lunes, 7 de marzo de 2016

Redes sociales, el mundo que la clase política no logra ‘tomar’







La relación de los políticos en Bolivia con las redes sociales está marcada por la incomprensión. Su desconcierto se caracteriza por una oscilación del poder político que pulula entre insinuar el control de estas plataformas digitales y aprender a usarlas.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz
00:07 / 07 de marzo de 2016

Es difícil decir con precisión cuáles son las potencialidades comunicacionales (su efectividad) de las redes sociales (RRSS). En todo caso, al menos al principio, el Movimiento Al Socialismo (MAS) atribuyó su derrota en el referéndum del 21 de febrero al uso de estas herramientas por parte de la oposición y habló de la necesidad de debatir su regulación. ¿Cómo son las redes y cómo se fueron convirtiendo en uno de los escenarios de las pugnas y reivindicaciones políticas en Bolivia?

Dentro de sus rasgos generales, hay que convenir que las redes sociales permiten a sus usuarios expresarse e interactuar casi sin limitaciones de contenido ni forma (las propias redes tienen sus normas específicas que prohíben por ejemplo la publicación de posts racistas, entre otros). Si bien son los usuarios quienes se autorregulan unos a otros, los mensajes que se publican muchísimas veces escapan incluso al mismo control del servicio que da una específica red.

Sin embargo, por esta potencialidad de expresión, frente a otras formas de comunicación, las RRSS devienen una herramienta comunicacional privilegiada y, salvo las excepciones mencionadas, libre (incluso considerando a las restricciones a la visibilidad de un post no pagado).

FENÓMENO. El investigador en el tema Pablo Rivero explica el fenómeno comunicacional de las redes sociales en internet: “No son medios convencionales, no son medios unidireccionales”, sino que se crean y popularizan a partir de expresiones sociales (“de ahí el ‘préstamo’ de la categoría sociológica “redes sociales”) a través de la tecnología y el contexto histórico y social, los cuales “convergen en la posibilidad de reproducir —esto es lo importante— las relaciones sociales, ideas, prácticas, creencias y manifestaciones culturales en la web”.

Es decir que son un mecanismo comunicacional que puede ser descrito como multidireccional, que además hace que cohabiten diversidad de códigos, formatos y lenguajes.

En cambio, la política en su sentido más restrictivo y convencional, el que se refiere al ejercicio del poder, es en esencia unidireccional, por tanto, opuesta a la dinámica más bien heterogénea de las redes sociales. Por supuesto, la política en su sentido amplio, de la preocupación y acción por lo público, excede aquella referencia inmediata y tiende a sobrepasar lo que una autoridad dice o hace, ‘invadiendo’ los intersticios cotidianos de la vida; aunque los políticos en ejercicio del poder o pugnando por ejercerlo quieran de una y otra forma monopolizar la práctica de la política. Es en esa forma restrictiva de entender la política que hay una inclinación por lo vertical, lo que en el ámbito comunicacional se expresa en la vocación por controlar los mensajes.

Esta afición del ejercicio del poder es perturbada por herramientas como las redes sociales. Así lo explica Rivero: “Las plataformas en internet (llamadas o mal llamadas ‘redes sociales’) son innovaciones sociales con tecnología de principios del siglo XXI que explosionan las formas controladas de comunicación uni o bidireccional, (que) ‘descontrolan’ las relaciones por canales distribuidos y desconcentrados”.

En efecto, la estructura convencional de las instituciones políticas (partidos e instituciones de Gobierno y Estado) se inclina hacia la centralización de todo, incluidos los mensajes, por lo que la lógica heteróclita de las redes sociales parece haber dejado perpleja a una mayoría de los políticos.

Así lo dice el comunicador Tonny López: “(En las RRSS) el tema es entrar en la interacción entre usuarios. Tanto oficialismo como oposición no tienen mucha idea de cómo se manejan las redes sociales, pero con tanta práctica se están dando cuenta de la dinámica: actuar e interactuar”.

Siguiendo esta misma tesis de la incomprensión política de la lógica de las RRSS, la ciberactivista Eliana Quiroz va aún más lejos, pues señala que los políticos para decodificar o entender las redes requieren de una mediación (que deviene de una autonomía todavía en formación de las mismas redes): las RRSS “aún no pueden ser protagonistas sin ayudas, tienen la necesidad de generar una dupla con los medios de comunicación masivos. Sin éstos, las redes no podrían ser relevantes en la vida política, porque el sistema político aún no entiende el mundo virtual, le es ajeno, lo que más entiende hoy es el lenguaje de los medios. De modo que los medios funcionan como traductores y amplificadores cuando la noticia se genera en internet, o buscan legitimidad de sus contenidos en las redes sociales, donde se cree que la ciudadanía habita”.

PERPLEJIDAD. Rivero afirma que esa perplejidad de los políticos ante las redes tiene varias causas; pero aunque hay excepciones, una mayoría “no logra adoptar una lógica digital y se queda en la práctica analógica, porque aún las prácticas políticas son dominadas por estructuras jerárquicas, centralizadas y con poca presión (jurídica y social) para transparentarse o al menos abrirse a través de recursos digitales, tecnologías (incluso emails o SMS, que ya no son tan nuevas) y ejercicios presenciales. Tenemos además una concentración de mensajes, casi un monopolio, a través de conferencias de prensa y programas de Tv tipo de infotainment [programas que ofrecen información bajo fórmulas de entretenimiento; el término procede de unir information y entertainment]”.

El resultado es el desconcierto de una mayoría de los políticos —desorientación que se transfiere al modo en que las instituciones de la política tradicional se expresan en las redes— los cuales se mueven oscilantes entre un extremo y otro, esto es: intentar comprender estas herramientas usándolas, o proponer controlarlas (como en el caso del oficialismo) o utilizarlas desde una lógica de centralización del mensaje en el caso de las oposiciones. Ese movimiento oscilante está bien descrito por López, cuando se refiere a cuatro hitos de la relación entre el poder político y las redes sociales.

Estos cuatro momentos son: 1) la escaramuza de posts en Twitter entre Carlos Mesa y Sacha Llorenti. “Ésta fue la primera vez que los medios tomaron un post de redes como fuente”; 2) en octubre de 2012, el vicepresidente Álvaro García Linera dijo que se encuentra anotando los nombres y apellidos de quienes insultan al Presidente en RRSS; 3) en 2015, Evo Morales ve debilidad de su campaña en redes sociales e instruye a sus seguidores a utilizar la herramienta y hacer proselitismo en ese espacio (recientemente, García Linera llamó a jóvenes del área rural a hacer lo propio: utilizar las redes para desmentir lo que considera falsedades que se difunden en las plataformas digitales); y 4) en febrero de 2016, luego del referéndum constitucional, cuando Morales dijo que las redes “tumban” gobiernos y hay que debatir su regulación.

Como se ve, en estos hitos está la oscilación entre la repulsión por las redes sociales, y la necesidad por parte de los políticos de acudir a ellas.  Tal vez, la traslación de la política a la web (originada en el no planificado choque entre Llorenti y Mesa) es, “como mucho (de lo que sucede) en la web, espontáneo e intuitivo”, describe Rivero. En todo caso, frente a la tentación de regular las redes están los ensayos, tanto de políticos como de las instituciones públicas (partidos y sus variaciones), que buscan utilizar las redes sociales y comprender sus mecanismos.

