lunes, 18 de mayo de 2015

BOLIVIA Y CHILE ANTE LA CORTE: Los otros actos unilaterales de Chile...








En los alegatos de la primera semana de mayo en La Haya, los abogados bolivianos mencionaron varios actos unilaterales que no figuran de manera directa o central en el documento de la Solicitud presentado en 2013. A continuación se desarrollan siete actos unilaterales de Chile que no fueron objeto de mucha atención.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz
00:07 / 17 de mayo de 2015

Los alegatos bolivianos de la anterior semana en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) sacaron a colación no pocos actos unilaterales de Chile que no figuran en la “Solicitud para instaurar procedimientos ante la Corte Internacional de Justicia”. Estos actos muestran otros compromisos adicionales de ese país que expresan su disposición a negociar con Bolivia una salida al mar o, en un caso particular (Tratado de Lima), de dejar por escrito el estado pendiente de un corredor para Bolivia en el área del territorio peruano cautivo.

Pueden identificarse seis actos de esta naturaleza realizados por Chile, más allá de los que se desarrollaron en abundancia en este suplemento y que constan en el documento de la “Solicitud”: el Tratado de Transferencia de Territorios (1895), el Acta Protocolizada de 1920, el intercambio de notas de 1950, las negociaciones de Charaña y sus correspondientes declaraciones conjuntas (1975-1978), y la Resolución de la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (1983).

Los seis momentos que ahora serán desarrollados fueron aludidos por los abogados de Bolivia durante los alegatos de la primera semana de mayo. Son: la declaración de Domingo Santa María (primero como Canciller y luego como Presidente); las nota de 1923, la respuesta de 1926 a la Propuesta Kellogg; el artículo 1 del Protocolo de Lima; la declaración del presidente Gabriel González Videla en 1948; la nota “Trucco” de 1961; y la mención chilena en el juicio de Perú contra Chile en 2012. Las  manifestaciones expresas de ese país, sin embargo, son aún más.

1. SANTA MARÍA. “No olvidemos por un instante que no podemos ahogar a Bolivia... Privada de Antofagasta y de todo el Litoral que antes poseía hasta el Loa, debemos proporcionarle por alguna parte un puerto suyo, una puerta de calle, que le permita entrar al interior sin zozobra, sin pedir venia. No podemos ni debemos matar a Bolivia”, dijo el entonces ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Domingo Santa María, el 26 de noviembre de 1879. Ya como presidente, pocos años después, reiteró ese mismo pedido también poniendo énfasis en el verbo “deber”. Si bien esta declaración estuvo resaltada por la abogada de Bolivia Chemillier-Gendreau en su intervención del viernes 8 de mayo, hay que recordar que declaraciones de este tipo fueron reiteradas a lo largo de la historia por otros presidentes chilenos y sus autoridades competentes en temas relacionados con las relaciones exteriores, como cancilleres y embajadores.

Así, no solo la declaración de Santa María (que podría dar reparos por haber sido dicha muchos años atrás), sino también las posteriores pueden ser consideradas como actos unilaterales que crean una obligación. Esto podría darse por descontado si se considera el juicio en la CIJ de Australia y Nueva Zelanda contra Francia (1974) para que éste último cese de realizar ensayos con armas nucleares en la atmósfera del archipiélago de Mururoa porque la contaminación radiactiva se iba elevando en los países demandantes al estar más o menos cerca de Mururoa.

El Ministro de Defensa francés, en el curso de una entrevista para la televisión francesa, declaró el 16 de agosto de 1974: “El Gobierno francés ha asegurado que las pruebas nucleares de 1974 serán las últimas que se desarrollen en la atmósfera”.

Esto bastó a la CIJ para fallar a favor de Australia y Nueva Zelanda, pues una autoridad competente en el tema en disputa (el ministro de Defensa de Francia) había hecho público un compromiso unilateral. Si bien se puede decir que la declaración de Santa María es del siglo XIX, Bolivia tiene numerosas declaraciones y documentos firmados por autoridades chilenas competentes que se manifestaron en el sentido de que se debía dar una salida a la costa propia a Bolivia más allá del Tratado de 1904.

