue el más evidente, considerando el nivel de debate de sus actores.

‘El MAS no ejecuta el verdadero proyecto’
Raúl Prada - Exviceministro
El exconstituyente del MAS y exviceministro de Planificación y Coordinación del gobierno de Evo Morales, Raúl Prada, explica que la actual gestión gubernamental ejecuta un proyecto distinto al que elaboraron los movimientos sociales. “El proyecto del MASes un proyecto nacionalista, por lo tanto, es colonial, porque habla de dominio de los pueblos”, dice. Pide, además, que los sectores sociales sean tomados en cuenta en las políticas gubernamentales. “Los movimientos sociales son los llamados a salvar el proceso de cambio”. 
‘Hay que recuperar el proceso de cambio’
Alejandro Almaraz - Exviceministro
Quiere recuperar el proceso de cambio, que, según él, se desvió en la segunda gestión de Evo Morales. “Se desarrollarán encuentros regionales en todo el país con los sectores desencantados con la gestión del Gobierno, esto a manera de elaborar una propuesta política hacia el futuro para que los sectores sociales, como verdaderos actores del cambio, retomen la dirección de la revolución”, comenta. Califica al “gasolinazo” como una de las fallas políticas que puso en riesgo el proceso. “Ya no existe la consulta a los movimientos sociales”, protesta.  
‘Tenemos que proteger la unidad como tesoro’
Álvaro García - Vicepresidente del Estado
El vicepresidente Álvaro García Linera pidió a los movimientos sociales “unidad” para continuar con la ejecución del “proceso de cambio”. “Tenemos que proteger la unidad como un tesoro. Eso nos enseñó Túpac Katari y Bartolina Sisa. Los congresos orgánicos son para consolidar la organización. Hay que definir el trabajo, pero siempre manteniéndonos unidos. Tenemos un objetivo: desarrollar y profundizar el Estado Plurinacional. La clave es el liderazgo, el objetivo y la organización, son los tres pilares de la victoria”, recuerda la autoridad.
‘Buscan intereses individuales’
César Navarro Viceministro de Estado
Al grupo de disidentes los califica como “derechistas” por haber abandonado el proceso que inició el presidente Evo Morales. “Son compañeros que no responden al momento ni al proceso político que estamos viviendo ahora. Están anteponiendo sus intereses individuales y no colectivos. Aparte se han convertido en bufones de la derecha”, arremete Navarro. Explica que los movimientos sociales están conformes con la gestión gubernamental. “No entiendo por qué dicen que se abandonó a los sectores sociales, eso no es cierto”.