El acercamiento a las redes por parte de los políticos vinculados al ejercicio del poder es relatado por Quiroz por oposición a esa otra política del activismo (ciberactivismo)relacionada a temas de interés público como los derechos de las mujeres, acceso a la información, etc.

Antes del referéndum de 2016 —da cuenta Quiroz—, en Bolivia la internet era reconocida como un “espacio político en disputa” solo por algunos ciudadanos y otros tantos periodistas. “Las organizaciones políticas, los políticos y las entidades de Gobierno tenían escasa actividad en espacios virtuales”. Entonces, la política en la web boliviana sucedía “sobre todo del lado de la ciudadanía con expresiones activistas con las más diversas causas”: derechos de los animales, mejora del servicio de internet, violencia de género, promoción del uso de software libre, temas medioambientales, entre otras.

CAMPAÑAS. El sistema político había frecuentado las redes sociales solo en la campaña de las elecciones generales de 2014, cuenta Quiroz. Los partidos prácticamente no tuvieron presencia fuera de esa época electoral. Mientras tanto, algunas personalidades políticas tenían cuentas “medianamente bien administradas”, como Betty Tejada, Óscar Ortiz, Manuel Canelas o Samuel Doria Medina. Aunque, “usualmente, carecían de la interacción con la ciudadanía”. López midió que solo el 3% de los políticos administran sus cuentas personales en RRSS, el resto lo delega a terceras personas.

Por lo demás, estas herramientas usualmente eran utilizadas para la difusión de sus actividades, vuelve Quiroz. Un ejemplo de “buena administración” es Carlos Mesa. Por ejemplo, en la entrevista en PAT en que este expresidente desmintió que tenga una intención de ser candidato a la presidencia en 2019, se refirió al aspecto práctico de su cuenta en Twitter, señalando que le permite dar una declaración pública sin la necesidad de llamar a una conferencia de prensa, lo cual muestra la consciencia de la “dupla” entre medios y redes, anotada por Quiroz. En cuanto a entidades de Gobierno, concluye la ciberactivista, muy pocas “informaban y proponían interacción al público a través de sus cuentas de Twitter o Facebook”.

Hoy una buena excepción es el Tribunal Supremo Electoral (TSE), que interactúa todo el tiempo con los usuarios. El resto de instituciones estatales con presencia en RRSS todavía se queda en las buenas intenciones, manteniendo sus cuentas inactivas a veces durante varios días y reapareciendo solo cuando una coyuntura crítica les obliga a informar mediante estas herramientas (por ejemplo el caso de YPFB y las lamentables muertes por intoxicación de la semana que acaba). En el ínterin, cuando no existe una situación de crisis, es posible que las cuentas de instituciones estatales caminen con un exceso de cautela, que les hace preferir la inactividad.

Aunque cabe decir que esas cuentas, por más activas que estén, informando de sus actividades, están lejos del manejo de redes que hace el TSE.Rivero remarca esta falencia con ejemplos en que las prácticas políticas se han “normalizado” en plataformas en internet, ya que “allí es donde ‘está’ la gente y las esferas políticas sienten la necesidad de aproximarse, de llevar su mensaje”. Pero, otra vez: “en Bolivia aún se mantiene una lógica unidireccional o restringida de la práctica política en la web”.

En cuanto a la relación de usuarios con instituciones de Gobierno, “no hay una legislación sobre transparencia, datos abiertos y control social; tampoco hay una decisión política de generar mecanismos de intercambio o generación colectiva de normas, políticas o iniciativas ciudadanas por la web o con aprovechamiento de redes sociales en internet”, cuestiona al mencionar que no hay que ir muy lejos para encontrar buenos ejemplos de lo contrario a lo que sucede en Bolivia: “en Colombia hay ejemplos muy interesantes de prácticas políticas abiertas, basadas en plataformas tecnológicas, que buscan involucrar y acercarse a la gente”.

Después de todo este recorrido, volviendo al hito cuatro que enumeraba López (Morales diciendo que las RRSS tumban gobiernos y que hay que debatir su regulación), se puede decir con Quiroz que la novedad es que, durante la campaña del referéndum hasta hoy, “la dinámica social en internet ha logrado imponer agenda política y construir un relato social de una manera vertiginosa y llena de emotividad, como son las redes sociales digitales”.

Entonces, ¿servirá de algo regular las redes en función de la conclusión del MAS de que fueron factor determinante en su derrota (es claro que debe haber una regulación orientada exclusivamente a permitir su uso en la lucha de delitos como la trata de personas, por ejemplo) o sería mejor seguir intentando despojarse de la persistencia intrínseca pero no fatal ni insuperable, de la vocación del ejercicio del poder?

Una conclusión oportuna es la de Quiroz al contestar la pregunta ¿cómo pueden los políticos y organizaciones políticas incluirse en la dinámica de las redes?: “Entendiendo y aprendiendo cómo funcionan, convirtiéndose en actores relevantes del ciberespacio, generando contenidos apreciados (esperemos que sanos, no farandulescos, ya que ambos son aceptados), porque una de las características de las sociedades en internet es que son meritocráticas, no vale hablar sino hacer”.

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Regular las redes

 

Regular las redes no requiere tipificar nuevos tipos penales y sanciones; el proyecto de ley presentado nos haría pensar que las redes son una dimensión paralela con sus propios delitos. Seguir en esa lógica nos llevaría a duplicar el Código Penal, reinventando cada ley para adecuarse a esta cosa (para nada) misteriosa llamada internet.

La Razón (Edición Impresa) / Amaru Villanueva Rance
00:06 / 07 de marzo de 2016

Mucho se ha dicho en las últimas semanas acerca de regular las —mal llamadas— redes sociales, herramientas acerca de las cuales la mayoría de nosotros seguramente podría autoproclamarse como experto. Sin embargo, nos inundan los lugares comunes y simplificaciones acerca de una serie de debates complejos que absurdamente nos posicionarían en dos bandos (onda plebiscito) acerca de si deberían o no ser reguladas.

Asumiendo con entusiasmo el riesgo de decir cosas que a muchos no les agradará leer, en los siguientes tres puntos argumentaré que las redes en definitiva son objeto legítimo de regulación, pero quizá no como se está planteando desde una falsa dicotomía entre control y libertad a secas.

ASIMETRÍAS. El paraíso perdido del ciberespacio: el primer punto tiene que ver con la naturaleza ostensiblemente libre y democrática de este plano digital. En nuestro ciberutopismo, a veces intentamos creer que las redes son espacios extraterritoriales donde reinan las voluntades de millones de ciudadanos soberanos, quienes con sus opiniones y debate constituyen una especie de ágora virtual libre de todo dominio.