2.  LAS NOTAS DE IZQUIERDO. Otro acto de Chile que fue mencionado (también por Chemillier) fue la nota de canciller chileno Luis Izquierdo en febrero de 1923. Esta autoridad escribió una nota al canciller boliviano Ricardo Jaimes Freyre en la que señaló que el Gobierno de Chile “mantiene el propósito de oír con el más elevado espíritu de conciliación y equidad, las proposiciones que quiera someterle el Gobierno boliviano para celebrar un nuevo Pacto que consulte la situación de Bolivia, sin modificar el Tratado de Paz y sin interrumpir la continuidad del territorio chileno”. Esta nota es otra prueba de que, como dijo la defensa boliviana en La Haya, el mundo no comienza y acaba con el Tratado de 1904.

“La letra del Canciller de Chile, de 23 de febrero de 1923, ¿debe dejarse de lado como sugiere la otra parte (la defensa chilena)?”, cuestionó la jurista el viernes 8 de mayo. Esto se dio poco después del juicio que intentó iniciar Bolivia en la Corte Permanente de Justicia de la Liga de las Naciones (1920). Ya existía en curso un arbitraje internacional conducido por Estados Unidos respecto de la soberanía de Arica y Tacna, territorios que aún no estaban definidos ni para el Perú ni para Chile.

3. PROPUESTA KELLOGG. El Departamento de Estado de Estados Unidos mediaba a inicios de los años 20 del siglo pasado la definición por Perú o Chile de Arica y Tacna mediante el plebiscito que debía realizarse de acuerdo con el Tratado de Ancón (1883). El arbitraje definió que no habían condiciones para realizar un plebiscito. En efecto, Chile amedrentaba a los pobladores peruanos de esos territorios para buscar desplazarlos y, además, trasladaba a chilenos para que así, en la votación, ganase su país, por lo que luego del fallo que desechaba el procedimiento democrático, los Estados Unidos presentó varias propuestas a Chile y Perú. El secretario de Estado, Frank Billings Kellogg, sin paciencia por el rechazo a sus planteamientos de división territorial, decidió presentar su última propuesta: que Perú y Chile cedan a perpetuidad en favor de Bolivia los territorios de Tacna y Arica.

Sobre este hecho de la historia, Chemillier recordó en su alegato una parte de la respuesta chilena: “En su memorando de respuesta, el ministro chileno de Asuntos Exteriores, el señor Jorge Matte, recordó que no había jamás rechazado la idea de conceder a Bolivia una banda de territorio y un puerto, sin embargo él constata que la cuestión queda pendiente hasta el presente. Así, el Tratado de 1904 no resolvió todo y la solución propuesta por el mediador dejó intactas las disposiciones del Tratado.”

Sin embargo, en los alegatos no se señaló que en el memorando de respuesta a Kellogg, párrafos más abajo, Chile dice: “En este sentido, el Gobierno de Chile accede a considerar, en principio, la proposición, dando con ello una nueva y elocuente demostración de sus propósitos de paz y cordialidad”. Es decir que Chile accedió a considerar la cesión en favor de Bolivia.

4. TRATADO DE LIMA. Tras el fracaso de la mediación estadounidense para definir los territorios de Tacna y Arica de acuerdo con lo establecido en Ancón, en 1929, Chile y Perú firmaron el Tratado de Lima. El artículo uno del protocolo complementario de este pacto siempre fue visto como negativo al derecho boliviano a un acceso soberano al mar, pues delega a un tercero (Perú) la futura posible decisión de un acceso boliviano a la costa: “Los gobiernos del Perú y de Chile no podrán, sin previo acuerdo entre ellos, ceder a una tercera potencia la totalidad o parte de los territorios que, en conformidad al Tratado de esta misma fecha, quedan bajo sus respectivas soberanías, ni podrán, sin ese requisito, construir, a través de ellos, nuevas líneas férreas internacionales”, dice dicho artículo.

De lo negativo de la llamada “llave” que tendría Perú para el acceso de Bolivia al mar, los abogados de Bolivia sacaron lo pertinente para el objeto de la demanda: se trata de una aceptación directa, unilateral, de Chile de que tiene asuntos pendientes con Bolivia.

“Ésta (el artículo 1 del Protocolo Complementario del Tratado de Lima) es una cláusula muy poco frecuente y no compromete más que a los Estados signatarios y se considera justificada por las negociaciones ya iniciadas entre Bolivia y Chile para la transferencia a Bolivia de toda o parte del territorio que en aquel entonces correspondía a Chile, es decir, que confirma la existencia de una cuestión pendiente, así como la necesidad de resolver esta cuestión fuera de los términos del Tratado de 1904”, dijo Chemillier sobre este punto.

5. GONZÁLEZ VIDELA. Antes del intercambio de notas diplomáticas entre Bolivia y Chile, desde 1946 el presidente del país vecino, Gabriel González Videla, se manifestó a favor de la cesión de una franja boliviana al Pacífico y comenzó una negociación. Este presidente quería que se vincule su nombre a una solución histórica definitiva. Las notas del 50 (que figuran en el documento de la “solicitud” boliviana) son el resultado de la favorable disposición de González desde 1946.

“Consecuente con la tradición de la Cancillería chilena, y ratificando mi profundo espíritu americanista, nunca me he negado a conversar sobre la aspiración portuaria de Bolivia. Así lo expresé en San Francisco, en nombre del Gobierno chileno, cuando fui delegado gubernamental a esa Conferencia. Al asumir el mando, en 1946 el Presidente (Enrique) Hertzog, de Bolivia, me recordó la promesa, y yo, de acuerdo con una norma nunca desmentida por la Cancillería de la República, respondí al Mandatario boliviano que estaba acorde en abrir conversaciones sobre el punto propuesto”, dijo González a la Revista Vea en 1950.

Asimismo, en su Memoria el expresidente escribe que la negociación consistía en “ceder a Bolivia, al norte de Arica, una faja de terreno de un ancho de diez kilómetros, contigua a la frontera peruana y que correría del litoral hasta el límite, para que Bolivia se pudiera comunicar con el océano Pacífico, a través de su propio territorio y pudiera construir su puerto. A cambio de ello, porque esta cesión requería una compensación, Bolivia permitiría que se aprovecharan las aguas del lago Titicaca para generar energía hidroeléctrica que pudiera ser utilizada en las provincias de Tarapacá y Antofagasta”. Lo destacable acá es la negociación, si bien lo que pedía Chile era inviable dado a que no se puede hacer uso de las aguas del Titicaca, por ser binacionales.

6. MEMORANDO TRUCCO. Otro documento mencionado en los alegatos fue el Memorando Trucco (llamado así en referencia a su signatario, el embajador chileno en La Paz Manuel Trucco). Mediante ese memorando, Chile, el 10 de julio de 1961, ratifica las notas intercambiadas en 1950 y reitera su decisión de negociar con Bolivia una salida soberana al mar.

El punto 1 de este documento dice: “Chile ha estado siempre llano, junto con resguardar la situación de derecho establecido en el Tratado de Paz de 1904, a estudiar, en gestiones directas con Bolivia, la posibilidad de satisfacer las aspiraciones de ésta y los intereses de Chile.” Otra vez, hay un reconocimiento chileno de que una solución puede ser llevada a cabo por fuera del Tratado de 1904.

7. JUICIO PERÚ-CHILE. Recientemente, Chile y Perú sostuvieron un litigio fronterizo marítimo en la CIJ. Durante las argumentaciones, fue Chile el que mencionó que en el área en disputa había un ofrecimiento de cesión en favor de Bolivia. En diciembre de 2012, en los alegatos preliminares, Chile recordó su intención de ceder a Bolivia un corredor al norte de Arica. La declaración se constituye en un reconocimiento explícito y sin contraste de ese país ante la Corte de la existencia de un tema pendiente con Bolivia.

“Trataron la delimitación marítima entre Chile y Perú, y ahí Chile se refirió de manera explícita a las negociaciones (de Charaña), en las cuales durante distintas épocas había reconocido la necesidad de cederle a Bolivia un corredor al mar”, recordó Chemillier y afirmó que la CIJ hizo una declaración en su fallo sobre la situación boliviano-chilena.