Pero la mayoría del tiempo ignoramos que se vienen acrecentando las asimetrías en este plano: desde los términos y condiciones a los que estamos sujetos, pasando por la territorialización de nuestros datos (que no se encuentran en la “nube”, sino en enormes granjas de servidores, generalmente en Estados Unidos), y el acceso sigiloso que tienen a nuestra información personal agencias como la NSA (Agencia de Seguridad Nacional, por sus siglas en inglés, National Security Agency).

Es decir, le negamos fervientemente a un Estado lo que sin siquiera percibirlo le concedemos a las grandes corporaciones, e incluso a gobiernos de otros países. Nuestras redes ya están profundamente reguladas, y la más clara evidencia que tenemos de ello es nuestra pedestre ignorancia de este hecho.

Tampoco es cierto que internet es un plano horizontal donde todos (al fin, aleluya) somos “iguales”, basándose esta ilusión en un libertarismo profundamente conservador en la que la igualdad es meramente una potencialidad. Si bien es cierto que cualquier ciudadano puede crear una cuenta, compartir contenido y llegar a miles de personas, existen desequilibrios monstruosos en el alcance de las publicaciones debido al pauteo, o difusión pagada. El volumen de nuestra voz digital está cada vez más condicionada por nuestra capacidad de pago.

ANONIMATO. Los rostros camaleónicos de la anonimidad: el segundo punto de este análisis tiene que ver con el anonimato, que en la corta pero extensa historia del internet ha servido para que ciudadanos revelen información de interés público sin correr riesgos sobre su seguridad personal.

Sin embargo, a diferencia de los medios tradicionales (donde los medios y periodistas son responsables de la información que presentan), las redes permiten la difusión masiva de información de todo tipo de manera anónima, haciéndose cuando menos dificultosa una rendición de cuentas razonable.

Existen leyes vigentes en nuestro país respecto a la calumnia, el acoso político, la violencia de género, la protección de menores, así como en relación al racismo y toda forma de discriminación. Pero la mayoría de las veces no existen personas jurídicas o naturales a quienes se les puedan atribuir muchas de estas ofensas.

El mismo Facebook está consciente de los problemas que genera el no poder vincular a personas naturales con cuentas específicas y por ello ha impuesto la condición (no siempre cumplida) de que las cuentas deben llevar nombres y apellidos reales.

La policía en distintas partes del mundo hace pedidos de información a ésta y otras corporaciones con el fin de investigar y resolver crímenes de toda índole. La validez jurídica de estas evidencias es cada vez más reconocida por cortes y sistemas legales. La razón es que la preocupación por regular las redes no solo surge entre políticos, sino entre quienes son objeto de acoso sexual, político o víctimas de violencia digital.

El pasado martes, la Policía federal brasileña arrestó al vicepresidente de Facebook para América Latina porque la empresa se rehusó a revelar datos de WhatsApp (adquirida por Facebook en 2014) ligados a un caso acerca del tráfico de cocaína.

Pero ésta y otras empresas globales en algunos casos ofrecen mecanismos para la liberación de información: en la primera mitad de 2015 (último periodo para el cual se dispone de datos), 91 países realizaron pedidos de información a Facebook un total de 38.946 veces; casi la mitad por Estados Unidos. Al mismo tiempo, 20.568 contenidos han sido restringidos a pedido de gobiernos en base a sus leyes locales (por ejemplo en Francia, donde se han restringido contenidos 295 veces, es ilegal cuestionar la existencia de crímenes contra la humanidad como el Holocausto).

Bolivia no se encuentra en esa lista. Y no es necesariamente un motivo para celebrar. Si el Estado boliviano no ha solicitado este tipo de información hasta el momento, quizá sea por inoperancia investigativa o por deficiencias en nuestras leyes al no poder hacer uso judicial efectivo de evidencias de esa naturaleza.

La posibilidad del anonimato ciertamente tiene usos loables en las redes, pero también abre la puerta a una serie de problemas. Partiendo de una acepción básica del bien común, el anonimato en la red no es valioso porque nos permite decirle ‘chusma’ al vecino sin ser descubiertos, sino más bien porque puede salvaguardar o promover otros derechos que sí son de interés público, como la filtración a WikiLeaks por parte de Chelsea (née Bradley) Manning de documentos clasificados acerca de las guerras en Irak y Afganistán en 2010.

REGULACIÓN. Nuestra realidad es virtual: esto me lleva al tercer punto, que trata de la inevitabilidad de la regulación de las redes. Una regulación extrema, como la que existe en China, sería inviable sin un sistema de vigilancia masivo que atente contra la libertad de expresión y asociación garantizados, no solo por nuestra Constitución, sino por una serie de tratados y convenciones a los que estamos sujetos como país.

Considero que la ofuscación conceptual parte de que este plano no termina de definirse entre la esfera pública (como los medios tradicionales) y la privada (como las conversaciones entre amigos en un café). Pero caer en este debate sería una distracción.

Es mentira que las redes no estén reguladas hoy en Bolivia, stricto sensu. Todo acto que tiene lugar en la esfera pública (y muchos actos, como la violencia doméstica, que a veces se pensaría pertenecen a la esfera privada) son objeto de las leyes de nuestro Estado. Solo sucede que en 2016 no existen los mecanismos para efectivizar un cumplimiento de las leyes cuando los hechos suceden en internet. Es decir, la recolección y validez de evidencias obtenidas en las redes hoy por hoy no están normadas.

El posibilitar esta tarea en mi opinión no requiere tipificar nuevos tipos penales con sus respectivas sanciones; el proyecto de ley presentado nos haría pensar que las redes son una dimensión paralela con sus propios delitos. Seguir en esta lógica nos llevaría a duplicar el Código Penal, reinventando cada ley para adecuarse a esta cosa (para nada) misteriosa a la que llamamos internet.

Las redes no pertenecen a una esfera etérea y desterritorializada en la que a veces, en nuestro ciberutopismo, quisiéramos creer. ¿Por qué debería ser legal difamar a alguien en la red mientras que hacerlo offline es una ofensa penada por ley? La pregunta de fondo es si estos espacios digitales pueden ser regulados de forma razonable y proporcionada, de tal manera que no se infrinja sobre la privacidad, libertades de expresión, asociación y (en algunos casos) el anonimato de los usuarios. Ningún país en el mundo ha encontrado aún una respuesta convincente a esta pregunta.


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‘Memetización’ de la política

 

¿Es posible/deseable regular las redes sociales digitales, habida cuenta de su enorme potencial expresado en la ‘memetización’ de la política? Sostengo que antes de pensar en regular las redes, el reto mayor es democratizarlas.

La Razón (Edición Impresa) / José Luis Exeni Rodríguez
00:03 / 07 de marzo de 2016

Dudas, vendettas, obsesiones. ¿Es posible regular las redes sociales digitales? ¿Es deseable hacerlo? En otra lógica: ¿qué hacer para “controlar” o al menos atenuar su demostrado potencial como escenario/instrumento de guerra sucia? O mejor: ¿de qué modo alentar su energía creadora, dialógica, movilizadora, participativa? En nuestra democracia electoral, las redes sociales llegaron para quedarse, como ha quedado sobradamente demostrado en el referendo constitucional. Y bien haremos en darles la bienvenida con debate y multitud de preguntas.