En efecto, Chemillier citó a la Corte: “En 1975, 1976, Chile inició una negociación con Bolivia sobre un proyecto de intercambio de territorios destinado a asegurarle a Bolivia un acceso al mar y un espacio marítimo adyacente”. Por esto concluyó que: “ustedes mismos, ustedes, miembros de la Corte, tomaron nota de que la cuestión del acceso soberano de Bolivia al mar permanecía como una cuestión abierta entre Bolivia y Chile”. Estos fueron algunos de los comportamientos chilenos —que también pueden ser considerados actos unilaterales— que fueron mencionados, entre otros más, durante los alegatos preliminares.

Sin embargo, hay muchos más ejemplos de la apertura de Chile a una negociación que solucione el enclaustramiento marítimo de otras autoridades de ese país que probablemente figuran en la Memoria boliviana como del presidente Aníbal Pinto (1876-1881); Jorge Montt, presidente (1891-1896); Luis Barros, ministro de Relaciones Exteriores (1894 -1895); Juan Luis Sanfuentes, presidente (1915-1920); Emilio Bello, ministro plenipotenciario en La Paz (1920); Emiliano Figueroa, presidente (1925-1927); Beltrán Mathieu, ministro de Relaciones Exteriores (1925-1926); Horacio Walker, ministro de Relaciones Exteriores (1950-1951); Jorge Alessandri, presidente (1958-964); Augusto Pinochet, presidente (1973-990); Patricio Carvajal, ministro de Relaciones Exteriores (1974-1978); y, Miguel Schweitzer, ministro de Relaciones Exteriores (1983).

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Autoridades chilenas crearon obligaciones a su Estado

 

Son varios los presidentes y ministros de Relaciones Exteriores de Chile que se manifestaron a favor de negociar una salida soberana al mar para Bolivia. Las declaraciones y documentos que firmaron, en algunos casos, fueron mencionados en los alegatos en el juicio en la Corte Internacional de Justicia.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz
00:06 / 17 de mayo de 2015

Determinadas actuaciones de los Estados, hechas por funcionarios o personeros con determinado nivel de autoridad o de representación pública y que se emiten de buena fe, comprometen los contenidos y la conducta de ese Estado. Es decir que son una suerte de garantía de que las declaraciones o promesas también pueden tener un efecto jurídico vinculante. Éste es un desarrollo que procura que los Estados sean serios cuando tienen relaciones que comprometen su disponibilidad sobre un asunto, es esa seriedad la que procura garantizar el Derecho Internacional”, señaló el agente de Bolivia en La Haya, Eduardo Rodríguez Veltzé, para definir la noción de “acto unilateral” durante la última entrevista que dio a la prensa antes de los alegatos preliminares y que fue publicada en Animal Político.

Entonces, una declaración o un documento firmado por una autoridad de un Estado sobre un tema en el que tiene competencia crea una obligación jurídica. En la Corte Internacional de Justicia (CIJ) existe jurisprudencia de casos en que ese tribunal obligó a países a cumplir sus compromisos adquiridos mediante actos unilaterales.

Para mostrar este hecho en relación con el tema marítimo, a continuación se pondrá en evidencia otros actos unilaterales llevados a cabo por diferentes autoridades chilenas con relación a su abierta disponibilidad a negociar una salida soberana al mar para Bolivia. Que se cumplan esos compromisos es el fallo que el país busca en la CIJ.

Aníbal Pinto, presidente de Chile (1876-1881), fue posiblemente la primera autoridad chilena en pronunciarse en favor de la cesión de una salida soberana al mar para Bolivia. En una carta dirigida a Eusebio Lillo (escritor chileno), el 2 de julio de 1880, manifestó: “Las bases para la paz serían por parte de Bolivia: renuncia de sus derechos en Antofagasta y Litoral hasta el Loa, y en compensación cederíamos los derechos que las armas nos han dado sobre los departamentos de Tacna y Moquegua”.

El canciller de Pinto, Domingo Santa María (luego también presidente), se pronunció en ese mismo sentido: “No olvidemos por un instante que no podemos ahogar a Bolivia… Privada de Antofagasta y de todo el Litoral que antes poseía hasta el Loa, debemos proporcionarle por alguna parte un puerto suyo, una puerta de calle. (...) No podemos ni debemos matar a Bolivia…”.

Ricardo Lagos, expresidente de Chile, dio la razón, en 2011, a Santa María, si bien hoy fue arrastrado a la posición más conservadora: “el ministro Santa María tenía razón cuando le señaló al presidente Pinto que había que resolver el tema, porque no podía haber un Estado que no tuviera acceso al Pacífico como le había sucedido a Bolivia. En consecuencia, hay que buscar una solución...” (presentación del libro “Un futuro común. Chile, Bolivia, Perú”, Libro del Mar).

Jorge Montt, presidente de Chile de 1891 a 1896, también estuvo a favor de la cesión. Fue en su gobierno que se negoció y firmó el Tratado de Transferencia de Territorios con el que se daría Tacna o Arica a Bolivia a perpetuidad. Su canciller, Luis Barros, puso su firma en ese documento.

Luego estuvieron las gestiones del presidente Juan Luis Sanfuentes (1915-1920) y su embajador plenipotenciario en La Paz, Emilio Bello. Firmaron el Acta Protocolizada de 1920, que habla de la necesidad de dar a Bolivia una salida por fuera del Tratado de 1904.

Otro caso es el del presidente Arturo Alessandri (1920-1924), quien dijo en 1923 a la prensa: “Sí, señor. En caso de que el fallo arbitral (a cargo de los Estados Unidos) que naturalmente se inspirará en la justicia y en el derecho, lo permita, es mi resolución considerar generosamente las aspiraciones de Bolivia, en la forma y en los términos clara y frecuentemente planificados…” (Periódico El Mercurio, 4 de abril de 1923).

Pasando a otro episodio, por la negociación llevada a cabo por el secretario de Estado de los Estados Unidos, Frank Kellogg, se conoce las comunicaciones del embajador estadounidense en Santiago, W. Miller Collier, con su país. Sobre el canciller Beltrán Mathieu Andrews (administración del presidente Emiliano Figueroa Larraín), Collier primero informó que “el canciller Mathieu personalmente deseaba transferir toda la provincia de Arica a Bolivia, y que necesitaría unos días para convencer al Presidente y a los Comités de Relaciones Exteriores del Senado y la Cámara de Diputados sobre la citada solución” (Estados Unidos y el Mar, Jorge Gumucio).

Asimismo, en otra comunicación, Collier respondió a Kellogg que Mathieu había sugerido que Chile podría aceptar ceder a Bolivia un corredor de cuatro kilómetros de ancho que incluiría la parte norte de la ciudad de Arica. (Gumucio)

Por último, Collier desde Santiago informó a su país su parecer sobre Mathieu: el gran obstáculo a la solución del corredor para Bolivia era en realidad Mathieu, quien sostenía que la mejor solución era entregar la totalidad de Tacna y Arica a Bolivia y persistía en esa posición. (Gumucio)

Estos últimos hechos apuntados no son ni declaración ni documentos; sin embargo, el embajador de Estados Unidos da fe de la disposición de Mathieu en sus conversaciones durante la mediación Kellogg.

Son conocidas las posiciones a favor de una salida marítima para Bolivia de Gabriel González (Presidente de Chile de 1946 a 1952) y su canciller Horacio Walker por las notas de 1950; también de Jorge Alessandri (Presidente de 1958 a1964) y su embajador en La Paz, Manuel Trucco, al ratificar en 1961 las notas del 50. Asimismo, es conocida la posición de Augusto Pinochet al firmar la declaración conjunta de Charaña en 1975. Lo mismo puede decirse de su canciller Patricio Carvajal.

Luego vino el Enfoque Fresco (1986) y la interrumpida conversación de Algarbe (2000) durante la administración de Eduardo Frei, quien luego, en 2011, dijera: “Sé que darle una salida al mar a Bolivia encuentra aún muchas resistencias en nuestro país, pero sinceramente pienso que no podemos pasarnos toda la vida discutiendo este tema” (presentación del libro “Un futuro común. Chile, Bolivia”, Libro del Mar).

Luego vino Michelle Bachelet y se inició la Agenda de los 13 puntos. El sexto es, en rigor, una negociación para dar solución al enclaustramiento marítimo. Cuando Bachelet fue sucedida por Sebastián Piñera, éste dio continuidad a la negociación, sin embargo se dilató el tratamiento del punto seis. Bolivia vio que no había intenciones de la contraparte de abordarlo por lo que se planteó la demanda ante la Corte Internacional de Justicia en La Haya.