Regular o no regular. Cuando en el equipo técnico del Servicio Intercultural de Fortalecimiento Democrático (Sifde), del Tribunal Supremo Electoral, elaborábamos la propuesta de Reglamento de Campaña y Propaganda Electoral en Referendo, asumimos por principio que, en materia electoral, no es posible ni deseable regular las redes sociales digitales. Coincidimos más bien en que el desafío radica en impulsar en ellas el ejercicio del derecho constitucional a la libertad de expresión, en el horizonte de la democracia intercultural.

La premisa es que las redes sociales digitales, ora escenario, ora protagonistas, son espacios públicos (virtuales) donde difícilmente un órgano del poder público puede intervenir para normar, vigilar, castigar… Así, al igual que en la agenda informativa y de opinión en los medios de difusión masiva, reafirmamos que las ideas, opiniones y debates en las redes sociales en torno a procesos electorales y referendarios en el país deben manifestarse libremente, sin restricciones, ni controles, ni censura previa.

Ahora bien. Sostenida la convicción/principio en torno a la no regulación de las redes sociales digitales, resulta necesario considerar, a beneficio de inventario, algunos matices y atenuantes. ¿Se pueden adoptar ciertas reglas mínimas para los sitios web y las redes sociales en materia electoral? La respuesta es que no solo es posible, sino necesario. Con las cuentas oficiales de entidades públicas y de organizaciones políticas, por ejemplo. Veamos el más reciente, probatorio ejercicio.

En el mencionado Reglamento de Campaña y Propaganda Electoral en Referendo se estableció una innovadora prohibición para las entidades públicas del nivel central del Estado y de las entidades territoriales autónomas: “no podrán hacer uso de sus páginas web y sus redes sociales digitales oficiales, dependientes o de subdominio, para la difusión de propaganda electoral durante todo el periodo electoral”, establecía el artículo 35. Con algunos enojos, se hizo cumplir. Y se reconoció como avance.
También fue necesario dar cuenta del carácter esencial pero no absoluto de la libertad de expresión. ¿Cómo se hizo desde la normativa electoral? Señalando que las informaciones, opiniones y debates en las redes sociales digitales, como en cualquier espacio público, deben ejercerse “tomando en cuenta las limitaciones vigentes en la Constitución Política del Estado, y en otras leyes, que tengan por finalidad la preservación de los derechos fundamentales de las personas”. Parece obvio. En la práctica no lo es tanto.

¿Y la guerra sucia? ¿Qué hacer? ¿Es posible evitarla en las redes sociales? En el reciente estudio Comicios Mediáticos II se evidenció que la propaganda negativa, cuyo espacio privilegiado en el pasado fueron los spots televisivos de propaganda pagada, se había traslado ya en las elecciones generales de 2014 a la agenda informativa y, en especial, a las redes sociales digitales. La tendencia se acentuó en el reciente referendo. Y aquí la intervención del Órgano Electoral se limitó a una exhortación que se (de)mostró insuficiente e inútil.

Memes, memes, memes. Ahora bien, más allá del debate, todavía rudimentario, acerca de la (no) regulación en las redes sociales digitales, quizás lo más relevante en este campo, en torno al referendo constitucional 2016, tiene que ver con la entrada en escena de un fenómeno que, en clave exploratoria, identifico como “memetización” de la política. ¿Qué significa? Planteo dos hipótesis. La primera es que los memes y su veloz propagación en las redes adquieren centralidad en el debate público-político como unidad de contenido/difusión en las comunidades virtuales.

La segunda hipótesis es que hoy la competencia electoral, con creciente presencia de los medios interactivos que tienden a competir con los aún dominantes medios masivos (en especial la televisión), tiene en los memes un eficaz instrumento de campaña y de propaganda. La viralización de los llamados “sucesos de campaña” a través de memes compartidos, reconocidos, vinculados con otros memes, (re)interpretados y, en su caso, “exportados” a la agenda mediática, construye asociaciones de pertenencia política en torno a una candidatura o, en referendos, una opción.

Claro que, como ocurre con la todavía existente “spotización” de la política, el recurso a los memes privilegia las imágenes más que las propuestas, subordina el qué se dice al cómo se dice, debilita la deliberación pública con mensajes simpáticos y creativos pero usualmente efímeros, resalta las consignas por encima de los argumentos… Demás está decir que resultaría ingenuo pedirle otra cosa a la política “memetizada”. Su naturaleza es precisamente ésa. Y debemos asumirla como dato.

Así, tras esta breve exploración, replanteo la pregunta de origen. ¿Es posible/deseable regular las redes sociales digitales, habida cuenta de su enorme potencial expresado en la “memetización” de la política? Sostengo que antes de pensar en regular las redes, el reto mayor es democratizarlas. Al menos en dos sentidos: de acceso, hoy restringido para una parte sustantiva de la población; y de participación, como espacio no de guerra sucia, no de insulto anónimo, sino para el diálogo plural y la deliberación informada.

Concluyo subrayando, como ventanita, tres buenas noticias. La primera, para la comunicación, es que hay mucha comunicación más allá de los medios de difusión y las redes sociales digitales. La segunda buena noticia, para la democracia, es que hay mucha democracia más allá del sufragio individual y las organizaciones políticas. Y la tercera, en fin, para la política, es que hay mucha política más allá de su “spotización” y su “memetización”. Corren tiempos intensos e interesantes en nuestro complejo proceso de refundación estatal.


lunes, 29 de febrero de 2016

Después de 6 años de la Ley 071, aún no existe la Defensoría de la Madre Tierra en Bolivia

Parque Nacional MADIDI




Tras 6 años de la 071, aún no hay la Defensoría de la Madre Tierra

Investigadores observan que la ausencia de esta oficina dificulta, de alguna manera, el trabajo de las personas que trabajan en la defensa de la tierra.

Gabriel Díez Lacunza  / La Paz, 29 de febrero de 2016.


El artículo 10 de la Ley 071 de Derechos de la Madre Tierra -del 21 de diciembre de  2010- establece la creación de la Defensoría de la Madre Tierra. Han pasado  más de cinco años de la  promulgación de esta norma y  dicha instancia  aún no existe.

Para algunos  investigadores  la ausencia de esta oficina  dificulta, en cierta medida, el trabajo de instituciones y grupos especializados en la defensa del medioambiente. Mientras que desde la Autoridad de la Madre Tierra -creada en 2012- se informa que si no se ha podido crear este despacho ha sido debido a la burocracia heredada de los gobiernos neoliberales.

"Ante el poder hegemónico del Gobierno que controla los poderes ejecutivo  y legislativo la sociedad civil se encuentra sin mecanismos institucionalizados que apoyen las acciones de defensa de la Madre Tierra”, afirma Luis Fernando Heredia, miembro de la Unidad de Acción Política del Centro de Investigación y Promoción del Campesinado.

El discurso "pro Madre Tierra” fue uno de los temas centrales en las expresiones  del presidente Evo Morales desde que llegara al poder en 2006.  

Sin embargo hubo hechos como la represión a la  marcha indígena -que se oponía a la construcción de una carretera por el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS)- en 2011 que se quedó  como  "marca negativa” de su  gestión.

Para el investigador Marco Octavio Ribera la Ley 071 fue más bien simbólica para mostrar el discurso de protección de la naturaleza en la Cumbre climática de Cancún (México) en  2010. Entonces Morales advertía: "O muere el capitalismo, o muere la Madre Tierra. Buscar una salida intermedia es engañar al mundo”.

Ribera sostiene que "en el fondo ni el artículo 10, ni ninguno de los otros han sido respetados” e incluso afirma que la ley marco la contradice. Para este investigador la Ley 300 es "productivista y utilitarista y muy poco defensora de la Madre Tierra; por tanto,  difícilmente podía incluir a la Defensoría”.

En el artículo 10 de la Ley 071 de Derechos de la Madre Tierra se lee: Se crea la Defensoría de la Madre Tierra, cuya misión es velar por la vigencia, promoción, difusión y cumplimiento de los derechos de la Madre Tierra, establecidos en la presente ley. Una ley especial establecerá su estructura, funcionamiento y atribuciones.

De manera complementaria a ese mandato,  el artículo 39 de la Ley 300 Marco de la Madre Tierra y desarrollo integral para vivir bien, de 15 de octubre de 2012, crea la obligación de activar instancias administrativas y/o jurisdiccionales con el objeto de exigir la protección y garantía de los derechos de la Madre Tierra a  las autoridades públicas de cualquier nivel del Estado en el marco de sus competencias, el ministerio Público, el Tribunal Agroambiental y la Defensoría de la Madre Tierra.

Mientras que el artículo 52 de dicha norma indica que esta instancia -la Defensoría- será parte del Consejo Plurinacional para vivir bien en armonía y equilibrio con la Madre Tierra junto al Presidente del Estado, los asambleístas nacionales y los representantes de organizaciones sociales, entre otros.

Sobre estas disposiciones,  el abogado constitucionalista Alan Vargas Lima considera que falta mucho para que exista decisión efectiva de crear una instancia encargada de vigilar las violaciones de los derechos de la Madre Tierra que son descritos en la 071 con detalles. "Sin embargo, esto no exime a nadie del deber que tenemos de denunciar por todos los medios posibles, los ataques y las acciones encaminadas al desmedro de las reservas naturales”, sostiene Vargas.

La necesidad de una Defensoría

El cuidado del medioambiente es en los últimos tiempos uno de los temas de debate en las reuniones de líderes mundiales. Por ello, la conformación de una Defensoría que se centre en este tipo de temas es -a juicio de investigadores- una necesidad para regular, normar y denunciar, si se diera el caso, el comportamiento de los seres humanos para con el planeta.

El presidente del Foro Boliviano sobre Medio Ambiente y Desarrollo, Adolfo Moye, considera que la constitución de una Defensoría permitiría ir más allá del mero discurso ambientalista ya que sería una instancia donde hacer control.

"Complica un poco el no tener un punto de concentración de defensores de la Madre Tierra para denunciar y exigirle cumplimiento de la ley. Para la sociedad humana es necesario porque hay mucho por trabajar en la protección y defensa del planeta Tierra”, manifiesta Moye.

Ribera, a su vez, sostiene que crear esta instancia sería beneficioso para el país "pero bajo otro marco”. "Hubiera sido hermoso intentar modificar la Constitución para incorporar aspectos como éste, dar más fortaleza a las autonomías indígenas, realzar más las áreas protegidas, corregir el error conceptual sobre la delimitación de la Amazonia o sacar la luz verde a los transgénicos”, dice.

El actual director ejecutivo de la Autoridad Plurinacional de la Madre Tierra, Ramiro Villarpando, explica que uno de los motivos por los cuales no se creó esta Defensoría es la herencia del sistema neoliberal en el campo administrativo.

"Por un lado teníamos la visión del desarrollo económico social y por otro la planificación del ordenamiento territorial, por separado”, sostiene.

Manifiesta que una vez se sienten las bases de institucionalización de la entidad que dirige se podrá pensar en la constitución de dicha Defensoría.

Marco normativo sobre  la Madre Tierra en Bolivia

Ley de Derechos  La Ley 071 de Derechos de la Madre Tierra fue promulgada el 21 de diciembre de 2010. Consta de 10 artículos en los que  se establecen las definiciones de los términos para el cuidado del planeta.
Defensoría  El artículo 10 de la Ley 071 habla de la creación de la Defensoría de la Madre Tierra. Hasta la fecha, esta instancia no se constituyó de manera efectiva.
Ley Marco  La Ley 300 Marco de la Madre Tierra y Desarrollo Integral para Vivir Bien se promulgó el 15 de octubre del 2012. En esta norma se establecen los lineamientos de acción para el resguardo y cuidado de la Madre Tierra en función a lo establecido por la Ley 071 de Derechos de la Madre Tierra.
Autoridad  El artículo 53 de la Ley 300 -de 2012- establece que "Se constituye la Autoridad Plurinacional de la Madre Tierra, como una entidad estratégica y autárquica de derecho público con autonomía de gestión administrativa, técnica y económica, bajo tuición del Ministerio de Medio Ambiente y Agua”.


REFERÉNDUM EN BOLIVIA: Ganó el No porque en el MAS el aparato estatal desplazó al orgánico






El MAS perdió el referéndum. Su explicación de la derrota (traición de la clase media y guerra sucia en redes) parece insuficiente, por lo que se barajan otras interpretaciones, entre ellas que en el MAS el aparato estatal sustituyó al orgánico.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar
00:22 / 28 de febrero de 2016


Diez años de continuas y aplastantes victorias electorales del Movimiento Al Socialismo (MAS) han sido una anomalía en la historia política boliviana.

Naturalmente, el MAS presume de ello, y con mucha razón. No obstante, esa inédita buena racha sostenida por una década sufrió un trastorno el 21 de febrero, cuando en el referéndum que consultaba si se debía modificar la Constitución para posibilitar dos reelecciones consecutivas para los cargos de Presidente y Vicepresidente salió perdedora la opción que propugnaba Evo Morales. Se decidió por voto ciudadano que la Constitución se mantenga invariable.

Descontando las derrotas en la elección judicial (2011, cuando ganó el voto blanco y nulo), el referéndum estatutario (2015) y alguna pérdida de espacios a raíz de los comicios subnacionales (2015), se puede decir que las opciones que promovió el MAS en las diferentes campañas no fueron fracasos que afecten el invicto de Evo Morales sino muy indirectamente. Hoy el panorama es otro, pues la imbatibilidad electoral de la cabeza del proceso de cambio fue quebrantada por primera vez. Se afirma esto porque la misma campaña del MAS dio el cariz concreto de que se estaba votando a favor o en contra de su líder, más que por una modificación en abstracto de la Constitución.

Al respecto, Salvador Schavelzon, doctor en Antropología Social, señala que en realidad el MAS ha descendido 18 puntos en relación al último referéndum en el que también estaban directamente involucrados el Presidente y el vicepresidente Álvaro García Linera; es decir, el referéndum revocatorio de 2008, cuando el binomio obtuvo 67,4%. En el referéndum del domingo fue favorable con Morales y García el 48,67%, la diferencia es de 18,73 puntos porcentuales.