El patrón del comportamiento de Estado de Chile, que va del siglo XIX a la década de los ochentas del XX, y que se caracteriza por la política de apertura y negociación, dista del que comienza en los 90, cuando todas las negociaciones o se interrumpen o son infructuosas.





domingo, 17 de mayo de 2015

Carlos Antonio Carrasco: Ecos de La Haya - La Razón






La Razón (Edición Impresa) / Carlos Antonio Carrasco
00:00 / 17 de mayo de 2015

La fase oral en el juicio que sigue Bolivia contra Chile en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en La Haya se ha registrado con notable rapidez en las lenguas oficiales de ese organismo, en las que los expositores recitaron sus alegatos. Esos documentos denominados “Verbatim Record” suman 220 páginas (más anexos) y comprenden las cuatro sesiones celebradas del 4 al 8 de mayo de 2015. Servirán de base a las reflexiones internas para la dictación del fallo de la Corte y reposarán en los archivos históricos de ese organismo. A continuación, se ofrece cuatro crónicas sobre aspectos llamativos de las sesiones.

Un británico que fue juez y parte

Ninguna pregunta formulada a las partes, por algún juez en la Corte Internacional de Justicia (CIJ), es totalmente cándida o inocente. Casi siempre trae consigo una carga explosiva que, dependiendo de su contestación, puede causar destrozos a veces irreparables en el desprevenido litigante. En 2012, cuando el magistrado marroquí Mohamed Bennouna (72) interrogó “si Chile o Perú considerarían de acuerdo a la Declaración de Santiago (1952) a fijar un territorio soberano de jurisdicción exclusiva”, esa simple duda le estaba otorgando, virtualmente, al Perú 22.000 kilómetros cuadrados para ampliar su frontera marina.

Mientras Sir Christopher Greenwood (62), miembro de la Corte desde 2006, lanzó el 4 de mayo su pregunta capciosa “¿en qué fecha mantiene Bolivia que se concluyó un acuerdo respecto a la negociación relativa al acceso soberano?” no pensaba satisfacer una curiosidad histórica o poner en orden su calendario de eventos. Su intención fue precisamente obtener una respuesta no de la parte boliviana, sino de dar oportunidad al contrincante chileno de refutar, como en efecto lo hizo su compatriota-litigante, cuando negó la existencia real de un acuerdo que hubiese comprometido la fe del Estado chileno en la posible cesión a Bolivia de una salida soberana al mar.

El presidente Evo Morales, justamente alarmado, confesó públicamente su estupor ante la falta de ética del inglés, por haber soslayado el hecho de haber servido profesionalmente a Chile durante su pleito con el Perú. En cambio, su colega James Crawford (Australia), más honesto, se excusó del caso, por idéntico motivo. Elemental preocupación que señala descuido de quienes deberían haber monitoreado los antecedentes de Greenwood y actuar en consecuencia, como lo hizo Perú en 2012, pues una posible  recusación gestionada por Bolivia hubiese sido enteramente pertinente.

En todo caso, asombra y asusta que antes de que Bolivia respondiese al desafío, fuese Chile que, mediante uno de sus abogados (también británico), tuviese el comedimiento de contestar aquella pregunta que no le estaba destinada. Ese entronque huele a una comedia premeditada.

En este enredo judicial, la conexión chileno-británica (o anglo-sajona) es sorprendentemente notoria. Cuatro miembros del colectivo jurídico de Chile son de ese origen que, por cierto, se alinean por su lógica legal, por la secuencia en sus procedimientos y hasta por sus empolvadas pelucas en esa escuela de pensamiento. Por añadidura, también inglés, es un monje negro que solo sale de la niebla londinense cuando es menester y de quien nos ocupamos en otra nota.