Hay que profundizar, sin embargo, en las razones por las que el MAS perdió, ya que de éstas derivarán los retos que deberá asumir este conglomerado de actores que forma un partido poco tradicional.

Separación. Precisamente es en una disociación dentro del Instrumento Por la Soberanía de los Pueblos donde se encuentra uno de los factores por los que ganó el No.

Dicho sin anestesia: “En lugar de un partido de bases movilizadas, el MAS se transformó en un partido de hombres de Estado y electores”, apunta Schavelzon.

La politóloga Helena Argirakis refuerza la hipótesis: “¿Por qué el descenso (de votos)? En lo interno: (porque) el aparato estatal reemplazó al aparato orgánico del instrumento, hubo mucha presencia del aparato estatal y eso fue un boomerang”.

De hecho, dirigentes de movimientos sociales dan indicios de que la disociación existe (esto sin olvidar la complejidad de que la mayoría de los dirigentes de movimientos sociales son a un tiempo hombres y mujeres de Gobierno): “Ha habido alguna soberbia de algunos ministros que apoyan a nuestro Presidente, tal vez pueda ser esa duda y desconfianza que se ha creado”, dijo Concepción Ortiz, vicepresidenta del MAS sobre la derrota del Sí.

Aún más: “en la evaluación nacional vemos que las organizaciones sociales nos hemos sentido relegadas, por el rol que teníamos (que) jugar (en la campaña) y en ese momento se formó las comisiones especiales encabezadas por ministros y senadores y eso ha dificultado el trabajo”, declaró a ANF Juan Alfaro, secretario de Tierra y Territorio de los Interculturales.

Pero no es todo: “Quizás a nivel del MAS, (con) las autoridades políticas no se ha trabajado con humildad ni de manera orgánica; quizás algunos temas internos o ambiciones de grupo o la mezquindad, eso ha perjudicado al interior de la administración política”, dijo Rodolfo Machaca, de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) al mismo medio.

Todo esto, sin embargo, requeriría de un mayor análisis, porque, como se dijo, la problemática está atravesada por la complejidad de que la línea que diferencia a dirigentes de movimientos sociales de hombres y mujeres de Gobierno y Estado suele ser delgada.

Algo que se viene repitiendo desde hace mucho y que resulta consistente con la observación de Argirakis y Schavelzon de que se hayan sustituido a la base movilizada o al aparato orgánico por “hombres de Estado” y “aparato estatal”, es una costumbre de la partidocracia que confunde a funcionarios de Estado con militantes del partido de Gobierno. El MAS niega que sus funcionarios hagan campaña obligados, pero es sabido que lo hacen. Esto posiblemente sea una muestra, en pequeño, de la sustitución de la que hablan los académicos mencionados. Una vez más está la complejidad, ya que la línea entre funcionario del Estado durante una gestión de gobierno y la militancia en el partido de turno suele ser muy delgada, aunque sin duda existe en el acarreo de servidores públicos durante las campañas un uso proselitista de los recursos humanos del Estado, que causa resistencia en estos mismos trabajadores del sector público, según testimonios de funcionarios no militantes que deben ser guardados en reserva. El resultado es: “hago campaña (por el Sí) pero voto No”.

De la observación de la disociación, entonces, deriva uno de los retos del MAS que en última instancia intuye esa misma disfunción entre aparato estatal y bases movilizadas. El sociólogo Jorge Komadina dice que el oficialismo debería crear un espacio para la proyección de otro tipo de líderes, “que no provengan de la administración gubernamental, sino de la sociedad”. La recomendación presiente el mismo problema que notaban sus colegas académicos.

CAMPAÑA. Las quejas de los dirigentes de movimientos sociales, por muy concretas que parezcan al referirse específicamente a los errores en la campaña, son síntoma de que la disociación puede darse en diferentes campos de la gestión política.

Se tiene entonces un desgaste: “en lo orgánico, la conversión del aparato en una especie de agencia de empleos y de tráfico de influencias deriva en que se desterritorializa la gestión política a causa de la lógica prebendal”, explica Argirakis.

El diputado por el MAS Manuel Canelas nota que, a la vista de los resultados, puede tener sentido el análisis que plantea consecuencias distintas por la presencia de uno u otro de los aparatos, orgánico o estatal: “En los lugares donde ha habido más presencia orgánica y no tanto estatal el resultado de la votación ha sido bueno. En cambio, donde hubo un intento de desembarco estatal muy fuerte como en el oriente, sin acompañamiento de presencia orgánica tan fuerte, se ha perdido”.

La administración del MAS realizó fuertes inversiones en el oriente, sin embargo en Santa Cruz el No ganó con mayor volumen.

Canelas señala que habría que estudiar caso por caso, aunque subraya una coincidencia a favor de la hipótesis: La Paz y Cochabamba, donde el MAS tiene una estructura orgánica de lejos más establecida que en otros departamentos, ganó el Sí. Al contrario, “donde más hay presencia estatal que suple a la orgánica es en Santa Cruz, Beni y Pando”. En los tres el No ganó. Chuquisaca es un contraste, ya que existe una estructura orgánica incluso “más vieja” que la de La Paz y sin embargo “no funcionó”.

“Muy tentativamente es probable que tenga sentido”, concluye.

Ahora, en muchos casos hubo presencia estatal (siguiendo el libreto de campaña de entrega de obras) sumada a un aparato orgánico fuerte, como en La Paz y Cochabamba. “Ha funcionado mejor en los lugares en donde has tenido las dos cosas: presencia estatal con entrega de obras y liderazgo de ministros, es decir campaña desde la administración, pero con un correlato orgánico. Si solo tienes presencia estatal, no termina de funcionar; si tienes solo estructura orgánica, tampoco”.

En todo caso, Komadina se pregunta: “¿Podrá el MAS cambiar su estilo de gestión partidaria y de toma de decisiones que vienen del sindicalismo campesino, que es centralista, cuando son prácticas muy arraigadas y por tanto difíciles de cambiar?”. Ése es otro desafío.

Por supuesto que la disociación mencionada no sería la única razón de la derrota del Sí. Existen otras explicaciones plausibles.

REDES. El MAS, sin embargo, razonó de otra forma. El Presidente habló de tres causas, que alternan un factor externo y uno interno. Al saberse que el No había ganado, Morales dijo que un elemento fue la guerra sucia en redes; otro, que la mala gestión en algunas alcaldías de su partido perjudicó; y, que existen masistas “que están por pegas”. En esto último realizó una alusión a los miembros de la clase media del MAS y citó a Sergio Almaraz: “La clase media es clase a medias”. Es decir, que cuestionó la alianza del MAS con alguna parte de la clase media. “Supuestos militantes del MAS quienes son clase a medias, hay muchos muy comprometidos”, matizó.

Si bien siempre hubo elementos de la clase media provenientes de la izquierda en el MAS desde su primera participación en elecciones nacionales en 2002; es a partir de 2010 cuando se busca consolidar la hegemonía territorial, y hay un giro y llamado directo del partido de gobierno para incluir a profesionales y “empresarios patriotas”, llegándose incluso a invitaciones directas a elementos ligados con el pasado ‘neoliberal’.