Un lord inglés al servicio de Chile

La fascinación chilena por la pérfida Albión (antiguo nombre de la isla de Gran Bretaña) es antigua y consistente. Comenzó antes de la Guerra del Pacífico, pues Inglaterra provocó ese conflicto, se enriqueció con los minerales explotados en los territorios conquistados e influyó en los hábitos y costumbres trasandinos hasta bien entrada la etapa republicana. Esa circunstancia explica la adhesión encubierta de Chile, al lado de Londres, durante la Guerra de las Malvinas, cuando sus infidencias contra la Argentina, transmitidas al Almirantazgo, posibilitó el hundimiento de barcos argentinos, con centenas de bajas en alta mar. Más tarde, en ocasión del asedio en Londres al general Augusto Pinochet, perseguido por la Justicia, la Dama de hierro, Margaret Thatcher, visitó ostensiblemente la cueva del dictador, exclamando que éste había sido un leal amigo del Imperio.

Esos escarceos románticos ahora continúan con la contratación de abogados de la corona para enfrentar a Bolivia en la CIJ, pero también con el reclutamiento de Mark Malloch Brown, que bajo el título de “consultor en comunicación” (FTI-Consulting Strategic Communication) o algo por el estilo, brinda su linaje y su libreta de direcciones al servicio de Santiago y de sus intereses. Es alquiler módico en comparación con la ejecución positiva de las tareas encomendadas a un alfil con la copiosa hoja de vida de Sir Mark, quien fue sucesivamente editor de The Economist, asesor de Sawyer Miller para el referéndum en Chile, en la campaña de Vargas Llosa (1990), en las elecciones en Bolivia (1989), y otras, antes de enrolarse en el Banco Mundial, y luego penetrar en la ONU, donde llegó a Subsecretario General, y después trepar al Ministro del Reino Unido (gobierno de Gordon Brown).

Mozo inteligente y con talento para hacer el bien y todo lo contrario (enfrentó acusaciones en el escándalo “petróleo por alimentos”). Apto en relaciones públicas, hábil en lenguas, esposo de una americana rica y amigo de George Soros. O sea, todas las cualidades reunidas para hacer un lobby discreto pero eficaz en los corrillos oficiales y oficiosos de La Haya, en Londres, que tiene en el bolsillo, en Nueva York (allí frecuentó en el PNUD a Heraldo Muñoz) y en Washington, donde usará al máximo esa ligazón umbilical con el Reino Unido, apellidada “special relationship”, que traducida al léxico diplomático quiere decir “cubrirse recíprocamente las travesuras legales y de las otras”. Este acápite es significativo, en momentos en que los vínculos americanos con La Paz no son de los mejores. Con entrada en la gran prensa de Fleet Street y más allá, no es difícil para él plantar artículos y comentarios en The Economist, Foreign Affairs y otros medios que los jueces de la CIJ leen, para alimentarlos e intoxicarlos con información y desinformación del diferendo boliviano-chileno.

En la acera del frente, Bolivia batalla con las armas que le provee su diplomacia artesanal, sin vinculaciones ni la sofisticación que el caso exige y excluyendo de su equipo jugadores de primera liga, por no vestir la casaca de moda.

El coreano misterioso

Originaria de un lado de Corea, su familia emigró a los Estados Unidos, donde hace 62 años nació Harold Hongju Koh, quien, cual sus hermanos, logró el sueño americano al dotarse de una educación universitaria. Pero como ese escalón es solo el primero para subir a la cumbre, el joven Koh, luego de vencer aquella poliomielitis que lo dejó rengo, se afilió al Partido Demócrata y se incrustó de asesor en el Departamento de Estado, de donde fue reclutado por Clinton para convertirlo en Subsecretario de Derechos Humanos. Más tarde, Obama lo nombraría su consejero en ese mismo campo, antes que el ambicioso asiático decida reciclarse como profesor en la Universidad de Yale.

Fabricante de la arquitectura legal para justificar los mortíferos aeroplanos apodados “drones”, no pudo vencer el veto con que los estudiantes de la NYU ( New York University) bloquearon su acceso a la Facultad de Derecho. Hábil decorador de interiores, el Canciller chileno aceptó prontamente la sugerencia de contratarlo como parte de su equipo legal ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ). Aparte de ser un mensaje subliminal y lambiscón a la Casa Blanca, ese rostro asiático adornaría el pelotón chileno. Así pues, en la distribución de tareas del alegato contra Bolivia, quién mejor que Koh para lanzar la velada advertencia a la Corte, cuando en su turno del 7 de mayo dice: “la demanda de Bolivia tiene amplias implicaciones para la santidad de los tratados y la capacidad de las naciones a entablar libremente discusiones diplomáticas, sin prejuicios sobre lo que ya se había acordado” (Verbatim Record 2015/20, página 39)