Es sobre este aspecto que la politóloga Helena Argirakis encuentra otros problemas y retos tras el referéndum, al señalar que es necesario un “análisis y sinceramiento” del MAS: “¿hasta qué medida sirvió una alianza con Percy en cuanto a sumar votos?, ¿las concesiones hechas al empresariado cruceño, le han sumado votos? A mí me entra la duda. Entonces las decisiones no han sido las más convenientes”.

Otro aspecto que da razón de la derrota lo explica Schavelzon: “Lejos de horizontes de cambio, de un Partido-Movimiento que representaba a los de abajo y de una crítica a los problemas más profundos de Bolivia, la comunicación política apuntó a un votante individual, desvinculado de las luchas del pasado y que debería votar al MAS por su capacidad de gestión y sus resultados económicos de un capitalismo periférico”.

Cuando se trata de gestión, y no de política y transformación, “es fácil que el voto comience a ser fluctuante, porque quizás para muchos no sea más Evo Morales o el MAS quien mejor vaya a administrar un Estado y un modelo económico que en su esencia no fue modificado y que tiene a sus antiguos representantes ansiosos por regresar”.

Argirakis habla de lo mismo: “La premisa de que la línea de campaña por el Sí era la entrega de obras, lo que no funcionaba por la constitución política ideológica del referéndum”.

CONEXIÓN. El “hallazgo” del MAS de que la guerra sucia en redes fue determinante es desbaratado con facilidad por Schavelzon:Lo que veo es que el problema del MAS no son las campañas sucias sino el problema de conexión con lo que le dio origen (las luchas sociales por la transformación del Estado), y ése es el desafío del MAS para encontrar fuerzas de horizonte transformador, antes que de gestión”.

Un factor externo al partido de gobierno que menciona Argirakis es que hayan podido unirse bajo la misma consigna política las oposiciones. Sin embargo, ese 51,3% alcanzado se fragmenta entre el proyecto de los disidentes, del centro, de la derecha reaccionaria (“que ha vuelto a resurgir con planes de desestabilización”) e incluso los jóvenes antisistémicos que no se identifican con ninguno de estos bandos. Al contrario, el 48,6% que votó Sí es administrado únicamente por la sigla del MAS; “por tanto, no está en duda de que siga siendo la primera fuerza política del país”.

Más explicaciones. Para Komadina la derrota del MAS no se debe a las “peripecias propias de la campaña”, sino que se origina en una “estrategia fallida que es el referéndum mismo”, es decir, una estrategia de reproducción del poder. Tal vez, al no tener líderes intermedios, apunta, “al MAS no le quedaba otra opción”.

Esta “estrategia fallida” generó un “rechazo espontáneo” sobre todo de clases medias urbanas “que tienen gran capacidad de influencia en la opinión pública”.

Otro aspecto que menciona este académico es el de la corrupción como la del Fondo Indígena, o el caso de Gabriela Zapata, los cuales “atacaron el capital simbólico del Presidente, que no había sido antes interpelado nunca. Ahora la gente presume que pudo haber tráfico de influencias”.

Entonces, concluye que no hubo una “revitalización de la oposición, sino las propias trampas que el MAS se ha puesto”.

Los desafíos internos que recomienda es la democratización e institucionalización de su organización, “que es muy frágil, mal aplicada y evocéntrica. No puedes defender un proceso de cambio histórico con una organización tan débil que depende de una persona”.

Siguiendo el razonamiento de Komadina, es entonces posible decir que el MAS deberá explicar de manera más satisfactoria el caso del tráfico de influencias, pues no basta en absoluto decir que éste no existió, solo para despejar las dudas.




miércoles, 3 de febrero de 2016

Vida, obra y pensamiento del constitucionalista Pablo Dermizaky



Vida, obra y pensamiento del constitucionalista Pablo Dermizaky - La Razón



DISCURSO DEL AUTOR
PRESENTACIÓN DE REVISTA FUENTES 41

En esta oportunidad, quiero compartir con ustedes mi más reciente investigación bio-bibliográfica acerca de la vida, obra y pensamiento de quien considero uno de los más grandes constitucionalistas bolivianos de los últimos tiempos, como fue el Dr. Pablo Dermizaky, cuya inesperada partida causó un profundo pesar a muchos juristas bolivianos que aún abrigábamos la esperanza de seguir aprendiendo de sus sabias enseñanzas a través de sus escritos.

Ante esta irreparable pérdida, y reflexionando sobre la inmensidad de la obra académica (que por cierto, aún se encuentra dispersa), elaborada durante muchos años por este digno jurista boliviano, es que ahora, en mi trabajo sobre: “El pensamiento de Pablo Dermizaky y su aporte al desarrollo del constitucionalismo boliviano (Homenaje Póstumo)”, intento describir algunos de sus rasgos biográficos más importantes, realizando a su vez, una revisión bibliográfica de sus principales obras, con la finalidad de destacar tres aspectos esenciales: a) su loable labor académica de enseñanza del Derecho Constitucional, b) su indispensable contribución en la consolidación del primer Tribunal Constitucional en Bolivia; y, finalmente, c) su extraordinario aporte al desarrollo del constitucionalismo boliviano.

En ese propósito, me interesa justificar ahora, y explicar de alguna forma, el por qué fue que me concentré en escribir sobre la vida y obra de este jurista, de cuyos libros aprendí durante mi época de estudios universitarios.

Debo comenzar confesando que en una anterior oportunidad, en mi estudio sobre “La evolución del pensamiento constitucional a través de la bibliografía jurídica boliviana”, que se publicó en la Revista de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional – Fuentes 35 (Diciembre 2014), escribí lo siguiente: “En la década de los años 80’s, época de la incipiente restauración de la democracia en Bolivia, no existen mayores novedades sobre el estudio de temas constitucionales, salvo por aquellos dedicados a realizar diversos análisis sobre las elecciones y los alcances de la democracia representativa en Bolivia, a partir de su recuperación simbólica en 1982.”(Sic)

Hoy, me veo obligado a corregir ese involuntario error de apreciación, dado que aquella desafortunada afirmación, estaba basada únicamente en la bibliografía constitucional que hasta ese momento, con bastante esfuerzo había logrado reunir por mi propia cuenta, razón por la cual, no llegué a considerar que la producción bibliográfica del Dr. Pablo Dermizaky, data en realidad del año 1985, cuando publica la primera edición de su libro sobre “Derecho Administrativo”, producto de la experiencia recogida en aulas universitarias, al ritmo de las exposiciones diarias e inquietudes de sus alumnos. Y debo agregar que ello, se encuentra testimoniado en la “Bibliografía Boliviana”, cuidadosamente seleccionada y elaborada en aquella misma época por Don Werner Guttentag, en cuya Colección Jurídica, se publicaron varios de los trabajos y aportes intelectuales del Dr. Dermizaky.