Su mensaje fue claro y fuerte: una amenaza casada con chantaje. Si la CIJ admitía su competencia para conocer la demanda boliviana, acudirían ante ella muchos países ansiosos de rectificar sus fronteras, comenzando por la propia Bolivia, que tenía vigentes 12 tratados suscritos con sus vecinos. Es más, dijo, si la CIJ acepta la demanda boliviana se estimulará a “re-litigar la historia del continente y sus fronteras”.Su desplante me causó estupor y, en un encuentro casual en el pórtico del Palacio de la Paz, me permití interpelarlo, para indagar el verdadero alcance de su bizarra advertencia, dada la naturaleza del pasaporte del que era portador y su apego a la eficacia de los “drones”. Su respuesta tan lacónica estuvo acompañada de su sonrisa budista: “No coments”.

Sala de prensa

Los chilenos cuando invaden, lo hacen masivamente, y La Haya no fue excepción alguna en ocasión de las audiencias orales realizadas entre el 4 y el 8 de mayo de 2015. Aparte de Telesur (antena sevillana), el evento no interesaba a otros medios que no sean chilenos o bolivianos. Los primeros estuvieron representados por diez canales y 35 periodistas de todo pelambre. Bolivia, tímidamente, por cuatro cadenas televisivas casi unipersonales y otros  cuantos corresponsales. Pero en las dos salas de prensa imperaba la integración con anécdotas, bromas e ironías —por igual— a costa de los tiesos delegados gubernamentales y de la fauna parlamentaria que a uno y a otro costado de los Andes, transita con parecido apetito de figuración y ostensible vacuidad.

CHILENOS. Inquietos por la crisis ministerial provocada por iracunda mandataria Michelle Bachelet, la frondosa delegación, que incluía además de su heraldo Canciller, al alto y desgarbado presidente del Senado, Patricio Walker, a su esmirriado y locuaz portaestandarte de la Cámara de Diputados, Marco Antonio Núñez, quien para hablar con Carlos Mesa subía incesantemente de grada en grada la escalinata del Palacio de la Paz, sin lograr sobrepasar la cintura de su interlocutor. También merodeaba los corrillos Jorge Tarud, avaro de estatura, fumador empedernido, cuya incontinencia hasta le comprometió la  lengua; ese es el parlamentario que más exuda antibolivianismo. En cambio, la diputada por Valparaíso, Andrea Molina, con sus ojos verdes esmeralda, me cautivó tanto como las olas del mar cautivo.

Entre la gente de prensa, sobresalía por su perspicacia y hondo saber de la realidad nacional, Tamara Avetikian, columnista de El Mercurio; José Luis Repenning, de la cadena Mega Tv, que me regaló con su familiaridad sobre la Guerra del Pacifico. Me explicaron, con cautela, que el problema para Bolivia no sería convencer a la costra gobernante, sino a la opinión pública chilena.

BOLIVIANOS. Una sabia decisión impuso a todos los miembros de la delegación un riguroso embargo en sus declaraciones a la prensa. Creo que su silencio fue la más grande contribución a la causa marítima. Primero, porque los doctos eran los menos y los profanos, abrumadora mayoría. Eso se comprobó en el decurso del juicio, cuando la parte contraria, en su alegato, citaba en su beneficio las imprudentes opiniones que recogió la prensa a lo largo de los años. Centralizar en el vocero Carlos Mesa la posición oficial del país fue una  atinada medida que protegió a Bolivia de improvisadas estridencias. Los medios nacionales, con sus escasas herramientas disponibles, cubrieron las noticias, al igual que sus pares chilenos, en el límite de sus posibilidades, en la fase oral, pues dependían de una desastrosa interpretación al español, repetidas veces señalada por la CIJ como “no oficial”. Un botón de muestra fue que al más articulado de los abogados bolivianos, el profesor Payan Akhavan, se lo hizo aparecer como tartamudo por la incapacidad del intérprete de seguir su fluida disertación y por no captar su fino humor.