Asimismo, debo aclarar que hasta hace poco, desconocía que en aquel tiempo, el profesor Pablo Dermizaky también había logrado sistematizar con bastante destreza académica, el contenido mínimo de la disciplina del Derecho Constitucional para su enseñanza a nivel universitario en Bolivia, lo cual consta en una publicación de la misma época, y que fue realizada con la profunda convicción de que: “La enseñanza del Derecho Constitucional y de los preceptos constitucionales, es una necesidad vital no sólo para los juristas y para los estudiantes de Derecho, sino para la población en general. Un pueblo que desconoce sus derechos, no puede invocarlos. La educación es, por ello, el principal instrumento de defensa que tiene el hombre común contra la arbitrariedad de los poderosos” (Palabras del autor en su Curso de “Derecho Constitucional” dividido en dos volúmenes (Derecho Constitucional. Tomos I y II. Biblioteca San Simón. Cochabamba, Bolivia: Imprenta Universitaria, 1985 y 1986, respectivamente).

“El curso está separado en dos partes –según justificaba el profesor Dermizaky en la introducción de su obra–, siguiendo la división tradicional de la asignatura en una parte teórica, doctrinal o ‘dogmática’, que se ocupa de los derechos fundamentales y de las garantías de los mismos; y de otra parte llamada ‘orgánica’ porque trata de la constitución y funcionamiento de los órganos de gobierno, así como de los regímenes especiales introducidos desde 1938 como aporte del constitucionalismo social que se abrió cauce después de la Primera Guerra Mundial.”.

Cabe anotar que la obra a que hacemos referencia, y que data de 1985, se trata de una histórica primera edición del Libro del profesor Dermizaky, quien en sus páginas preliminares expresaba su agradecimiento a la Universidad cochabambina, en cuyas aulas se formó, y donde profesaba esa materia, junto a la de Derecho Administrativo desde hace muchos años atrás; sin embargo, debo resaltar también que esta se constituye en una verdadera “rareza bibliográfica”, porque es una edición agotada, cuyo único ejemplar solamente me ha sido posible encontrar en la Biblioteca de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad Mayor de San Simón de la ciudad de Cochabamba, a donde me trasladé personalmente rastreando los vestigios de su obra.

Al presente, el Libro de Derecho Constitucional del profesor Dermizaky ha cumplido 30 años de vigencia desde su primera edición en 1985, y gracias a su amplia acogida, llegó a su décima edición actualizada (en un volumen de 600 páginas, editado por el Grupo Editorial Kipus, en el año 2011). En esta obra, el profesor Dermizaky sostenía que el Derecho Constitucional, “es una rama del Derecho Público Interno que determina (léase estudia) la organización jurídica y política del Estado, así como los derechos y deberes de los ciudadanos”; vale decir, que se trata de una ciencia fundamental a la cual confluyen y se subordinan todas las ramas del derecho público y privado. La breve definición antes descrita, justifica su sencillez en los destinatarios de la obra, que fueron precisamente los estudiantes universitarios (de primer o segundo año de carrera) que recién se introducían al estudio de la disciplina.


Esta obra de Derecho Constitucional, constituye el legado esencial e imperecedero del Profesor Dermizaky, dado que en ella plasmó todos sus conocimientos e investigaciones acerca de los orígenes del Derecho Constitucional, el Poder Constituyente, la Constitución, la Supremacía de la Constitución y el Control de Constitucionalidad en Bolivia y en la Legislación Comparada, la evolución del Estado de Derecho y su transformación en Estado Constitucional de Derecho, el Gobierno, la Democracia y sus formas de manifestación, los Derechos Fundamentales, la importancia de las Declaraciones y Convenciones Internacionales de Derechos Humanos, las garantías de los derechos fundamentales, el Habeas Corpus (actual Acción de Libertad), el Amparo Constitucional (actual Acción de Amparo), el Habeas Data (actual Acción de Protección de Privacidad), las Acciones de Cumplimiento y Popular, la Libertad de Pensamiento y Expresión, el Derecho al Trabajo y el Régimen Social, los Derechos de Reunión, Asociación y Petición, el Derecho de Propiedad y sus limitaciones constitucionales, la Educación como función social del Estado, la Libertad de Conciencia y Religión, la Inviolabilidad del Domicilio y la correspondencia privada, el Derecho de Defensa y sus garantías, la Conservación del Orden Público, el Estado de Excepción, etc., y tantos otros temas constitucionales que se hallan desarrollados exhaustivamente por el autor, en una obra caracterizada por la sencillez de su lenguaje jurídico y la claridad de sus conceptos, constituyéndose en un material de indispensable consulta para la enseñanza/aprendizaje del Derecho Constitucional en Bolivia.

Finalmente, cabe recordar que el profesor Dermizaky pregonaba constantemente la importancia de conocer la Constitución como Ley Suprema y Fundamental de nuestro país, cuando decía: “La Constitución es el silabario de la ciudadanía. En ella debe aprender el hombre las primeras letras de su naturaleza política y social; sus derechos, sus deberes, las posibilidades y limitaciones que moldean su actividad en una sociedad organizada. De ahí que la Constitución debe ser enseñada y divulgada en todas partes, en la escuela y en el hogar, en el gobierno y en la Universidad, en la empresa y en el taller, en los colegios profesionales y en el foro sindical. La Constitución es el catecismo de la nacionalidad, el breviario del honor, el oráculo de la verdad.”. (Cfr. Prólogo de Pablo Dermizaky Peredo, al libro de: Rivera S., José Antonio. Reformas a la Constitución: ¿Modernización del Estado? Cochabamba, Bolivia: Editorial Kipus, 1994).

Considero que estas sabias palabras, sólo son comparables a las escritas hace muchos años atrás por el Dr. Ciro Félix Trigo, cuando en su monumental obra sobre Derecho Constitucional Boliviano, nos enseñaba que: “Jurar (respeto y cumplimiento a) la Constitución y guardar fidelidad a sus preceptos, divulgarla y respetarla, es deber ineludible de todo ciudadano y al que no se puede ni se debe renunciar (por ningún motivo y bajo ninguna circunstancia). Su observancia nos engrandecerá y el amor que por ella sintamos nos dignificará, convirtiéndonos en fortaleza inexpugnable a la tiranía y al caos”. (Cfr. TRIGO, Ciro Félix. Derecho Constitucional Boliviano. La Paz, Bolivia: Editorial Cruz del Sur, 1952. Pág. 162. Los agregados entre paréntesis me corresponden).

En síntesis, la Constitución refleja precisamente un pacto social y político, que reúne la suma de voluntades y aspiraciones de todos(as) los(las) bolivianos, quienes hace siete años atrás hemos concurrido voluntariamente a las urnas para otorgarle plena validez y legitimidad, a fin de que se resguarden todos los derechos y libertades inherentes a nuestra naturaleza humana, como limites efectivos al ejercicio del poder político por parte de los gobernantes.

Por tanto, el referéndum constitucional que se ha programado para el próximo 21 de febrero de este año, es precisamente un llamado a la conciencia democrática de las bolivianas y los bolivianos, para reafirmar nuestro compromiso de dar fiel cumplimiento a los mandatos de la Constitución; pero sobre todo, para renovar nuestra responsabilidad de preservar la democracia, por el bien de nuestra patria.


Alan E. Vargas Lima

La Paz, 29 de enero de 2016.